La muda

Por Anddy Landacay Hernández

En sus ojos había una extraña nostalgia. Eso no impedía verla siempre luciendo sus caderas anchas y sus piernas siempre circundadas por una falda negra y sus pies adornados con sus zapatitos negros.
• mira, allá va la muda, dicen que… – se escuchaba maliciosamente cada vez que pasaba por la cuadra del Beto. Su femenina figura despertaba siempre el morbo de la pandilla, no se sabía nada de ella, sólo que era muda y tenía un buen cuerpo. No les importaba nada más.

Chalo y su pandilla siempre la observaban con deseo, sus gestos obscenos cada vez que pasaba la muda eran parte de un juego que ya no llamaba la atención de nadie y que hacían suponer que a la chica le gustaba porque a pesar de ser continua esta ceremonia, nunca dejaba de cruzar esa cuadra.

• Allí esta, alli está hay que llamarla.

• Ustedes son pura boca nomás, tira de pajeros, aguantados de mierda. Si quieren yo les presto mi casa para que hagan algo..si quieren -. les decía el Tío Beto.

Chalo ya estaba harto de las burlas hacia él y su pandilla. Entonces decidió aceptar la propuesta del Tío Beto.

Eran las ocho y media de la noche, las luces de la calle apenas alumbraban la casa del Tío Beto. La pandilla estaba dentro de la casa. Chalo en la esquina, mirando impaciente su reloj.

Carajo, ya es tarde y esa muda de mierda no pasa- repetía.

Transcurrían los minutos y Chalo ya lucía visiblemente exasperado …- Otra vez las burlas, las carcajadas..no..no!-

Estaba a punto de darse la vuelta cuando repentinamente vio una silueta contorneándose bajo la luz de un poste. En ese instante sintió un miedo espantoso.

Ahora que hago, ahora que hago – pensaba. El valor le llegó de golpe, tomo aira y acercándose con gran determinación hacia ella, le tomó de la mano y le dijo:

– vamos mudita, vamos a dar un paseo-

La muda no se asustó en ningún momento y al contrario, le sonrió como si hubiera recibido un halago..

• Era verdad, era verdad es una perraza- pensó Chalo. – Ahora si vamos a tirar-

El la tomó por la cintura como si fuera su pareja y ella no hizo el menor esfuerzo para evitarlo. Caminaron así hasta la puerta de la casa cuando de pronto las dudas comenzaron a abordarlo nuevamente…

Qué estoy haciendo, qué estoy haciendo y si nos acusan, y sí….

Chalo, que pasa carajo ya trajiste a la muda – Se escuchó desde adentro-

Ya no hay remedio –pensó- y luego la metió a la casa.

En el interior estaban los diez adolescentes, todos exploraban con sus miradas libidinosas las piernas desnudas de la muda. La deseaban. La observaban con lujuria. Eran como animales guiados por el instinto. El ambiente era raro, extraño, pero eso tampoco importaba, era el lugar, era el momento.

Ella miraba las paredes de la casa como si no le importara estar rodeada por toda la manchita. Todos murmuraban, se golpeaban con los codos hasta que el más avezado formuló la trascendental pregunta:

¿Y quién es el primero?

Todos se miraban las caras sin decir nada, pareciera que se habían contagiado del excitante silencio de la muda.

¡Qué pasa carajo, ahora todos se chuparon!! Entonces voy yo y a la mierda!- Se le escuchó decir a Chalo con una valentía inusitada.

El la tomó del brazo nuevamente y la llevó a un pequeño cuarto. En ese momento sintió como sus cabeza explotaba en una sensación irracional e incontrolable. Se acordó de las burlas, de su timidez, de sus miedos. Allí empezó todo. La empujó violentamente sobre la cama y empezó a golpearla sin motivo alguno, ella suplicaba entre sus incomprensibles gemidos….

Perra, perra!, decía su voz enervada. Ya totalmente sometida sólo lloraba, mientras Chalo le arrancaba la ropa y la tocaba por todas partes. – Te gusta, yo sé que te gusta maldita, – seguía con esa voz desconocida.

Cuando la muda quedó completamente desnuda e indefensa él se abalanzó sobre ella como una fiera. Los ruidos eran aterradores. Por debajo de la puerta los demás miraban y se reían. Subían el volumen de la radio para que los ruidos no se escuchen en la calle.

– Chucha, grita como mierda para ser muda – decían y se carcajeaban.

En el cuarto Chalo continuaba su rito de crueldad. La sangre lo impulsaba a seguir en su acción sádica. Luego de una hora, la puerta se abrió y miraron a Chalo como si fuera otro. Detrás el cuerpo desnudo de la muda. Tendida como si estuviera muerta. El ruido se convirtió en silencio. Carlitos, el más avispa de la mancha no perdió tiempo y entró rápidamente , después la entraban uno por uno y hasta de dos en dos. En la casa se respiraba ese raro ambiente de la lujuria, esa rara mezcla de la hierba, el alcohol y el sexo. Las travesuras habían quedado de lado, cruzaron el límite, dejaron atrás la adolescencia y en su mente pensaban que ya eran hombres. Un mes después se enterarían que aquella muda se llamaba María y que cuando el médico legista le hizo varias pruebas descubrieron que tenía SIDA.

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