Sobre nuestro curioso “nacionalismo peruano”

Por: Anddy Landacay Hernández

Siempre he tomado bajo sospecha la reacción de mis compatriotas cada vez que Chile aparece como amenazador del PATRIMONIO NACIONAL en sus diferentes aspectos. Empezamos con la “guerra” del PISCO. Luego fue el video mostrado en los vuelos de LAN CHILE, después la pretensión portuaria mapuche mediante el lobby con un primer ministro con doble nacionalidad, le siguió la “invasión” de los productos chilenos en “nuestro mercado” y ahora se le ha sumado el boom de los SUSPIROS LIMEÑOS y la pretensión de los vecinos del sur por patentarlos y claro el diferendo marítimo en la Haya, el desfile de los tanques en la frontera, etecé. Todos estos hechos han ampliado el espectro de “indignados” reclamos que harían suponer a cualquier extranjero que en el PERÚ somos “RECONTRA NACIONALISTAS”.

Curioso y hasta esquizofrénico “nacionalismo” el nuestro: sólo aparece cuando CHILE pretende “apropiarse” de algún elemento de nuestras tierras o cuando el combinado patrio se enfrenta a su equipo de fútbol. El resto del tiempo, es decir, casi siempre, los peruanos odiamos, despreciamos o lo que es peor ignoramos lo “NUESTRO” o lo que “debiera serlo”.

A estas alturas pareciera que el resentimiento hacia lo foráneo es el único pilar de nuestro “nacionalismo”. Si no hubiera rencores con Ecuador y con CHILE ¿a qué se reduciría nuestro sentimiento nacionalista?. Sencillamente no existiría.

Tenemos que entender algunos conceptos. Los peruanos tenemos una PATRIA: Es decir la tierra en la que nacimos y donde crecimos, trabajamos etc. Pero otra cosa es NACIÓN: que se fundamenta en el grupo de personas que tienen una historia en común y que comparten una misma cultura y se identifican con ella hasta formar una conciencia nacional.

Es obvio que los peruanos carecemos de esto último porque “nuestra unión” es sólo mediática y alharaquienta. Este es un gran ejemplo: Defendemos la denominación del Pisco, nos rasgamos las vestiduras en su intento, incluso declaramos el día del PISCO SOUR. Sin embargo, en los tonos, chupetas y demás reuniones sociales a la hora de la sed que ocurre: las voces dicen: “Chela”, “Chela” y “Chela. Los peruanos no somos consumidores de PISCO, esa es la realidad del asunto.

Lo que si me parece disparatado es el viso xenófobo al que llegamos a veces: por ahí escuché: “hay que sabotear a RIPLEY y todos los productos chilenos, no vayan en LAN, etcétera..” sin saber que en esas mismas empresas trabajan gran cantidad de peruanos los cuales de no existir esas fuentes de trabajo estarían alimentando la taza de sub-empleo y desempleo con lo que se genera más pobreza.

Después alguien propondrá que ya no leamos a CONDORITO ni a NERUDA, ni que escuchemos a Víctor JARA o Alberto Plaza porque ambos vienen del sur y son sospechosos del “expansionismo antiperuano.”

Lo que se vislumbra es un gran paradoja: Nos llenamos la boca cuando hablamos de las riquezas de nuestro país, de “NUESTRO PASADO GLORIOSO INCAICO”, cantamos con nostalgia “cuando pienses en volver” pero si analizamos fríamente todo esto se reduce nada más que un fenómeno propagandístico y televisivo. El nacionalismo estrictu sensu no existe.

En primer lugar porque las manifestaciones culturales vivas de nuestra patria no las sentimos como nuestra. Y precisamente porque no las sentimos como nuestras, no las practicamos. Nuestro “NACIONALISMO” es solo nominal y como ya dije ocasional y muchas veces interesado.

En el colegio cantamos el himno de paporreta, nunca entendimos la letra y menos nos hemos sentido identificados ella; lo mismo les pasa a los futbolistas cuando lo cantan en los estadios de afuera (Recuerdan a la selección cuando CHILE los goleó 4 a 0 en Santiago?). Vean como cantan sus himnos Argentinos y Alemanes y se darán cuenta de cómo la cultura se refleja en acciones tan sencillas como esas.

No sabemos bailar un HUAYNO o UN HUAYLAS, “Eso es para los serranos” solemos decir. ¿un valse, una polca? “Eso es para lo tíos” o acaso ¿un festejo?, “eso es para los negros” diría alguien con matiz despectivo. ¿Una pandilla? “¿Acaso soy chuncho?” Diría un niño chic.

Ignoramos quien es FELIPE PINGLO, quien es Cesar Miró, no sabemos las canciones de CHUABUCA, de MARTINA PORTOCARRERO, o de AMANDA PORTALES. Decimos que nos sentimos orgullosos de que el CÓNDOR PASA sea universal, pero ¿sabemos quien lo compuso? ¿Sabemos que quien es DANIEL ALOMIA ROBLES?

Mucho menos conocemos a RAÚL GARCÍA ZARATE. Declarado Patrimonio Cultural Vivo por el INSTITUTO NACIONAL DE CULTURA. Seguramente estamos esperando que los chilenos o ecuatorianos pretendan “patentarlo” también para recién empezar a escucharlo y defenderlo con nuestro gran “sentimiento patriótico”.

Sabemos más de JIMMY HENDRIX, de BOB MARLEY, DE KURT COBAIN, DE JHON LENNON (por cierto, excelentes músicos) pero lo ideal sería que con la misma propiedad pudiéramos hablar de todos aquellos que hacen la cultura de nuestra PATRIA.

Si por esas cosas del destino los peruanos nos quedáramos sin tierra cada persona se anexaría a cualquier otro país sin remordimiento alguno y el concepto de PERUANIDAD desaparecería porque no existe nación. Los Judios estuvieron esparcidos por el mundo después de la Diáspora, sin embargo ellos sí tenían una nación muy sólida, basada en una fuerte identidad religiosa y cultural que les permitió mantenerse unidos a pesar de ser durante tanto tiempo apartidas.
El caso peruano es al revés, lo único que nos une es la tierra que pisamos, una bandera, un himno, y toda la parafernalia mediática que explota en los partidos de la selección de fútbol o cuando aparece la “sombra” chilena. El resto del tiempo somos unos completos ignorantes de lo que produce nuestro país. El más claro y vergonzoso ejemplo lo ha dado un comercial del diario “EL TROME” en donde un encuestador le pregunta a la gente si saben quien es JOSE CARLOS MARIÁTEGUI o EL INCA GRACILAZO. Las respuestas ofrecidas son el mejor ejemplo de lo que digo.

Los peruanos carecemos de IDENTIFICACIÓN, base fundamental para construir una NACIÓN y como dice el Doctor MARCO AURELIO DENEGRI: “IDENTIFICARSE UNO CON OTRO es llegar a tener los mismos propósitos, deseos creencias y principios que él. Cuando nos referimos a la IDENTIDAD de un grupo étnico o de un pueblo, nos referimos a ese conjunto recién dicho. Y la IDENTIDAD de cada uno de los integrantes esta así mismo constituida por ese conjunto. Cuando tal conjunto deja de ser una constante, sobreviene inevitablemente la crisis de identidad. El individuo se desorienta, se confunde y todo se le trastorna. Cuando esta ocurrencia, primero individual, llega a ser posteriormente colectiva, se produce entonces lo que Durkheim llamaba la ANOMIA. La ANOMIA no solo es la ausencia de normas o leyes, o la desorganización social sino la PERDIDA DE LA IDENTIDAD.

SABOGAL, CHAMBI, SIWAR Q’ENTE, ELEODORO VARGAS VICUÑA, MANUELCHA PRADO y una gran cantidad de cultores que intentan fomentar una cultura, no representan nada para una gran cantidad de peruanos. No hay una IDENTIFICACIÓN con ellos, “esos son los otros” dice el inconsciente. Y entonces se trata de buscar un antecedente europeo en nuestros apellidos para justificar nuestra falta de identificación con esta cultura. Por eso cuando vamos España o Argentina durante un mes regresamos hablando con el acento hispánico o porteño, sin embargo si nos vamos el mismo tiempo a Iquitos o a la Puna, ¿no es curioso que no regresemos con el acento de la zona?.

“Somos un país de todas las sangres” dijo Arguedas, el problema es que estas sangres se repelen, y nunca se llegan a integrar. Curioso, curiosísimo nuestro “Nacionalismo”.

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