Requiem al fútbol peruano

Por Anddy Landacay Hernández

Tengo que ser absolutamente sincero: El último partido de la selección peruana de Fútbol de mi país que observé con expectativa fue el Perú – Chile de las Eliminatorias Sudamericanas en 1997. Toda la parafernalia que se armó en la previa era absolutamente descomunal. Por entonces, a mis 17 años, me sumaba a la vorágine de de la fiebre futbolística que ponía cualquier otro tema en un segundo plano. No importaban las denuncias de corrupción contra Fujimori y montesinos, ni la recesión económica, la consiga era una: háblame de fútbol, o cállate.

La selección de oblitas solo necesitaba “un puntito” para hacer maletas y viajar a Francia a la competición mundial. La prensa, como siempre, pariendo titulares unos más triunfalistas que otros. Y el hincha, en un acto casi masturbatorio corría tempranito al quiosco a comprar su “bocón”, “líbero” o “todo sport” para ver cual sería el equipo titular que “rompería” al equipo chileno.

Los chamanes por su lado, aparecían en todos los canales de TV ufanándose de haber “clavado” a Iván Zamorano, el mejor delantero de Chile y estrella del Inter de Milán para que no jugara ante el “combinado patrio” (tremenda huachafada utilizada por los narradores deportivos). De esta forma, entre humo, huevos y ruda en abundancia todos predecían un categórico triunfo de Perú en Santiago de Chile.

En las calles el panorama no era diferente. En varias plazas habían instalado pantallas gigantes, lo mismo en las discotecas y bares VIP, no importaba a donde miraras: cantinas, restaurantes, tiendas, pollerías, hasta en las veredas los mas “pilas” habían sacado sus televisores a la calle para disfrutar la anhelada clasificación que era esquiva desde España 82.

Lo que pasó después es tan conocido como la Guerra del Pacífico. Sin Zamorano, pero con Salas jugando por dos, Chile nos goleó sin misericordia 4-0 y se llevó nuestro pasaje a Francia. Con esta derrota se completaban cuatro eliminatorias de fracaso en fracaso, es decir a desempacar las maletas y a volver a buscar explicaciones interminables.

Han pasado 10 años desde ese partido y bien todo lo dicho anteriormente se podría repetir para narrar lo que ocurre con la selección peruana de Fútbol en la actualidad. Se fue Nicolás Delfino, dejando a su hijo PUTATIVO Manuel Burga asegurando una continuidad a prueba de auditorias. La dinastía del fracaso se instauró en la Federación Peruana de Fútbol y se instauró para no salir.

Y así vemos como Venezuela, en relación inversamente proporcional a nuestro fútbol, crece vertiginosamente, mientras aquí seguimos anquilosados con los “chorris”, los “solanos”, los “mendozas”, etc. Es curioso que el técnico Chemo del solar haya jugado alguna vez al lado de más de la mitad de su equipo. Eso puede significar dos cosas: O Chemo es el técnico más precoz del fútbol mundial o nuestro fútbol sencillamente no se ha renovado.

Las causa del nuestro desastre futbolístico son muchas. No es mi intención hacer un análisis detallado de por qué Chemo no hace jugar a Farfán en la posición en la que juega en el PSV o porque insiste en hacer jugar a un Pizarro inoperativo, o porque convoca a Jugadores como Machito Gómez o Bazalar que están más para el retiro. Eso se lo dejo para los comentaristas deportivos que tienen que hablar de eso para mantener a sus familias.

Por ultimo, el fútbol es un negocio del cual se vive, y muy bien, sino pregúntenle a Paolo Guerrero y su auto que cuesta lo que costaría reconstruir Chincha o Pisco o a todas las empresas que se hacen millonarios cuando la pelota infla la red.

Lo que molesta es la actitud del peruano promedio frente al fútbol. Así como Marx cuestionaba a la religión porque, según su entender, regresaba al hombre a su primera infancia, de la misma forma el racionalismo del peruano parece desaparecer con todo el Merchandising de los mercachifles del fútbol.

No puedo entender como después de casi 30 años de comprobación de que nuestro fútbol es más “malo que los pegan a la abuelita”, año a año, ya sea en copa América o en eliminatorias, haya gente que siga pensando que nuestro fútbol peruano tiene alguna solución a corto o mediano plazo.

Me resulta inexplicable que la gente siga gastando su plata en comprar una entrada con el dinero que bien pudiera servir para ayudar a implementar alguna biblioteca comunal de Huancavelica por ejemplo. Me destruye la cabeza que la gente siga alimentándose de esos clichés que solo buscan vender como: “el equipo de todos”, “la selección de todos” y “nuestra bicolor” y toda esa sarta de cojudezas chauvinistas.

Momentito señor, decir “mi selección” es una falacia bien grande. Y allí esta la trampita, la alusión y exacerbamiento del falso nacionalismo para llenarle los bolsillos a una tira de dirigentes y futbolistas FRACASADOS. Nadie me va a obligar a hinchar por una tira de mediocres que no representan a nadie.

Ponerse la camiseta de la selección de fútbol no los convierte en héroes por arte de magia y en representante de todos los peruanos. Esa es la farsa más grande que nos venden los medios de comunicación para vender sus programas o periódicos.

Yo no me siento representado ni por el “chorri”, ni por Pizarro, ni por solano, ni por Guerrero, ni por los jugadores que aparecen vendiendo celulares o zapatillas. Yo me siento, y como todo peruano podría, orgulloso de Vallejo, de Mariátegui, de Sánchez Carrión, de Basadre, de Raúl García Zárate, es decir, de gente que verdaderamente ha aportado por la mejora de nuestro país. No me vendan el cuento patriotero de que no apoyar a la selección de fútbol nos va a hacer menos peruanos, por favor, hay que darnos cuenta de la realidad en que vivimos y urgentemente.

No podemos seguir dejando que se invierta tanto en el fútbol, en un país con tanto grado de marginación, hambre y pobreza es sencillamente un insulto. No podemos seguir siendo la comparsa de dirigentes mediocres y corruptos. Yo no quiero ser cómplice de esta gran estafa, y por eso, desde el año 1997, como una forma de protesta solitaria, siempre apuesto en contra de la selección de fútbol, porque apostar por este fútbol, es seguir apoyando a Burga y compañía, es seguir regalando tu dinero para que los jugadores lo inviertan en mujeres o en bares, es seguir creyendo que los chanchos vuelan y que Susy Díaz es virgen.

Aunque suene duro, lo único posible que se debe hacer con el fútbol peruano es clausurarlo urgentemente tanto a nivel de clubes como de la selección. Por ende, con FIFA o sin FIFA, debe salir de toda competencia internacional y hacer una completa reestructuración que dure lo que tenga que durar y que vuele a quien tenga de volar. Porque a estas alturas, así como jugamos, no clasificamos ni al mundial de fútbol gay.

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