Ese Titanic llamado matrimonio

Por: Anddy Landacay Hernández

-¿Crees que la gente debe permanecer junta toda la vida?
-Quizás no….Quizás sea una estupidez que nos inculcó nuestra civilizada familia.
-¿Si pudieras escoger te marcharías?
-A veces me pregunto si en mi vida podría haber otra alternativa más feliz….

Este diálogo se da en una de las escenas de la película alemana llamada En un lugar de África, y ocurre entre dos esposos judíos que se habían refugiado en ese inhóspito continente y llamó poderosamente mi atención porque este suele ser un cuestionamiento común y válido en nuestro tiempo.

La frecuencia de los divorcios o de los matrimonios endebles sostenidos en muchos casos sólo por la terquedad y los hijos, es un indicador dramático de que algo ocurrió en los últimos años con esa institución que nació para ser la unión monolítica y eterna.

El matrimonio es definido en occidente como la base de la unidad familiar. Es según los conceptos sociológicos como “la unidad más integrada, la que mejor logra perpetuarse y la que se auto-protege mejor.” Se dice también que es necesaria para la sociedad; tanto desde el punto de vista económico como el de cualquier otro. Los defensores de la institución afirman que la cultura se desintegraría si su piedra angular, la familia, dejara de tener validez como tal y sobre todo que “aquel que destruye el matrimonio destruye la civilización.”

Este concepto ha sido defendido durante años y ha tenido tanta importancia que podríamos compararla con la misma expectativa que creó el Titanic. El matrimonio al igual que la inmensa nave estaba diseñada y construida para realizar grandes proezas y era impensable que pudiera pasarle algo grave. Hecho de una coraza infranqueable llegó a decirse con soberbia : “ni Dios podrá hundir al Titanic”.

El matrimonio ha seguido el mismo rumbo. Institución portentosa y monolítica fue convertida incluso en un sacramento por los cristianos y a la unión terrena se le dio la intervención divina, lo que hacía casi imposible que pudiera concebirse si quiera la idea de una separación a no ser que la muerte se interpusiera en el camino.

Pero algo ocurrió en el mundo. El Titanic empezó a hundirse y al igual que en el matrimonio muchos no se daban cuenta de que el agua empezaba a filtrarse por los cimientos. Los músicos han seguido tocando sus marchas nupciales, mientras por debajo la gente se ahogaba y el barco se partía en dos. El matrimonio hace agua por todos lados, el propio peso otorgado hace que se hunda más rápido y a la gente no le queda más remedio que seguir la lógica de la supervivencia: salir del barco.

Hay muchas razones que contribuyeron a su inestabilidad. Una de ellas es el tiempo excesivo que se le atribuyó a la unión. La frase “hasta que la muerte los separe” ya no es visto con buenos ojos. Incluso alguna vez escuché a Facundo Cabral decir en uno de sus conciertos lo siguiente :“la diferencia entre una hechicera y una bruja son veinte años de matrimonio…”. Es decir, la perdurabilidad de la unión es cuestionada por la pareja.

Esto ya fue visto por Friedrich Nietzsche, quien en el libro Así hablaba Zaratustra puso en boca de su personaje estas palabras:

“Tened mucho cuidado de que vuestro enlace matrimonial no sea un mala trabazón. Lo habéis soldado con tanta rapidez que de ahí se sigue su propio rompimiento. Y más vale romper un matrimonio que querer mantenerlo con ficciones y engaños. Siempre he visto que quienes se han casado mal estaban sedientos de las peores venganzas: y es que tratan de hacer pagar a todo el mundo el que ellos no puedan andar por separado. Por eso yo quiero que quienes sean honrados se digan entre sí: “nosotros nos queremos, veamos si podemos continuar amándonos. ¿O será una equivocación nuestra promesa?. Dadnos un plazo, un matrimonio breve, para ver si podemos mantener nuestra unión durante mucho tiempo.¡Es una cosa tan grande eso de que dos permanezcan unidos para siempre!”

Antes se creía en el amor único y eterno pero la sociedad ha dado un giro radical : ahora las relaciones amorosas son sucesivas, cambiantes y a un noviazgo sucede otro, un enamorado tiene un tiempo limitado y se exige cierta variabilidad que no se pedía antes.

El amor no era un requisito para la formación de parejas de larga duración y en muchos casos se veía como un obstáculo. La idea de juntar el amor y el matrimonio es relativamente moderna y es evidente que para muchos esa nueva propuesta se ha convertido en una barrera insuperable.

Lo que es evidente en esta discusión es que es el paradigma del amor eterno ha muerto, el matrimonio para toda la vida y hasta que la muerte los separe se ha hecho añicos y uno de los factores que produjo esta ruptura es que la vida ahora es mucho más larga que antes y las expectativas no son las mismas de hace 50 años.

Se ha instaurado un nuevo discurso social que mucha gente ha entendido: Ninguna pareja debe continuar por debajo de ciertos estándares. Nadie esta obligado a vivir en la infelicidad y esto mucha gente lo va entendiendo. Esta nueva forma de razonar da como consecuencia que haya un recomposición total de la institución y ahora se puede apreciar como las parejas forman matrimonios en donde cada miembro aporta sus propios hijos, tal como se refleja en conocidas series de la TV norteamericana

Sin embargo es el anhelo del alma gemela lo que impulsa a buscar una pareja que sintonice con nuestras necesidades, la esperanza del amor ideal se niega a desaparecer aunque la realidad se encargue una y otra vez de desmentirla.

Entonces el ser humano se aferra al matrimonio por su inconsciente deseo de la vuelta al vientre materno, aquella que en el psicoanálisis se denomina como “la nostalgia del paraíso perdido”, ese anhelo de la relación perfecta que teníamos con nuestras madres y que era exclusiva y excluyente.

Pero ahora nos damos cuenta de que una sola persona no puede satisfacer todas nuestras necesidades. El problema es que mucha gente que se casa “enamorada” pensando que ha encontrado a su media naranja y que esta puede satisfacer todas sus expectativas, entonces crea una ilusión que se termina cuando la pasión inicial del matrimonio decae y empieza a ver los defectos de la pareja.

Lo cierto es que son pocas las personas que tienen condiciones para la convivencia y muchísimos menos los que hacen que esta convivencia dure un tiempo considerable. La posibilidad de éxito está en relación con la tolerancia de una persona con respecto a los demás.

Hay personas que optan por vivir solas porque sencillamente se dan cuenta de que no tienen condiciones para convivir con nadie y son concientes de que es algo perverso forzar a otras personas o peor aún forzarse a sí mismo a algo que puede convertirse en un verdadero infierno.

Para cualquiera es difícil convivir, sin embargo, la posibilidad de lograr convivencias exitosas sólo podría darse cuando se respetan ciertas reglas de espacios propios, cuando se evita la saturación , cuando se alcanza a comprender que la otra persona necesita a veces estar a solas, cuando se interpretan adecuadamente los códigos no verbales y sobre todo mantener el respeto hacia la integridad y las necesidades del otro, lógicamente esto sólo se logra cuando la pareja está sana y sobre todo cuando ha alcanzado la madurez necesaria. Lamentablemente nuestra realidad nos dice que la mayoría de las personas no se aproxima si quiera a este ideal y lo que abunda es la banalidad, la procacidad, la estupidez contagiante y las neurosis.

A propósito de esto, Jorge Bruce lo explica desde el psicoanálisis: “hasta los siglos XVII y XVIII las parejas de todos los estratos sociales eran escogidas por los familiares. Recién hace 50 años las parejas empezaron a elegir por sí mismas y si antes escogían las familias ahora las que escogen son las neurosis. Entonces se pueden apreciar uniones de las más extrañas: maniacos con adictos, depresivos con dependientes, sádicos con masoquistas, etc. Se escoge con un porcentaje mínimo de conciencia y esto produce que en muchos casos no se escoja a aquella persona que saque lo mejor de uno sino a alguien que simplemente “enganche””.

Para el Dr. Marco Aurelio Denegri el problema es más complicado aún porque la mayoría de los seres humanos somos incapaces de escoger correctamente:

“La característica principal de la elección de pareja en la especie humana es el error. La etología ha estudiado muy bien este fenómeno, el ser humano es incapaz de aprender con respecto a los demás y con respecto a sí mismo. Esto hace que sea muy difícil acertar en la elección. Además, la gente busca en la pareja: inteligencia, estatus, belleza, y veinte cosas más que pueden tener su importancia, pero lo primero que uno debe buscar es que la persona que escojamos debe estar relativamente sana.”

La gente no está preparada para saber con quien va a estar mejor. Este el principal problema. En la sociedad actual las personas están muy enfermas, cada vez es más difícil encontrar gente que esté sana. ¿Y como nos damos cuenta de que la persona esta sana?. El mismo Doctor Denegri responde: “viendo si la facturación es razonable, si la inversión es buena , entonces la facturación será razonable, pero si no es así, entonces empezarán las peleas inútiles, las discusiones trilladas, las lágrimas, los callejones sin salidas y las estupideces de siempre.”

Lo fundamental en este debate, al margen de las creencias y los mitos sobre el matrimonio es que las parejas no deben seguir existiendo más allá de ciertos parámetros y afortunadamente eso es algo que ha cambiado, antes no se consideraba esa posibilidad: Ahora ya se sabe que la unión no se debe aceptar en cualquier condición, de hecho en el Perú se da el caso de que muchas parejas se rompen porque a menudo el marido es intolerable por alcohólico, abusivo, prepotente, etc..

El sentimiento de posesividad en la pareja es otro de los estereotipos que han sido afectados, el nuevo pensamiento hace que uno se de cuenta de que el ser humano no pertenece a nadie, más que a sí mismo. El sentimiento de libertad a imperado sobre todo en la mujer, que ya sabe que solo debe existir una imposición en la pareja : el respeto a los derechos de la otra persona.

Otro factor es que las mujeres han cambiado mucho y eso ha dinamitado la estructura de la institución matrimonial. La mujer ahora exige, hace escuchar su voz, tiene otras perspectivas. La liberación de la mujer ha sido otro eje fundamental para el hundimiento de este Titanic. Las mujeres han conseguido su derecho al bienestar individual, que implica entre otras cosas su derecho a gozar , a buscar su satisfacción. Esto produce un cambio dramático porque cuando la gente sometida socialmente se revela y cuestiona los roles establecidos durante mucho tiempo, los cimientos del matrimonio se ven erosionados. El hombre ve que la mujer ya no se somete tan fácilmente y esto le crea una impotencia en todos los sentidos. La mujer ha ido ganando terreno en las cosas que antes “sólo eran de hombres” y con eso se produce el fenómeno de la “despolarización sexual” y cada vez se tiende hacia los intermedios, esto también ha contribuido a que el conflicto entre el varón y la mujer se acreciente porque el varón siente que la mujer le va robando el terreno que hasta hace algunos unos años era de sus dominios.

Por ejemplo ahora no se toleran las cosas que los pobres cónyuges soportaban antes. Las costumbre de uno y de otro pueden ser una bomba de tiempo. Esos pequeños detalles que parecer no tener importancia cuando la pareja aún está “muy enamorada” no se ven o se dejan pasar por alto, pero que con el transcurrir del tiempo empiezan a tomar tanta importancia que se convierten en un verdadero martirio para el otro. En el cuarto matrimonial por ejemplo: los ronquidos, las flatulencias, la costumbre de fumar o comer en la cama, cuando uno quiere ver TV y el otro prefiere dormir, etc

La importancia que se atribuía al famoso “que dirán” a la hora de decidir separarse también está en retirada. A las parejas jóvenes de hoy le importa menos lo que opine la vieja chismosa de la esquina. Antes el matrimonio era para siempre y las pocas parejas que se divorciaban eran estigmatizadas socialmente; estaban en la categoría de réprobos y era muy difícil que se volvieran a casar. Ahora se puede decir que a muchos “les llega” lo que puedan opinar los vecinos.

Lo resaltable en todo asunto es que ninguna pareja debe existir en condiciones inaceptables. Si el amor no es convergente y nos damos cuenta de que nuestras posibilidades para llegar a ese ideal de unión es nulo, lo más razonable es que se opte por ese incomprendido refugio que es la soledad y evitar de esta forma dañar a otros y sobre todo dañarnos a nosotros mismos. Lógicamente el precio de la soledad suele ser muy alto y muchas personas prefieren hundirse en el Titanic del matrimonio antes que nadar libremente en aguas inhóspitas, sin luz, sin romanticismo y sin sus aplicados músicos….

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