Todo comenzó…

Por: Anddy Landacay Hernández

Todo comenzó como en un juego de niños

corriendo

por los campos silvestres de la risa

y del abrazo.

Todo comenzó

como comienza el día

y como se inicia el canto de las aves

en la aurora.

El camino

se lleno de luces

y oropeles.

Fue un cántico de voces humanas,

fueron risas

y saltos de vida,

era todo y a la vez nada.

Cada uno

mirando el mundo

por el lado opuesto,

separados por nuestros egos

y sin embargo jugando a ser dos

y a la vez ninguno.

Nuestras historias

colgaban de nuestras pupilas

y reíamos el uno del otro

como en una casa de espejos,

mas,

luego

vinieron los vientos del invierno

y las primeras lágrimas comenzaron a caer…

después el silencio lo dijo todo.

Yo fui mudo como piedra.

Mi dolor

se expresaba entre las voces del silencio,

entre las voces que gritaban mi existencia a todos

los ángulos del universo.

Todos estaban allí

observando

como en un coliseo romano…

Todos hablando de mí

pero ninguno pensando en mí…

Sin embargo

sólo tu alcanzaste a ver mi vacío

que revoloteaba como un ave de fuego

y te acercaste

guiada, tal vez, por la costumbre

de nuestro juego;

entonces tocaste mi hombro

pero yo seguía envuelto en el silencio.

Era el objeto de mi nada

escuchando tu voz a lo lejos

como un eco que retumbaba tímidamente

en la montaña.

Estuviste allí

tal vez

por extrañas circunstancias del azar,

tal vez

porque tuviste piedad de un cadáver

a la intemperie,

o

tal vez

por la curiosidad que causa ver

un cuerpo carente de valor

y de vida.

No lo sé.

Pero estuviste allí,

en medio de mi muerte inconstante

llamándome al oído,

tratando de convertir lo absurdo

en verosímil

y de trocar

la oscuridad en luz,

en fin,

tratando tercamente de volverme a la vida.

Las palabras empezaron

a estrellarse contra mi agonía,

y de tanta persistencia

la voz comenzó a ser más fuerte que mi nostalgia.

Ignoro en que momento

me volví frente a ti

y pude descubrirte por primera vez

allí entre la oscuridad de la nada.

No lo sé.

Hay cosas que no se entienden :

ahí está Dios,

ahí está la vida,

ahí está la muerte

apareciendo

inexplicablemente

igual que tú.

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