La confusión de la belleza

Por: Anddy Landacay Hernández

Gracias a la ilustración de Giosue Cozzarelli, candidata al cetro de miss Panamá, descubrimos nada más y nada menos que “Confucio inventó la confusión”. Desde entonces se ha desatado el viejo debate sobre si la belleza es compatible con la inteligencia. Y claro, al ver su fotos, de frente, de perfil y de espaldas (sobre todo) uno podría decir con toda justicia: ¡a quien coño le importa que la señorita piense que San Martín de Porres proclamó la Independencia del Perú o que Platón era adinerado o que la Gasolina la creó Daddy Yanquee!.

 

En uno de los “Dichos de Luder” ese divertido personaje de Julio Ramon Ribeiro señala:  “-Es curioso -dice Luder- En el fondo de los ojos de las personas extremadamente bellas hay siempre un remanente de imbecibilidad.”

 

Hay que ser justos. Decir que las “personas bellas” son inevitablemente brutas es un estereotipo. Y es evidente que el incomprendido Luder recoge en la frase mencionada éste gran estereotipo universal.

 

Kelly Bundy fue uno de los iconos más populares de la rubia bella pero extremadamente idiota. ¿Quién no recuerda a la popular “calabacita” de Matrimonio con Hijos? Y claro, las constantes calabazadas que siempre terminaba jodiendo al pobre All Bundy.

 

El término “calabacita” se hace tremendamente popular en el Perú gracias a Magaly Medina, quien utiliza esta palabra para denominar a cuanta modelito aparecía en cámaras. No obstante, pocos recuerdan que no fue ella, sino un espectador de su programa, quien en el año de 1997 a través de un correo electrónico le hace notar el tremendo parecido de los conductores del programa Paparazzy: Lucero Sánchez y Bruno Pinasco con los hermanos Kelly y Bud Bundy.

 

Pero volviendo al tema en discusión creo que deberíamos partir por una definición de la belleza. Y en este caso hay que entender que la belleza se divide en dos ámbitos: por un lado la cuestión teórica, académica que es materia de la estética y por otro lado, la experiencia de la belleza que entra en el plano de la psicología.

 

Y desde la psicología debemos entender la percepción de la belleza que es enormemente variable dependiendo del tiempo y el lugar en que se ha desarrollado el elemento a apreciar.

 

Por ejemplo, en la época de Peter Paul Rubens en el siglo XVII la experiencia estética estaba orientada hacia las mujeres rollizas y corpulentas o en la época colonial el ideal de belleza en los hombres era el rostro blanco y el cuerpo delicado casi femenino o el exótico gusto de los mayas con sus cabezas aplanadas y ojos bizcos o las mujeres Padung en Tailandia que llevan en sus cuellos unos pesados aros de latón alrededor de sus cuellos.

 

Todo esto demuestra la relatividad de la experiencia estética. Lo que es muy cierto es que en occidente nuestro patrón de belleza está sumamente orientado hacia lo caucásico y este hecho  tiene sus razones en el hegemonismo cultural basado en siglos de colonización física y mental.

Y este patrón hegemónico exige mujeres blancas, altas, delgadas, de panzas planas y rostros lozanos. Es decir, el patrón europeo de la belleza que a pesar del esfuerzo de la “cultura Benetton”, sigue siendo el referente en gran parte de los habitantes del planeta.

Por este motivo, muchas mujeres latinas, que son por naturaleza carnosas y potables se matan horas de horas en el gimnasio, compran productos para adelgazar, hacen dietas rigurosas, todo, para quedar como unas princesas italianas.

 

Claro que esta obsesión por la belleza (siguiendo el patrón mencionado) no hace sino revelar que muchas veces la belleza es como una luz centellante que esconde un trasfondo de pobreza intelectual y espiritual. Las personas hoy en día somos como productos que necesitan una gran publicidad para vender y nos pasamos el día entero puliendo los mejores brillos y buscando nuestro mejor perfil para la foto en el Hi5. Es el triunfo del marketing personal sobre los corazones y las cabezas, de la marca sobre el contenido.

 

Precisamente toda esta parafernalia requiere tiempo y tiempo es lo que más nos hace falta en nuestra sociedad postmoderna y mediática. Espacios cortos que nos obligan a priorizar nuestras actividades y que puede crear la terrible paradoja de definir entre pasar 3 horas en el Gym o en el SPA o invertir ese mismo tiempo en saber qué coño pasa en el mundo, en leer un poemario de Vallejo o por lo menos para saber quien carajo fue Confucio.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s