Adios al Fútbol, adios Zidane

Por: Anddy Landacay Hernández

Un imagen perdurará en el recuerdo del mundial de fútbol Alemania 2006. No será la de algún gol, ni de alguna jugada vistosa, mucho menos una atajada o un fallo arbitral. La “postal” de este mundial será la del cabezazo de Zinedine Zidane al defensa Materazzi en el minuto 110 de la final entre Francia e Italia.

Y no es un cabezazo intrascendente. Nada de eso. Creo, humildemente, que ese cabezazo de un genio del fútbol como “zizou” y su consiguiente expulsión es una excelente metáfora de la realidad del “Deporte rey” en tiempos del postmodernismo. Una realidad que nos hemos estado negando cual fanáticos adormecidos por el bombardeo publicitario: La muerte del fútbol.
No es por casualidad que hayan llegado a semifinales cuatro equipos europeos: FRANCIA, PORTUGAL, ALEMANIA E ITALIA. Los europeos representan para el fútbol la vanguardia absoluta, ningún jugador que quiera “crecer” en este deporte puede negar el profundo deseo de llegar al viejo continente.

En Europa, sobre todo en la última década, el fútbol se ha convertido más que en un deporte, en una ciencia. Recuerden ustedes al arquero Alemán Lehmann en la definición por penales frente a Argentina con el famoso “papelito” que le habían dado y que tenía una estadística que indicaba hacia donde habían ido en promedio los penales pateados por los argentinos. Ni que decir de los estudios realizados en cuanto potencia en los disparos, velocidad física, alimentación, etc, etc. La improvisación en este tipo de fútbol no existe.

Las estrategias, las tácticas, van ganando cada vez más peso en el deporte. El ideal del fútbol de estos tiempos es que el equipo funcione como una máquina. Es decir que cometa la mínima cantidad de errores y haga bien lo que tenga que hacer. De esta forma los jugadores se convierten en mera piezas de una gran engranaje colectivo. El jugador cumple una función específica y si se sale del papel corre el peligro de poner en riesgo la disciplina táctica esbozada por el DT. y por lo tanto es candidato fuerte a irse a la banca. ¿No se han preguntado por qué las noticias de “broncas” entre jugadores “brillantes” y entrenadores se han acrecentado últimamente?. He aquí la respuesta.

Pocos son los jugadores que dejan jugar libremente a sus jugadores. El concepto de equipo, es decir de ente colectivo ha primado sobre la habilidad individual. No es que no quieran aparecer nuevos astros universales, lo que pasa es que no pueden aparecer si desde su formación se inhibe al futbolista. El sistema del fútbol moderno lo impide. Y no hay forma dar marcha atrás.
Las épocas de los Garrincha, de los Zico, de los Maradona, de los Platini, de los Cruyff, de los Eusebio, han muerto. Con la partida de Zidane se cierra el telón de los grandes 10.

Entonces ocurre en el fútbol, lo mismo que Viviane Forrester decía del trabajo en su libro L’ HORREUR ÉCONOMIQUE: “Vivimos una nueva era, pero no logramos visualizarla. No reconocemos, ni siquiera advertimos que la era anterior terminó. Por consiguiente, no podemos elaborar el duelo por ella, pero dedicamos nuestros días a momificarla. A demostrar que está presente y activa, a la vez que respetamos los ritos de una dinámica ausente.

¿A qué se debe esta proyección de mundo virtual, de una sociedad sonámbula devastada por problemas ficticios..cuando el único problema verdadero es que aquellos ya no lo son sino que se han convertido en la norma de esta época a la vez inaugural y crepuscular que no reconocemos?”
Y“los ritos de la dinámica ausente” los representa la FIFA. La sagrada institución de esta religión llamada fútbol. La FIFA que al darse cuenta de esta realidad ha hecho esfuerzos desesperados por revivir el “fútbol ofensivo”. Recuerden como ha ido dando políticas para favorecer un sistema que de más espectáculo y genere más goles. Y la lógica dice que solo se desea aquello que no se tiene. Este es el más claro reconocimiento de lo que ha ocurrido.

El arquero ya no puede tomar el balón con las manos cuando un defensa le pasa la pelota con los pies. El tiempo que puede retener un balón luego de “colgarse” de él es más limitado. La política de la “duda favorece al ataque”, incluso hoy se sigue hablando de la necesidad de hacer el arco más grande o de jugar con 10 jugadores en vez de once. En suma es claro el intento desesperado de hacer un fútbol más ofensivo en un sistema que favorece la mezquindad y la ausencia de goles.

El caso más revelador es el de la pelota. Aquella inquieta protagonista de los dramas y la alegrías de casi todo el planeta. La primera pelota oficial tenía 18 paños (esa tan feita que vemos en videos en blanco y negro). En 1970 se da un cambio radical y Adidas fabrica la pelota de 32 paños poligonales de cuero plena flor con costuras impermeables y que bautizaron como TELSTAR. De ahí en adelante siguieron las estilizaciones : En 1974 se le recubrió con poliuretano, en 1978 se le empieza a cambiar el diseño, en España 82 sigue la “TANGO”. EN 1986 se fabrica la primera pelota totalmente sintética, la que MARADONA “ultrajó” con la mano de Dios. En el 90 aparece la ETRUSCO UNICO, y a partir de EEUU 94 empiezan los cambios más revolucionarios, empiezan con la CUESTRA en el mismo mundial, la TRICOLORE en Francia 98 hecho con microceldas de gas muy comprimido y la FEDERNOVA en el de JAPÓN COREA 2002.

Y en este mundial apareció la TEAMGEIST que ¡oh..sorpresa…!!! ¡volvió a los 18 paños!!!!!. Si se dan cuenta, todos esos cambios no han sido por pura moda, ni para que se vea más bonita. La intención de la FIFA es hacer un fútbol más rápido, pero sobre todo con mayor cantidad de goles. Muchos arqueros de este mundial se han quejado de la “nueva pelota” y han dicho, con razón, que cada vez más se busca dejar sin muchas posibilidades al arquero.

Dentro de pronto la FIFA va a sugerir que el arquero solo tape con una mano y que los partidos se jueguen con las minipelotas mundialistas de Coca-Cola. Es para volverse loco.

El asunto es claro. Este ha sido un mundial mezquino. Donde la tendencia a la muerte de la esencia del fútbol solo se ha confirmado. Por más esfuerzo que haga la FIFA por hacer un fútbol que recuerde más a los nostálgicos tiempos de PELE y MARADONA, solo hemos asistido a la confirmación del triunfo de las defensas sobre los ataques. De la especulación sobre el espectáculo, del afán resultadista sobre las expectativas de millones de hinchas.

No hay que engañarnos más. El “jogo bonito” se ha quedado en los comerciales; el fútbol es un negocio muy lucrativo y por lo tanto hay que vender. Los partidos no solo son enfrentamientos entre naciones sino entre marcas deportivas: Nike, Adidas, Puma, solo por mencionar algunas.

A Ronaldinho lo vimos esquivando rivales y haciendo goles para vender cervezas, galletas y desodorantes pero en el mundial estuvo más escondido que el tesoro de los Incas. Nos siguen vendiendo publicidad. El fútbol que nos gusta a todos no volverá jamás. Particularmente me he quedado dormido en varios partidos del mundial y otros los abandoné porque me parecieron una pérdida de tiempo. El cabezazo de Zidane representa la triste despedida también, del espectáculo, del “jogo bonito”, de la “magia” que solo aparecerá ocasionalmente para hacernos creer a los “devotos del fútbol” que no ha muerto.

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