Yo también quiero que me adopte Cipriani. Polémica sobre el aborto

Por: Anddy Landacay Hernández 

El tema del aborto anda más enredado que pelea de pulpos.  Esta semana he podido escuchar y ver cientos de opiniones sobre el tema puesto en vitrina y tal parece que todo el mundo sabe lo que dice. Y descubriendo que hasta Iván Cruz, Susy Díaz y el Chato Barraza, ilustres compatriotas y recientes analistas de Radio Capital, han emitido su posición al respecto, me animo libre de rubor a escribir este texto. 

Todo este chongo se inició luego de la presentación de la propuesta de la Comisión Especial Revisora del Código Penal del Congreso de la República para despenalizar el aborto eugenésico y el denominado “aborto sentimental” (en caso de haberse producido un embarazo por violación).Como era de esperarse esto ha despertado la reacción (casi refleja) de la Iglesia Católica y del siempre “carismático” Cardenal Juan Luis Cipriani.

Nuestro querido prelado ha señalado lo siguiente: “la Iglesia está dispuesta a hacerse cargo de los bebes no deseados (…) No aborten, nosotros nos encargaremos y veremos cómo acoger esa vida.”Esta propuesta es tan interesante que hasta me he sentido seducido por la idea de que la Iglesia Católica me acoja en su seno.

El asunto es que por mi edad sin duda alguna sería rechazado. A la Santa Madre Iglesia solo le interesan los niños. Sino pregúntenle al obispo canadiense Raymond Lahey, quien hace dos días fue hallado con mil fotografías y 33 videos de pornografía infantil en su laptop. ¿Alguien duda de su buena fe?Pero volviendo al tema del aborto, tengo que recordar que este es un asunto del que hace años me ocupé en un artículo titulado En defensa del derecho al aborto, y en vista de que en esa materia parece que andamos más atrasados que en el fútbol, me animo a opinar nuevamente. 

Hay una trampa fundamental cuando se plantea el tema. En teoría nadie está a favor del aborto. No existe el pro-abortismo como quiere hacer creer la Iglesia Católica y Rafael Rey. El aborto es una situación extrema a la que nadie quiere ni desea llegar. Mucho menos las mujeres.   

Es una situación límite como ocurre con la amputación. En teoría nadie quiere que lo mutilen, ni desea que mutilen a un ser querido.  Pero ocurren situaciones en las que se tiene que decidir por esta opción si se quiere salvar la vida de la persona.

El caso del Amauta José Carlos Mariàtegui es un ejemplo de ello. Cuando su familia, y el conservadurismo de la época, se oponían a la amputación de su pierna, su esposa, Ana Chiappe dio la aprobación definitiva.  Eso sirvió para que su pensamiento pudiera seguir produciendo unos años más. Todo esto se pudo porque existía la libertad para decidir.

Ahora que pasaría si en base a la creencia de que el cuerpo es un templo sagrado las leyes (el Estado) impidieran el derecho (tú derecho) a decidir por la pérdida de un miembro para lograr que tú vida continúe.  Sería sencillamente un absurdo. Igual de absurdo sería pensar que velar por la libertad de decidir en esta situación extrema lo convierte a uno en pro-mutilador. 

Esta es la misma situación en la cual se encuentran las mujeres en relación al tema del aborto. No es que a las mujeres que luchan por la despenalización del aborto les guste abortar como si se tratara de comprar carteras o aretes. Esta es una idea que vende la Iglesia y los que no tienen mayor argumentación. 

He revisado los argumentos de quienes se oponen al derecho de la mujer al aborto y todos recaen finalmente en las mismas falacias. Están los que muestran fotos y videos de fetos mutilados, todos debidamente musicalizados y efectistas, también los que como Luis Solari cuestionan la cifra de 400 mil abortos clandestinos anuales, como si solo se tratara de cifras electorales, están también los que apelan a conceptos fantásticos como Dios (como si todos fuéramos creyentes)  y los “cientificistas” que tratan de demostrar que la vida comienza en el momento de la fecundación del óvulo y no en su inserción en el útero, contrariamente a lo que señala la OMS.

En fin, para oponerse hay argumentos para todos los gustos, pero en definitiva ninguno justifica la restricción al derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo, puesto que las implicancias físicas y psicológicas terminan necesariamente en ellas.

El tema de fondo y que no se quiere tocar, es que la problemática del aborto tiene que ir de la mano con la reducción de la ignorancia y de la pobreza. La educación y la planificación familiar son fundamentales para que se reduzcan los índices de embarazos no deseados y por lo tanto de abortos. De la misma forma es necesario que se permita el acceso a métodos anticonceptivos gratuitos en las postas médicas sin que la Iglesia meta sus narices en el asunto.

El aborto es y debe ser una decisión única y exclusivamente de la mujer.  Si seguimos aceptando la presión de las creencias sobre las leyes, puede que un día Cipriani diga que los espermatozoides también son seres vivientes y al Estado no le quedará más remedio que penalizar la paja. En ese caso, tendríamos que usar el Estadio Nacional como centro penitenciario.

http://www.landacayhabla.tk

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