Un viajecito por Ecuador…

Por: Anddy Landacay Hernández

Era la tercera vez en la semana que soñaba con el contorneo de caderas de Shakira, sin embargo hasta entonces no había podido siquiera acercarme. Pero esa vez fue diferente, esa vez la tenía tan cerca de mí que hasta podía sentir su perfume. Con los ojos cerrados me acerqué lentamente a besar su mejilla….. y de pronto…. y de pronto… el sonido del celular me hizo caer de la cama.

“¿Aló?”. Entre despierto y dormido escuché un voz conocida que me explicaba una serie de cosas sobre la red DEJANDO HUELLAS y me recordaba que había participado en el taller de Chaclacayo; somnoliento decía sí a todo y antes de que pudiera reaccionar, me dijo un frase que me despertó de golpe: viajas al Ecuador.

Me encanta viajar, conocer amigos y lugares, sin embargo mi gusto por los viajes es inversamente proporcional al del ejercicio de empacar. Esto de empacar debería ser una materia en el colegio o una nueva ciencia. Escoger la ropa fue toda una odisea: ¿chompas o camisas?, ¿polos manga larga o manga corta?, ¿pantalones delgados o gruesos?. “Quito tiene un clima como el animo de las mujeres”, me dijo un amigo que había viajado por allá. Así que pensé: entonces hay que estar preparado para lo que sea.

Después de sentarme sobre mi maleta para poder cerrarla , y de paso ganarme las carcajadas de mi sobrino de 3 años que me miraba divertido, estaba listo para iniciar el viaje.

“¿A qué hora sale tu avión?”, me preguntaba todo el mundo. “¿Avión?, no amigos, me voy por tierra” les explicaba. Ante lo cual al unísono respondían: “¡!Provechoooooo!!!, lleva tu caja de plumones para el camino”, me bromeaban. En mi cabeza calculaba dos días de viaje desde Lima hasta Quito. Y extrañamente sentía acongojada la ultima parte de mi espalda. Snif. Snif.

El martes 12 de septiembre llegué puntual a las 11:00 am. al Instituto Alameda tal y como habíamos quedado. Sofía muy amable como siempre me recibió con una sonrisa en los labios. “¿ya estas listo?”, me preguntó. “Así es”, le respondí. “En cualquier momento llega Pedro, espéralo” me anunció.

Pedro iba a ser mi compañero todo el trayecto. Y a pesar de que recién lo pude conocer ese día, tal como me había dicho Sofía, teníamos todo el laaaargooooo viaje para conocernos.

Llegamos a las 4 pm. a la terminal de la empresa de transportes que nos llevaría a nuestro primer destino. Una vez sentados en el bus le empecé a explicar el itinerario de viaje que aun en el papel se veía bastante largo.

19 horas de viaje hasta Tumbes lo confirmaron.

Definitivamente el que inventó el slogan aquel de “viajar en bus es un placer”, nunca hizo este trayecto.

Una vez llegados a tumbes a las 10:00 am fuimos rodeados de por una turba de taxistas, moto taxistas, tricicleros , etc. que nos ofrecían llevar hasta la frontera por precios módicos. Finalmente decidimos tomar un mototaxi (el último que veríamos hasta el regreso) y en el camino el chofer nos preguntó: ¿Ustedes van hasta guayaquil? Sí, le dijimos. “Entonces porque mejor no toman el CIFA que los lleva directo”. Pedro y yo nos miramos la cara como formando un signo de interrogación y preguntamos inocentemente: “ ¿y donde se toma?”. “Pues allí pue’ donde se bajaron.” Plop.

Ya en el camino correcto del señor y mandándole saludos a la madre de alguien que nos dio un dato equivocado abordamos el CIFA en Tumbes al medio día con un calor sofocante de 30 grados y sudando como si hubiéramos jugado un partido de fútbol.

En el camino hicimos una primera parada en el control de migraciones de Perú y posteriormente entramos por fin en territorio de la República del Ecuador. En el camino subieron al bus una retahíla de vendedores ambulantes que ofrecía de todo y con un discurso harto conocido: “señores pasajeros, disculpen que interrumpa su lindo viaje…” por un momento pensé que estaba en Lima.

El calor seguía subiendo y los pasajeros también. Solo me consolaba ver al policía de pie en la puerta procurando mantener la seguridad en el vehículo y las monjitas que a pesar de lo sofocante del tiempo mantenían la sonrisa bajo sus hábitos.

Sin embargo el verdadero vía crucis los pasamos en la oficina de migraciones de Ecuador. 45 minutos y 40 segundos solo para entregar la tarjeta andina y sellar una hoja. El problema era simple: el que estaba del otro lado de la vitrina sencillamente no sabia manejar la computadora.

Después de este incidente el viaje hasta Guayaquil se hizo más rápido, es un decir, más rápido. En el camino conocimos a Kike un colombiano muy risueño con el que empezamos a conversar sobre diferentes temas y sobre todo de la pésima imagen que muestra de los peruanos Laura Bozzo en la TV de su país. Aprovechó también para decirnos que cuando vayamos a Colombia nunca pidamos “una cajetilla” de cigarros en una tienda porque nos pueden terminar botando a patadas. “Cajetilla” en la jerga de Colombia es igual a prostituta.

Llegamos a las 6 y media de la tarde hasta la terminal de buses de Guayaquil. Al bajar del bus y caminar por un extenso túnel de cemento con más de 33 grados de temperatura sentí que alguien nos estaba cocinando para comernos al final del túnel.

Lo único que quería en ese momento era un poco de agua. ¡Mi reino por un vaso de agua!.

Al ir a buscar un baño, pensando con la lógica de la capital preparé mi “sencillo” para pagar por la entrada, y grande fue mi sorpresa al descubrir que no te cobraban nada por el baño. Mojado como pollo, pero con una sonrisa de satisfacción, regresé con los chicos a contarles la novedad.

Ellos entraron al baño también. “Deberían haber duchas aquí para poder bañarse”, me comentaba Kike. Mientras tanto Pedro no se hacía problemas y ante la mirada de los usuarios se quitó el polo y empezó a lavarse. Claro, esta acción no le cayó en gracia a uno de los señores de limpieza que al verlo le reclamó: “!señor a quien le ha pedido permiso!”. El incidente no llegó a mayores y previa manifestación de disculpas, siguió aseándose; sin embargo, esperamos que sea el debut y despedida de Pedro como streaper.

Ya más tranquilos, aseados y frescos compramos los boletos rumbo a Quito programados para las 11:00 PM. La terminal de Guayaquil era un verdadero monumento, las escaleras interminables, los buses multicolores, los muros imponentes, sumados al ajetreo de la gente que llegaba y salía, la hacían lucir como un microcosmos.

“Como que ya me dio hambre”, dijo Kike. Nosotros lo apoyamos en la moción. Caminando y buscando donde comer decidimos sentarnos en una mesa y de pronto como si fuéramos artistas de cine nos rodearon varios chicos y chicas con un lapicero y una agenda en las manos. -Nos van a pedir autógrafos- pensé. Hasta que un muchacho rompió mi globito: “ ¿Qué desean comer caballeros?”.

Así empezó nuestro primer problema de comunicación. ¿Serán los nombres de los platillos los mismos que en nuestro país?. Pedro más desconfiado preguntaba en que consistían los mismos y si hubiera sido más incisivo hubiera preguntado como los preparaban. Al final creo que los tres llegamos a la misma conclusión implícita: ¡al carajo, tenemos hambre!.

Y aunque yo pedí un estofado y me trajeron un seco de carne y a Pedro y Kike les trajeron bistekes pidiendo algo muy distinto, al final todo se fue adentro y con mucho gusto.

El segundo dilema se dio al pagar. En una jugada magistral y aprovechando el hambre y la distracción, a Pedro y a Kike le cobraron por un Menú tres veces más de lo que me costó a mí. Gajes del oficio.

El manejo de las monedas fue otra problemilla. Acostumbrados a que el valor de las monedas se traduzca en su tamaño nuestro primer problema fue adaptarnos al número y no al tamaño. La moneda de 10 centavos del tamaño de nuestros humildes 10 céntimos valía más que una moneda de 5 que era inmensa como nuestro sol.

Aun recuerdo a un compañero queriendo pagar la hora de Internet con un moneda de 5 centavos. (¿?)

Después de una extensa conversación sobre política, juventud, economía etcétera entre Pedro, Kike y yo llegó la hora de partir. Kike no nos pudo acompañar porque el se dirigía a Ibarra para ver su esposa. Nos despedimos con la promesa de encontrarnos en Lima para asistir al Foro de la Cultura Solidaria. Las despedidas son parte de la vida. Así es el fútbol.

El bus que tomamos en Guayaquil, a diferencia del Cifa, era sumamente confortable. Al igual que en Lima una chica subió con una cámara filmadora para verificar que éramos quienes decíamos ser. Pedro muy bromista le dijo: “pero me hubieran avisado para afeitarme”.

Una película de Francella nos aligeró el viaje.

El reloj marcaba 5:45 am. y el bus llegaba a su destino final: la agencia en Quito. Bostezos van, bostezos vienen y todos a bajar del bus. “Al fin”, dije para mis adentros. Pedro terminaba de estirarse. “Voy a llamar a los amigos de Cimas para que vengan a recogernos” me dijo.

Después de una hora llegó el taxi que nos llevaría a nuestro destino. Antonio nos recibió junto a su esposa con la mayor de las atenciones y nos invitó a abordar el auto.

Una vez dejado el equipaje en el local de CIMAS nos llevaron a tomar desayuno en un restaurante de la zona. Al ver las calles de Quito, Pedro poniendo una expresión en el rostro como si hubiera experimentado una revelación, gritó emocionado algo que hasta ahora resuena en mis oídos: ¡no hay combis!, ¡no hay combis!.

Efectivamente, lo que más nos sorprendió en Quito fue el orden en el transporte público, sin combis, ni coasters, con paraderos debidamente establecidos, mirábamos con cierta envidia el trole bus y el bus eléctrico al acordarnos de nuestra amada pero caótica Lima.

Ni que decir de los taxis que eran “modestamente” carros del año pintados de amarillo. Todo un lujo el servicio de taxis, cordialidad de los choferes y taxímetro incluido. Mis respetos amigos quiteños.

Después de tomar desayuno tomamos otro taxi rumbo al hotel en el que estaríamos por un día para luego partir a Tabacundo, el lugar donde se desarrollaría el taller.

En el hotel lo primero que hice fue bañarme como si no lo hubiera hecho en toda mi vida. Un día más y me hubiera fusionado con la ropa.

Un poco más descansados fuimos a caminar por las calles de Quito. Lo primero que descubrimos es que las cabinas telefónicas (o como le decimos en Perú: teléfonos públicos) solo aceptaban tarjetas. Movistar y Porta tienen la hegemonía en la capital de Ecuador.

Por momentos sus bulevares nos hacían recordar a muchas de las calles de Miraflores y al igual que en el distrito limeño muchos turistas de distintos países le daban ese matiz cosmopolita.

Como no podría ser de otra forma fuimos a buscar las cabinas que brindaban el servicio de Internet. ¿Cuánto le cuesta?, ¿cuánto le vale?: “70 centavos de dólar la hora señor.” Como dolía el bolsillo, ¡en San Juan de Lurigancho la hora cuesta hasta 50 céntimos…. de sol!.

Al final después de entrar en contacto con Lima seguimos nuestro paso. Hasta que surgió la pregunta evidente: ¿ya habrán llegado los demás chicos?. Luego de una breve confusión Pedro decidió a llamar al local de CIMAS y del otro lado le dijeron: ¡Ya estamos comiendooooo!. En ese momento sabíamos que nuestra caminata había llegado a su fin.

Llegamos en un TAXI al local y encontramos a los chicos comiendo con avidez. Saludamos a todos mesa por mesa , mismo candidato municipal, y al final nos hicieron un campito junto a nuestro amigos de Bolivia que nos contaron que también habían tenido que viajar bastante porque habían salido de La Paz por tierra hacia el aeropuerto de Lima. “Créanme que los entendemos y bastante” les dije.

Allí también empezó nuestro largo trabajo de adaptación a los códigos con respecto a los nombres de las comidas. “Sírvase aguacate joven”, “ah, la palta”, dijo Pedro. “Esta rica la canchita”… “ah, el maíz tostado” me contestaron. “Así le decimos aquí”.

Después de la cena nos dieron una charla introductoria sobre la realidad del cantón PEDRO MONCAYO con sus cinco Parroquias: Tabacundo, La Esperanza, Tupigachi, Tocachi y Malchingi. Allí nos enteramos de sus respectivos potenciales, pero también de sus carencias y de los proyectos que se realizan para superarlos. Fue una charla sumamente enriquecedora.

Culminada la charla el resto de la delegación terminó por alojarse en el hotel. De ahí cada uno decidió como matar su tiempo. Yo fui en ese momento hice lo más lógico y saludable para mi cuerpo: ponerme a dormir. Buenas noches los pastores.

Por la noche hicimos un tour por las principales atractivos turísticos de Quito. Conocimos la catedral de arquitectura gótica cuya leyenda rezaba que siempre debía estar inconclusa puesto que al terminarse el diablo regresaría a la tierra. Y efectivamente hasta hoy no termina de construirse.

Conocimos la calle del suspiro, una larga avenida empinada que lleva ese nombre porque al recorrerla a pie un termina con el corazón en la mano y exhalando con las justas.

La influencia hispana y su antecedente precolombino se hacían evidentes. La calle de las siete iglesias, imponentes, majestuosas e iluminadas, edificadas sobre la base inca nos revelaban la historia común de los pueblos latinoamericanos.

La plaza de armas de Quito al igual que la de Lima sigue el patrón español. Una pileta en el centro, la catedral, el palacio de gobierno, el palacio municipal, el suelo empedrado, los mismos matices, etc. Lo curioso de la casa de gobierno, a diferencia de la nuestra, es que no tiene rejas y por el contrario cualquiera puede acercarse a ella y si quieren tocarle las puertas. Creo que eso explica porque nuestros hermanos ecuatorianos han tenido 9 presidentes en 9 años.

Foto por aquí, foto por allá. Sonrían chicos. Y después de una breve explicación por cada uno de esos hermosos lugares: regresamos al hotel.

La noche era virgen aún, así que había que tomar medidas urgentes. Pedro dijo ”manos la obra” y junto con Frank nuestro excelente anfitrión decidimos planificar un festejo de bienvenida.

Poniendo en practica nuestros conocimientos de negociación llegamos a un acuerdo con parte del grupo y decidimos visitar el bulevar de Quito. Allí el movimiento era espectacular (cualquier parecido con la calle de las pizzas es pura coincidencia). Por todos lados grupos de estadounidenses, Franceses, puertorriqueños, españoles, asiáticos, al ritmo de reggeatón, salsa, rock, trova etc. Quito parecía convertirse en una pequeña Babel con sabor latino.

En ese momento un par de amigas norteamericanas (María y Leah) que estaban en Ecuador por un proyecto de CIMAS se acercaron a nosotros y se integraron a nuestro grupo.

Después de pensarlo bastante decidimos visitar un pequeño bar donde un grupo musical cantaba en vivo. Allí, aun sin empezar los talleres, Frank seguía siendo nuestro guía metodológico. Para entonces debíamos hacer nuestro aporte y luego de leer los precios decidimos emplear nuestra sagrada institución peruana: LA CHANCHITA.

Luego de haber escuchado casi susurrante un par de veces: “préstame dos dólares, te pago en Lima”, un amable mozo nos trajo el delicioso y bastante helado elixir de la noche. Humo de cigarro volando sobre la mesa y el crujir del maíz tostado (cancha serrana) en mis oídos.

Astutos amigos sacando correos electrónicos made in usa por un lado y acciones extrañamente diligentes por el otro. Pedro, no he dicho nada.

Al llegar a la conclusión que seguir la reunión en ese local nos iba a dejar en la más absoluta banca rota, decidimos seguir buscando otro “hueco”.

De esta forma tras casi media hora de negociaciones alguien dijo las palabras mágicas: “!allí esta 1 dólar la cerveza”. Para entonces el grupo se había reducido a la mitad, sin embargo seguía manteniendo la esencia latina del taller: PERU, BOLIVIA Y ECUADOR.

Allí tras un arsenal de PILSENER (la cerveza ecuatoriana) y bajo el influjo del sensual reggaetón empezamos la integración. Y aunque por momentos parecía más el cumpleaños de Jefry que andaba moviéndose como trompo por toda la discoteca y bailando hasta con la botella, todos los chicos empezaron a soltarse y en ese momento más que participantes o compañeros de circunstancias, empezamos a ser amigos. Ley de la amistad número 56. ¿o era 57?.

Al destapar la botella, PEDRO vio como a Jefry se le llenaba de espuma todo el vaso. “Ta que no sabes servir” le dijimos. Pero al hacer lo mismo nosotros nos dimos cuenta que el resultado era el mismo. Conclusión: así era la “chela”. Snif . snif.

Foto por aquí, foto por allá, chela va chela viene. En ese momento Abraham nuestro hermano y rey del hip hop en el altiplano boliviano nos invitó a “bolear” la hoja de coca. Por suerte, los que estamos lejos de los prejuicios absurdos sobre la misma y de los disfuerzos de algunos, decidimos compartir esta tradición que nos une desde milenios.

Y así fue, conversando con FRANK (a quien le prometí esta crónica) llegamos a la conclusión, junto con los hermanos bolivianos que la fronteras entre nuestros países eran una cojudez, que al final de cuentas el sentimiento y la esencia son las mismas. ¡Salud por eso!.

Nuestra alegría era tal a esas horas que incluso en algún momento otros amigos de Ecuador que tomaban a un lado nuestro nos saludaban y nos prodigaban abrazos. ¡Viva la juerga!.

Bueno, en algún momento nos dimos cuenta de lo tarde que era, entonces regresamos al hotel, y en mi caso revisando lo duro que la economía dolarizada de ecuador había tratado mi bolsillo. Alguien dijo “si así fue el primer día……..”. Ya me fui a dormir.

Viernes 15 de setiembre. Gracias al cielo aquí si podía conectar el cargador de mi celular directamente al tomacorriente porque el voltaje era menor que en PERÚ. Por eso mi ruidoso aparato pudo despertarnos (a PEDRO y a mí) a tiempo para el desayuno.

En la mesa escuchaba a ABRAHAM haciendo unas rimas interminables pero muy bien estructuradas. Entonces me dije a mi mismo: “Ni plagiando podría improvisar tanto”. Lo que no se hereda no se hurta. Pásame el huevo y el pan.

A un costado FRANK estaba apurándonos para que abordemos el bus con destino a la mitad del mundo. “Ya casi termino” le dije. “apúrense compañeros” nos replicaba.

Casi con el pan en la boca subí al bus y ubicándome donde podía , esta vez me senté al lado de Sofia, nuestra simpática amiga danesa que tuvo que soportarme todo el camino hablando sobre la realidad de mi país. Tratando en lo posible de hablar en el castellano más neutral (sin jergas) y en otros casos cambiando de palabras y hablando más lento para que me pudiera entender correctamente. De esa forma la comunicación fue óptima y demostrándome que sabia sobre el PERÚ más de lo que pensaba, se sorprendió de cómo los peruanos podíamos olvidarnos tan fácilmente de cosas tan graves y sobre todo se sorprendía de cómo Alan García había sido reelecto tras su primer gobierno tan desastroso. “Yo mismo no me explico” le dije con absoluta sinceridad.

Finalmente llegamos a la mitad del mundo. O por lo menos eso fue lo que creíamos. El monumental icono simbolizando el 0’0’0’ que divide la tierra exactamente en norte y sur se erigía imponente. O será tal vez como le decía a Jeferson: ¿otro monumento al pene?.

El pasaje de los geodésicos franceses quienes estudiaron y midieron esta línea me recordaba a un largo pasaje en el PRESBITERO MAESTRO. Elegante arquitectura y mucha sobriedad. Sin embargo, más allá de las salas dedicadas a explicar mejor el asunto de los solsticios y los equinoccios que creaban fenómenos tan curiosos como el hecho de robarte la sombra en determinadas fechas lo que más llamó la atención fue una salita que tenía el cartel de “la verdadera mitad del mundo”. ¿juat?.

Esta galería estaba ocupada por un grupo de chicos investigadores que habían hecho un trabajo realmente revelador y controversial: esa mitad del mundo que habían descubierto los geodésicos franceses era errónea. Entonces la pregunta era: ¿se equivocaron los geodésicos? Y si esa no era la mitad del mundo, entonces: ¿cuál era?. La repuesta era simple: CATEQUILLA. ¿Y en donde queda eso?. A 250 metros al norte de la “mitad del mundo”.

Mientras el joven exponía se notaba como había una progresiva efervescencia en su entonación. “Es muy bonito tomarse fotos frente al monumento, pero siento desilusionarlos, esa no es la mitad del mundo”, nos manifestaba. Mostrando pruebas históricas, matemáticas, tecnológicas y múltiples mapas y videos, nos hizo una demostración bastante didáctica que sustentaba su teoría. Quitsato era el nombre del proyecto y vaya que hablaban en serio.

Había en sus palabras algo que nos hacía ver que hablaba con absoluta transparencia. Y entonces le dije: “Tienes razón: es la misma lógica de las líneas de nazca y Machu Pichu en PERÚ. Los “estudiosos” dicen que tienen que ser extraterrestres los que lo edificaron porque los “indios” no pueden tener una ciencia tan avanzada para realizar tamañas proezas. La misma lógica se sigue en la mitad del mundo. Quien le puede decir a los franceses que miles de años antes una cultura pre-colombina del Ecuador descubrió sólo en base a la observación y análisis de los solsticios la ubicación de la mitad del mundo con absoluta precisión matemática. Y lo que es peor : ¡Qué los franceses se equivocaron!”.

Allí, tan lejos de nuestras casas encontramos una lección de re-valoración de nuestra identidad.

Después del paseo aprovechamos para comprar algunas artesanías como recuerdo del lugar. Después de salir de la mitad del mundo partimos rumbo a nuestro destino final: TABACUNDO (a dos horas de Quito).

El camino fue largo pero divertido. Demostrando que como cantantes somos buenos zapateros , Jefry y yo nos pusimos a cantar , afectados por la morriña y la altura, canciones made in PERÚ: El plebeyo, Amor amor, nada soy, fina estampa, río Mantaro y por supuesto EL HIMNO NACIONAL DEL PERÚ. En ese momento hicimos que los hermanos de Ecuador cantaran su himno para conocerlo, ni las chicas de Dinamarca se salvaron de nuestro afán inquisitorial y después de negociarlo las hicimos cantar. Un himno bellísimo que a diferencia de nuestros himnos, solemnes y castrenses el suyo parecía más un valse. ¡Grande HELENA Y SOFIA!

Al llegar a nuestro destino FRANK nos indicó que después de almorzar nos íbamos a instalar en un hotel provisional puesto que el hospedaje en el que íbamos a alojarnos estaba ocupado aún porque esa noche como las siguientes: TABACUNDO estaba de fiesta. Y eso lo comprobamos.

Después de cenar asistimos a la expoferia en el colegio TABACUNDO. En la que los ojos se me salían por todas las cosas bellas que vendían allí y también por todo lo demás que era bello también pero que no estaba a la venta.

Con un marco musical bellísimo que interpretaba las mejores cumbias del recuerdo y del momento. Todo el grupo: peruanos, ecuatorianos, bolivianos y danesas hicimos una ronda en la que demostramos que la música y la alegría no tienen fronteras. Las tabacudeñas nos enseñaban a bailar sus ritmos mientras el bullicio y la música seguía su curso. En algún momento uno de los grupos que animaban la noche empezó a interpretar canciones peruanas y allí nos dimos cuenta que no es un solo un cliché eso de que “la tierra de quiere más cuando se esta fuera de ella”. En el momento en que se interpretó “Cuando llora mi guitarra” casi todos los peruanos nos quedamos roncos de tanto cantar. Fue inolvidable.

Con sueño, pero bien hinchas, nos quedamos hasta las 2 de la mañana esperando el debut internacional de Abraham : nuestro amigo boliviano que esa noche al subir al escenario demostró como el espíritu revolucionario se puede canalizar mejor a través del hip hop. Palmas para el “TORO”.

Sábado 16 de setiembre. A pesar de la amanecida desayunamos temprano y luego caminando por las lindas calles empedradas de Tabacundo llegamos a en nuestro “centro de operaciones” y el lugar donde la hospitalidad llegaba a limites astronómicos: el centro-cultural Yagual-Obrero. O simplemente “el Yagual”.

Allí empezamos a trabajar en la metodología aprender jugando. Frank nos presentó a los chicos de DJ-CIMAS : Leonardo, José, Cristian y Mayra. Leonardo, abrió el taller con una pregunta de ingenio que en su aparente simpleza nos hizo tropezar a todos: ¿Cuántos animales de cada especie puso Moisés en el Arca?. “2, 4, 6, ninguno, no se sabe, etc.” Fueron algunas respuestas.

Lo que en nuestro apuro a responder no nos percatamos fue que habíamos cometido un tremendo dislate bíblico: No fue Moisés, sino Noe.

Primera lección: aprender a escuchar. No solo a oír.

Después siguieron las matemáticas, ahora a contar los cuadrados. Por un momento me acordé de cuanto odiaba las matemáticas en el colegio, incluso en la universidad. De eso también hablamos. Frank nos comentaba que no son las matemáticas, sino como se enseña las matemáticas lo que nos hace rechazarlas.

Por la tarde cambiamos de hotel. Un hotel muy apacible y con todo lo necesario para tener una buena estancia. Eso sí, una breve queja: ¡mi cuarto a diferencia de los demás no tenía DirecTV!. Y dos: ( esa fue queja de PEDRO) la parte superior del camarote estaba tan pegada al techo que si estornudaba se podía pegar un golpe en la frente. Por eso ese día se fue a dormir democráticamente al sillón.

De vuelta en el yagual recibimos la visita de los chicos de Picalquí que nos dieron la bienvenida y nos regalaron algunos recuerdos muy bonitos y coloridos. Un de ellos era el diablo Huma, curiosamente uno de los íconos mas representativos de la fiesta de Tabacundo se llama igual que mi grupo de San Juan de Lurigancho: UMA (UMA o HUMA en Quechua significa CABEZA). Coincidencias interesantes.

Domingo 17 de setiembre. Después del desayuno y de la interminables e interesantes tertulias con Martín , otro de nuestros hermanos bolivianos, se emitió un video y posteriormente se realizó un conversatorio sobre el mismo tema con la presencia de los chicos de Desarrollo Juvenil. Hubieron muchas respuestas inteligentes y didácticas como las aclaraciones de PEDRO sobre Ghandi y Silo. (yo también te admiro jajajaja).

Luego este humilde periodista soltó varias preguntas que hasta la fecha no han encontrado respuesta: ¿Cuál es la visión de los derechos humanos y desde que parámetros se pueden medir?, ¿desde nuestra perspectiva positivista, occidental o cristiana o desde la visión de cada cultura?. ¿Como salvar la diferencia entre lo que esta instaurado como “correcto” en cada cultura y “luchar por los derechos humanos” sin poner en riesgo la estructura misma de esa cultura?. Se abrió la polémica. Y Helene dio una visión interesante aunque fue sincera al decir que no tenía una respuesta a algo tan complicado.

La conversación tan enriquecedora nos abrió el apetito de golpe y entonces fuimos a almorzar.

Aquella noche el grupo directiva se reunió por primera vez. Cuando subí al segundo piso los vi en la sala principal del hotel con rostros más severos que los de Martha Hildebrandt. Parecía una sesión del congreso, pensé que en algún momento alguien iba pararse y gritar. En fin, bajé con el cajón de Valeska en la mano y mientras directiva seguía en su sesión interminable me puse a conversar con José Méndez. Todo un personaje el tabacundeño más metalero de la parroquia. Vestido siempre de negro, con el cabello largo y con esa forma pausada al hablar me recordaba a un rockero mexicano.

Era el quien debía llevarnos al pueblo, sin embargo ese día la mayoría decidió quedarse en el hotel y bueno, en el cuarto N°1 nos pusimos junto a martín a cantar todas las canciones del repertorio.

Lunes 18 de setiembre. El desayuno de todos los días: Un vaso de jugo de naranja. Una taza de leche o café. Huevos revueltos. Y pan con queso. Con razón subí 5 kilos en Ecuador.

En el yagual seguimos trabajando en el Aprender Jugando. Nos dedicamos a probar los juegos: damas chinas, ludo, dominó, ajedrez, cuatro en raya, kaboom, juegos de papel, etc. Era interesante rescatar lo lúdico que el sistema escolar y la sociedad hace que pierdas. Era como volver al jardín de niños. En suma, como volver a nacer.

Esa tarde debíamos dividirnos en dos grupos para asistir a dos colegios aledaños a TABACUNDO para trabajar con niños de 8 a 12 años las metodologías aprendidas. En mi grupo estaban Jefersson, Fiorella, Martín, Mayra y yo acompañados por José y Helene.

Recorriendo un camino de trocha una camioneta nos llevó hasta el colegio San BLAS. La profesora nos dio la bienvenida. Los niños al vernos se detuvieron y muy ordenadamente siguieron nuestras indicaciones. Entre risueños y tímidos unos, maliciosos y juguetones otros nos auscultaban de pies a cabeza. “Bien chicos vamos a cambiar de aula para que puedan empezar”, dijo la profesora.

Los pequeños fueron corriendo al aula contigua. Como un riachuelo de chompas verdes se posaron en las carpetas. Al igual que en la sierra de nuestro país, los pequeños tenían las mejillas sonrosadas y algunos las chompas zurcidas y los zapatos sucios lo que delataba lo humilde de su condición. Sin embargo, sus sonrisas y el brillo de sus ojos también expresaban su inmenso deseo de vivir. Nada puede matar la alegría natural de los niños.

Fue una tarde extraordinaria. Realmente aprendieron y aprendimos jugando. La silla con los palitos, los juegos de mesa, las rondas con los niños ¡qué rápido aprendían estos pequeños!. Allí me di cuenta de que la pobreza se crea por falta de oportunidades. Y que en los lugares que menos esperamos encontramos las lecciones más grandes. Esta vez nosotros aprendimos de ellos. Juro que cuando uno de los niños me preguntó “ ¿van a volver mañana?” estuve a punto de quebrarme. Tanta riqueza hay a nuestro alrededor y no nos damos cuenta. Definitivamente hay cosas que valen mucho mas que el dinero. La sonrisa de un niño por ejemplo.

Después de la evaluación del taller la delegación de Perú se reunió en la noche. Lugar de siempre: cuarto N° 1. Es decir, mi cuarto. No sé qué extraño magnetismo tenía mi cuarto que todos querían reunirse allí. No se por qué, por ultimo, ni cable tenía. Misterios sin resolver. El asunto es que esa noche fue noche peruana. A ritmo de cajón y bendecidos por el vodka y la coca-cola nos poníamos de acuerdo sobre que íbamos a presentar el día del intercambio cultural. Tal como habíamos quedado en LIMA , Vallejo tenía que estar presente. De cajón.

Salud, salud. Es cierto que los peruanos en cada chupeta tenemos una predisposición por hablar en doble sentido. Imagínense nueve peruanos reunidos en ese contexto. El 80% de las palabras se le relacionaban con el sexo. Hasta que la voz lúcida de Elizabeth dijo: “ya déjense de hablar coxudeces. Vamos a ponernos serios.” En ese momento dijimos “ya Eli , esta bien, mejor recita a Vallejo.” Valeska con el libro POEMAS HUMANOS en la mano, abrió un texto al azar. Y Elizabeth lee: “Al fin, un monte”. Todos estallamos en carcajadas. Perdón vallejo, no eras tu. Fuimos nosotros.

Tranquilo PEDRO no he dicho nada …aún…jajaja…. TOP SECRET.

El asunto es que al día siguiente toda la delegación llegó tarde. Se demoró el carro ¿no?.

Martes 19 de setiembre. Llegamos corriendo al yagual. Empezaba la metodología Cambios Más Significativos la dirigía esta vez Adriana Guzmán nuestra amiga del CENPROTAC de Bolivia.

Con mucho entusiasmo la vi preparando el proyector , siempre ataviada con esos largos y bellísimos vestidos que en contraste con su larga cabellera negra la hacían lucir como una dama hippie postmoderna. No podía sino declararme fans N°1 de su Lock.

La energía con la que se expresaba revelaba al igual que en Martín y Abraham el espíritu combativo y revolucionario de los amigos de Bolivia.

El cambio más significativo era un método alternativo para medir resultados y efectos que ellos habían abrigado y utilizado con éxito en sus contextos. Lo curioso del mismo es que a diferencia del marco lógico no tiene indicadores pre-definidos y se toma en cuenta lo ocurrido en el campo mismo, es decir sobre la marcha en base a las perspectivas y los valores de los involucrados.

El problema del CMS era que al ser una metodología innovadora y en gran parte aún en etapa experimental, sumado al sueño que era evidente en ese momento en muchas caras, incluida la mía, fue difícil tener una comprensión cabal del mismo. En ese momento mis ojos se cerraban y no me quedó otra que ser sincero: “Adrianita no es por ti, tu explicación ha sido muy buena, soy yo que me muero de sueño , explícame de nuevo por fa” le dije.

Al formar grupos y hacer un par de dinámicas pude despertarme un poco. El trabajo consistía en seleccionar nuestros cambios más significativos en relación al proceso del taller. Se escogieron dos temas: la metodología de selección y el desarrollo del taller en sí.

En la primera no dudé en manifestarme en contra de la metodología de selección. Lo dije en ese momento a mis amigos de Alameda y lo dije también en Ecuador. No es el grupo el que debía escoger a los asistentes a las réplicas internacionales sino los facilitadores. Como en nuestro sistema electoral: las mayorías escogen la mayor parte del tiempo por simpatías, estereotipos, intereses, pero no por capacidades y propuestas. Una maqueta de nuestra democracia.

En el segundo punto en relación al taller hubo muchas propuestas sin embargo el cambio más significativo tuvo como punto resaltante el debut internacional de Abraham y el contacto que hizo con sus “cumpas” de la movida Hip Hop en Ecuador y su presentación en Perú con la intención de formar un red latinoamericana de este movimiento urbano. No estaba en los planes, pero vaya que fue un Cambio más significativo.

Luego de almorzar seguimos trabajando y después volviendo a comer concluimos el día y como ya había ocurrido en anteriores oportunidades a ritmo de caporales Ricardo Botello, nuestro coreógrafo imprevisto, nos demostraba como bailaba en sus tiempos en “Brisas del Titicaca” (creo que ese también puede ser un CMS).

Ubicándonos detrás de él intentábamos seguirlo aunque en un par de oportunidades casi me caigo al querer doblar las piernas. Los chicos y chicas dejaban sus labores y se unían a nosotros.

La música y los tambores sonaban a ritmo de Sayas y Sicuris. Ricardo seguía en su frenesí interminable y nosotros haciéndole la comparsa. Ni los amigos de Bolivia podían seguirlo en su ritmo altiplánico. Juro que en algún momento lo vi dar una doble vuelta mortal en el aire ante el aplauso del respetable. Grande Ricardo. Nos tienes que seguir dando clases.

La noche fue a ritmo boliviano y nos dejó una lección: la música es un lenguaje universal. En ese momento tuve una idea descabellada: que diferente sería el mundo si en vez de tanto formalismo después de casa sesión en el congreso o en cualquier parlamento se pusieran a bailar a ritmo de tan bella música. Sin duda se podrían de acuerdo más rápido. Se imagina a ¿Abugatás bailando caporales con Martha Hildebrandt?.

Miércoles 20 de setiembre. Después de un agradable desayuno con huevos, pan, queso, jugo y café. Seguimos con el CMS tratando de llegar a más conclusiones interesantes. Sin embargo el ambiente de fiesta se respiraba en el aire, el yagual se estaba preparando para convertirse en el epicentro del gran festival musical internacional que tendría lugar en la noche. Y lógicamente el Perú tenía que estar presente y mostrar un botón de sus riquezas.

8 pm. Inmensos parlantes en el interior del auditorio anunciaban que el inicio del gran evento estaba próximo a iniciar. Silvana y Fiorella ensayaban “el arroz con leche” a ritmo de Hip Hop mientras Jefry recordaba sus momentos de animador de discoteca reggaetonera en Lima al tomar el micrófono. Y para no perder la costumbre Ricardo empezó a bailar a ritmo de caporales y nosotros también.

El local empezaba a llenarse y nuestra presentación estaba lista. A mi se me había concedido el honor de hacer la presentación de Elizabeth Garro quien iba a recitar un poema de nuestro vate mayor : César Vallejo. Hice una breve explicación de la lírica de Vallejo y también acotando que la interpretación del poema iba a ser acompañada por la guitarra magistral del maestro Raúl García Zárate con la canción “Coca Kintucha”.

En ese momento vi salir a Elizabeth vestida con un poncho andino de colores. El cabello recogido y la mirada con un brillo tan extraño que podía sentir como el espíritu de Vallejo se posaba sobre ella.

Traspié entre dos estrellas fue el poema escogido. “ ¡Hay gentes tan desgraciadas que ni siquiera tienen cuerpo…..”, empezó Eli sentándose en la silla y mirando al infinito. Las notas de la guitarra ayacuchana acompañaban tan bien las palabras y los silencios que parecían haber sido hechas a medida. La interpretación siguió de forma tan magistral que todos los espectadores se habían quedado tan concentrados que daba la impresión de que en ese momento el mundo se hubiera congelado.

¡Amado sea aquel que tiene chinches, el que lleva zapato roto bajo la lluvia…” siguió. Definitivamente lo hermoso de ese momento no tenía palabras para describirse, lo único que se podía hacer cuando concluyó con el poema fue fundirnos en un largo y fuerte aplauso.

La música seguía sonando y era el turno para el plato fuerte de la noche. El Hip Hop ecuatoriano en el escenario. Las luces de colores y el potente sonido de la música era el soporte de la denuncia social de los chicos de Quito.

Después fue el turno de Abraham quien en sus canciones mezclaba el Hip Hop con ritmos bolivianos: una fusión excelente. El “toro” impactó a los presentes y nuevamente demostró que la movida latina del hip hop es un proyecto real y con futuro. ¡MORTAL CARNAL!… !Metralla plo, plo!!

El cajón peruano y la música afroperuana no podía estar ausente en esa noche. Jefry, descalzo y con el pantalón hasta la rodilla salió moviéndose como culebra y destilando la sensualidad de los ritmos negros del Perú. Valeska, emulando a Maria del Carmen Dongo, se “lanzó” un solo de cajón que fue la delicia del respetable. Foto por aquí, foto por allá. PERÚ presente a donde vaya.

La noche seguía alegrándose con el marco musical esta vez con un grupo que interpretó la música de Tabacundo. En ese momento todos los chicos de Perú, Bolivia, Ecuador y Dinamarca nos unimos en una ronda y bailando a ritmo de la TABACUNDEÑA, canción-símbolo del taller, disfrutamos en una auténtica integración que nos hacía ver que los conflictos son inútiles cuando tenemos tanto en común.

Jueves 21 de setiembre. Esta vez si me levanté temprano. Estaba programado para este día la exposición sobre nuestras respectivas organizaciones y también sobre nuestros países. Este fue el día más estresante puesto que ese día también debíamos empezar con la metodología de Abogacía. El tiempo es tirano.

La sorpresa fue que ese día también recibimos la visita de los chicos de EEUU. Sonrientes, contemplaban las galerías de Perú y Bolivia que habíamos preparado en el yagual. Mientras tanto un video de los Danzantes de tijera llamaba la atención de parte del grupo. Por otro lado Valeska ponía bastante empeño en explicarles acerca del problema de la subversión en el Perú y el trabajo de la comisión de la verdad.

Minutos mas tarde cada uno empezó a exponer acerca de sus respectivas organizaciones. A mi me tocó hablar de UMA , el colectivo de San JUAN DE LURIGANCHO del que soy miembro, y que como ya dije anteriormente, coincidía con el nombre del HUMA de Tabacundo. Es claro: somos una misma cultura.

Posteriormente les expliqué también acerca de los danzantes de tijera y de ese misticismo que el occidente, cristiano y políticamente correcto censura y tilda de “diabólico” al no entender la dualidad del mundo andino. Una cosmovisión diferente, ni menos, ni más, solo diferente.

Los amigos de Bolivia explicaron también sobre el problema durante el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada y como éste se había refugiado en EEUU para evitar ser juzgado en su país por genocidio. Otra coincidencia más: también tienen su Fujimori.

En la mesa tuve la oportunidad de sentarme conversar con dos chicos: Blake y Leah. No sabían nada del Perú así que me tomé el trabajo de sintetizarles la historia reciente de mi país durante el almuerzo y me agradó el interés que mostraban al respecto. “No estamos con Bush, tienen que entender que una cosa es el gobierno y otro la gente, el ciudadano. Nosotros pensamos diferente”, me decía Leah. Y era cierto, estos chicos habían viajado hasta el Ecuador no para hacer turismo, sino para conocer de cerca la problemática latinoamericana. Ese es un punto importante para el cambio.

Momento curioso fue, cuando al terminar de comer. Yo me puse a tocar el cajón a ritmo de festejo y todos los chicos de EEUU voltearon inmediatamente. Jefry, recontra aventado, sacó a bailar a Stacy, la chica que mejor hablaba el español y que más empeñosa se mostró desde que llegó, y luego todo un grupo salió a bailar al ritmo del cajón. Qué rápido aprendieron. Hasta Leah se sacó hasta los zapatos. Otra vez la música uniendo culturas.

Al final la foto de despedida con la promesa de que harían suyo todo lo aprendido en esa visita. Que así sea.

Por la tarde empezamos la metodología de Abogacía con Oscar el consultor colombiano que nos trajo la técnica de la gestión del saber en la que nosotros mismos teníamos que construir en base a nuestras intuiciones y experiencias un concepto sobre abogacía.

Fue bastante directo, contundente y polémico en muchos puntos. Sin embargo la técnica empleada me pareció sumamente interesante puesto que trabajaba el lado lógico racional, el lado de la imaginación y el aspecto simbólico. Nos hizo entrar en debates constantes para poder llegar a un concepto consensuado. Creo que fue la primera vez que tuve una gran divergencia con Martín, mi estimado hermano de Bolivia, que se mostró bastante cerrado aduciendo que la abogacía seguía reproduciendo mecanismos de subyugación de los grupos de poder hacia una mayoría afectada.

En ese momento intenté con Ricardo explicarle que su punto era comprensible pero que habían muchas otras formas también de hacer abogacía y que se trataba de crear un concepto y en ese caso reducirlo solo a la lucha de clases era como tomar un hoja y decir que así era todo el árbol.

Yo le puse un ejemplo clave: se hace abogacía a favor de derechos sexuales, de discapacitados, de menores de edad, de ancianos, de derechos de los homosexuales, etc. Le dije a Martín: “Si se hace abogacía a favor de los invidentes que va en contra de la indiferencia de una ciudad hostil que no esta diseñada para ellos y cuya población es egoísta, en ese caso los culpables somos todos los demás. Ricos, o pobres, flacos o gordos, altos y bajos.” Le dije.

Al final los tres grupos en que nos dividimos expusimos sobre el Qué es, cómo se da y para qué sirve la abogacía. En ese momento Oscar nos “ametralló” con preguntas sobre nuestras conclusiones lo cual me hizo recordar extrañamente a la mayéutica socrática. Interesante.

Al concluir, Oscar recogiendo y sintetizando todas nuestras propuestas llegó a esbozar un concepto general: “La abogacía según sus propias definiciones sería una ACCION HUMANA (Colectiva o individual) que tiene una INTENCIONALIDAD o direccionalidad FUNDAMENTADA, planificada y sistemática que se desarrolla en un contexto, que puede estar posicionada a favor o en contra y que se aplica en un TEMA, SITUACIÓN o PLANTEAMIENTO (Actorías) y orientado a CONDICIONAMIENTOS político-culturales o a CAPACIDADES como profundizar o cambiar un proceso de desarrollo”.

Me sorprendió la capacidad para sintetizar todas nuestras propuestas en un concepto base. Ese día me fui teniendo muy claras las cosas. Sin embargo por la noche nos enteramos de una triste noticia: el carro de Oscar había sufrido un choque en la carretera. La noticia nos preocupó a todos, horas después Frank nos contó que un auto lo embistió golpeando un costado de su vehículo. Por fortuna el impacto no tuvo un final mortal, sin embargo los fuertes dolores del brazo y la espalda producto de los golpes impidieron que pudiera continuar la metodología. Una pena.

Viernes 22 de setiembre. Ese día en la mañana nos fuimos a tomar desayuno como todas la mañanas, aun preocupados por la salud de Oscar, sin embargo nos dimos cuenta que ahora teníamos la mañana libre. No se en que momento tuve la “genial” idea de decirle a los muchachos: “que tal si jugamos un partidito”. “Ya pues”, dijeron los hermanos de Bolivia. Fui tocando puertas llamando a Ricardo, a Pedro, a Cristian para que se unieran a la “pichanguita” mañanera. Jeferson seguía en su cama cubierto como momia hasta la cabeza. Así que en ese momento se me ocurrió una crueldad: le destape la cara y echándole de a pocos una botella de agua empecé a recordarle su bautizo: “en el nombre del padre…del hijo….”.

Cristian, muy diligente él, fue a conseguir una pelota. Aunque medio desinflada cumplía su objetivo: rodar sobre el césped. En la cancha nos dividimos por países: como los de Perú éramos más formamos un solo equipo: Ricardo, Jeferson y yo y por el otro lado la alianza Ecua-boliviana: Cristian, Martín y Abraham que salió con su uniforme deportivo reglamentario y nos advirtió que en El Alto jugaba en un equipo de fútbol. ¡Ah vamos a ganar igual!, les dije a nuestros rivales en un acto de soberbia.

Al iniciar el partido empecé a entender que el triunfalismo no paga. A los 10 minutos ya nos iban ganando 5 a 1. Y me acordé también de varios puntos fundamentales que no había tomado en cuenta: 1. Estábamos en la altura. 2. Hace 1 año que no jugaba fútbol. 3. Estaba subido de peso. 4. Los chicos del otro equipo viven a 3500 metros de altura.

Con el corazón el mano y el orgullo en lo suelos empecé a caminar mientras veía como Ricardo se esforzaba por sacar el partido adelante. ¡Vamos PERÚ…si se puede!. Cuando recuperé el aire pude anotar un par de goles más para evitar la vergüenza absoluta, sin embargo veía como Abraham escurría la pelota entre las piernas de Jefry no se cuantas veces más. En ese momento ya Pedro estaba con su ropa deportiva y decidió entrar a jugar por mí. ¡Qué Bien!. Pedro había jugado en el Deportivo Municipal sería un buen refuerzo. pensé-. ¡Que refuerzo ni que ocho cuartos!. Fue la actuación más vergonzosa de la historia del fútbol: 4 minutos y 35 segundos duró en la cancha. Luego lo vi tumbarse en el grass implorando por un poco de oxigeno. “Hace 4 años que no juego pues,” me dijo. “Haberlo dicho antes pues” , señaló Ricardo. Ta’ que ahí si no te admiro PEDRO.

El resultado final es mejor no comentarlo por el bien de la dignidad nacional. Lo cierto es que después, para maquillar la situación , sugerí que jugaran las chicas con nosotros. En ese momento me puse al arco para lucirme al menos como en mis viejos tiempos, sin embargo Sofi “Laudrup” Nielsen jugando descalza pateaba más fuerte que muchos jugadores de mi selección. Y con dos furibundos remates me hizo mirar la pelota entrando por donde las arañitas hacen su nido. En suma, Me retiro del fútbol.

Después de bañarme y recuperándome del ajetreo futbolístico. Nos invitaron a ir la feria artesanal en OTAVALO, había espacio libre y era una buena oportunidad de conocer más lugares de este hermoso país. Esta vez fuimos en la combi conducida por el papá de José y antes de bajar nos advirtió que debíamos mostrar cara de poco interés y regatear bastante para que nos vendan las cosas a menor precio. “Haberlo dicho antes pues José”, dije para mis adentros. Para ese día mi bolsillo ya estaba más ajustado que cuerda de guitarra.

Al bajar nos juntamos Cristian, Ricardo, Elizabeth y yo. En ese momento fui testigo de la magistral clase de regateo por parte del PHD. Ricardo Botello. Su técnica era infalible. Primero preguntaba el costo y fuera cual fuera el precio decía en tono despectivo: “muy caro” y lanzaba el producto con su “mirada de desprecio con barrida versión 2006”. Después daba la espalda al comprador y avanzaba con la mirada apuntando al volcán Cayambe. Cuando la vendedora vestida a la usanza otavaleña (vestido azul y camisa blanca) se le acercaba y prácticamente lo perseguía diciéndole “ ¿cuanto paga?” recién le tomaba atención y conseguía un precio asequible.

“Debe tener una familia muy grande”, bromeaba Elizabeth porque Ricardo tenia una lista inmensa para regalar. “Debe ser así” le respondí “de lo contrario va a tener que explicar muchas cosas cuando llegue a Lima”. En Otavalo seguíamos con la misión sacrosanta de hacer que Elizabeth desista de casarse. “Para qué te vas a casar- le decíamos-, la humanidad va a perder mucho si tu te casas. El día de tu boda cuando el cura diga ‘hay alguien que se oponga…’ todos vamos a ir en mancha y levantar la mano”, reíamos a carcajadas.

Al final nos fuimos a comer a un restaurante amplio y con una atención de primera. Nos dieron de entrada una copa con cebiche. Sin embargo, sin ánimo de ofender a mis hermanos de Ecuador, tengo que decir en honor a la verdad que el cebiche que se prepara en el Perú es incomparable. Fuera de ese detalle la cordialidad y la atención de los ecuatorianos no reviste la más mínima queja.

Al final regresamos a Tabacundo en otro vehículo manejado por el papá de José. En el camino, para no pensar que estamos muy lejos de las costumbres del país nos detuvo un “chapa” (para los peruanos “tombo” y para los bolivianos “paco”) es decir un policía, que al igual que en Lima detiene a los vehículos para “hacer la suya”, es decir coimear. A la policía se la respeta. No le de menos de 10 soles por favor.

Llegamos al Yagual, cansados, sin más ánimos que para comer e ir al hotel a reposar. Particularmente lo que quería es ir a acostarme. Solo por si acaso.

Sábado 23 de setiembre. Como era otro día libre ese día lo dedicamos a retomar la metodología del aprender jugando y a hacer un análisis interesante. ¿Qué juegos se escogerían y como se podría aplicar a la realidad de cada organización?, ¿se podría aplicar esta metodología a nuestras realidad?. Ese día también hubo una pequeña polémica al respecto. El compañero Martín , bastante cuestionador, manifestaba que a el le servia poco en su contexto. Y era una reflexión justa. Con los niños el aprender jugando se ajustaba a su proceso normal de aprendizaje, sin embargo. El tres en raya, el dominó, el ludo o el ajedrez ¿en qué servirían en grupos como el mío cuya temática es por ejemplo: el liderazgo, la identidad, los derechos humanos, etc?. Allí tuvimos un espacio interesante para cuestionar lo aprendido.

Después de ese trabajo. Nos tocaba hacer el análisis del taller y para eso nos pidieron que realizáramos un dibujo sobre varios items: organización, contenidos, facilitación, cohesión, grupo directiva. Lo que más llamó la atención al exponer en la plenaria fue el curioso dibujo que hizo el grupo de Silvana donde en un tren estaban dibujados todos los integrantes del mismo. Realmente esa chica tiene talento para el dibujo.

El ultimo e importantísimo punto era definir cual sería la ultima actividad de integración del grupo. Tras un largo debate, mucho más que el de las metodologías, se decidió por la fogata en el descampado del hotel. La mayoría aprobó la moción y así se hizo.

Previamente fui a pasear por Tabacundo y al mismo tiempo acompañé a Jeferson a comprar algunos discos para llevar a Lima. De Cajón, lo primero que busqué fue la canción Tabacundeña interpretada por “LOS DUROS “ de Tabacundo. Jefry fue más allá e incluso llevó su colección de reaggeton ecuatoriano y un Dvd con las imágenes del desfile de la fiesta de la cosecha.

Cuando llegamos al hotel ya se estaba preparando la fogata. Las botellas de ley iban circulando por sus instalaciones. Me desaparecí un buen rato para empacar mis cosas, porque sabía que ese transe me iba a tomar bastante tiempo. Peleándome con la maleta y recogiendo todas mis medias sucias y anexos pude por fin cerrar el bendito cierre.

Cuando llegué a la fogata la gente ya estaba “sazonada” pero fue curioso ver la alegría en los rostros. En el fondo sabíamos que muchos de nosotros difícilmente nos volveríamos a encontrar por las distancias geográficas sin embargo era claro que la amistad y lo aprendido se llevaría por siempre.

Martín con la guitarra y Valeska con el cajón animaban la noche. Valses, huaynos, baladas, boleros, trovas, se escuchaban a viva voz. Para matizar la noche se empezaron a contar chistes que fueron subiendo de tono al pasar las horas. Ese noche me fui a dormir temprano, me gustaría haberme quedado hasta más tarde, sin embargo mi razonamiento fue simple: voy a viajar dos días por tierra. No quiero morir en el camino con el malestar. Así que sigilosamente me fui a dormir, pero en silencio me despedía de Tabacundo, de sus estrellas innumerables y de su cielo divinamente azul.

Domingo 24 de setiembre. El ultimo desayuno en Tabacundo y para variar: huevo, café, jugo de naranja y pan con queso. Unas nubes caprichosas en el cielo anunciaban que iba a llover café en el campo. Para ese día estaba programada una gran pollada Tabacundeña en el Yagual y el humo proveniente del carbón que se intentaba prender debajo de la parrilla se expandía por todo el local. Ricardo con un cartón en la mano hacia denodados esfuerzos para encenderlo. Después hasta yo tuve que ayudar. Valió la pena. Nos dieron una mega pollada con una papa del tamaño de una pelota y una presa tan grande como gallina entera. No pude terminarlo. sin embargo el maestro Ricardo aplicando sus técnicas en digestión me miraba y me decía : “primer round” respiraba y luego se embutía con el pollo. “Segundo round”, anunciaba demostrándonos que no era en broma que se iba a terminar todo el potaje.

En la calle se escuchaba una banda de música que anunciaba otro desfile. Tabacundo seguía de fiesta, pero nosotros debíamos partir agradeciendo la atención de las chicas del yagual que siempre nos trataron con el mayor cariño, y que en cierta parte son culpables de los kilos que subí en Ecuador…jeje… pero no importaba. En nuestras mentes, estómagos y corazones las llevamos. Siempre.

1:30 pm. hora de subir al bus. Destino final: Aeropuerto de Quito. Nos despedimos de Frank, de Leonardo, de Cristian, de Mayra y de todos los chicos de Tabacundo. Fue un momento bastante emotivo. Ya en el Bus, José quien sería nuestro último guía se animó a contar nuevamente el chiste del pollito marihuanero que nos hizo a todos estallar en risa. En el largo camino nos quedamos dormidos y al despertar nos dimos cuenta que llovía torrencialmente en Quito, tanto así que un chorro de agua se filtró dentro del vehículo. Puede ser curioso, pero mientras estuvimos en Ecuador nos comentaban que en Quito no llovía hace un mes. Esta vez nos despedían con lágrimas del cielo.

Ya en el aeropuerto nos tocó despedirnos del resto del grupo. Pedro y yo teníamos que regresar por tierra, y Helene y Sofi tenían que ir a otro hotel a encontrarse con otra delegación para regresar a Europa. Aprovechamos para ir en un mismo Taxi. En el camino el taxista escuchaba el partido Emelec- Barcelona, y hablando de fútbol me decía que en Quito el chorri Palacios era bastante querido por su actuación en el LDU. Y yo le decía que los futbolistas peruanos solo juegan bien en sus clubes pero cuando se ponen la camiseta blanquirroja parece que les pusieran demasiado peso. Mejor dejamos el fútbol.

Llegamos a nuestro destino. El panamericano internacional nos recibía en ese día lluvioso. Nos despedimos de Sofi y Helena y bajando las maletas del taxi entramos a la agencia. Adentro una TV transmitía el partido del Barcelona-Emelec que lucía las graderías llenas. Pedro compró los boletos que nos llevarían directo hasta Huaquillas; el bus partió a las 7:50 pm. En el camino escuchamos a alguien hablar por teléfono. Y entonces al escucharlo hablar llegamos a la misma conclusión: “este compadre es de Lima”.

Cuando llegamos al control migratorio comprobamos esa teoría. Se llamaba Carlos y era de Sullana. Y con ese espíritu pícaro y juguetón se integró a nosotros con facilidad.

El viaje, larguísimo como lo esperábamos, nos dejó en nuestro destino a las 8 am. del lunes 25 de setiembre. Carlos, Pedro y yo. Con todos los bultos en la espalda decidimos pagar a un carretillero para que lleve nuestras cosas hasta el puente internacional. Una vez allí tomamos un taxi y listo. Ya estábamos en tumbes, por fin: !mis soles otra vez tenían valor!!!.

Esta vez si íbamos a viajar con estilo. ¿Oltursa? preguntó Carlos y nosotros no dudamos ni un minuto. Listo. Compramos el boleto a un risueña señorita que nos preguntaba si habíamos viajando antes en esta compañía. El boleto decía 4:00 pm. Eso significaba 8 horas para esparcimiento en Tumbes. Cual un reflejo condicionado lo primero que nuestros cerebros dijeron fue: CEBICHE, CEBICHE, CEBICHE.

Fuimos directo a la plaza de armas de Tumbes. El calor definitivamente es una bendición al reducir las prendas femeninas. !Grande Apu INTI!. Sin exageraciones: Carlos, Pedro y yo hicimos una peregrinación por casi todas las cebicherias de la zona y a un promedio de seis cervezas por local en 8 horas de recorrido no es difícil sacar la cuenta. ¡Cuanto extrañábamos el cebiche!. Sabor peruano. Sazón nacional.

Después de este tour por tumbes subimos al bus y nos estiramos a nuestro antojo. Esta si era atención de primera. Asientos suaves, televisión, terramoza, aire acondicionado. Un par de películas cómicas. En un Abrir y cerrar de ojos y casi sin darme cuenta ya eran las 10 de la mañana y arribábamos a nuestra inefable ciudad capital. En la terminal nos estiramos y nos despedimos con la promesa de encontrarnos más adelante.

Al final me quedé sentado esperando a mi viejo que me iba ayudar con ese bulto que tenia como maleta. Cuando lo vi lo abracé fuertemente y al ver su cabeza con varias canas, me dije: rayos, los años no pasan en vano. “¿Qué tal tu viaje? Me preguntó. “Excelente”, le respondí. “Vamos rápido, tengo mucho por contarte”.

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2 thoughts on “Un viajecito por Ecuador…

  1. hola como estas, buscando informacion sobre como ir a Ecuador y viendo miles de historias una mas desagradable que la otra, encontre la tuya y la verdad me parecio interesante, de hecho que tengo algunas dudas, y me encantaria

  2. hola como estas, buscando informacion sobre como ir a Ecuador y viendo miles de historias una mas desagradable que la otra en lo que se refiere al ingreso al pais vecino, encontre la tuya y la verdad me parecio interesante, de hecho que tengo algunas dudas, y me encantaria que me des algunos tips si es posible.
    yo viajare a Mancora y de ahi me quiero ir a Guayaquil.
    tengo que tomar un bus de Mancora a Tumbes y luego ir al control migratorio peruano es cierto?
    luego ahi puedo tomar el CIFA en el mismo Tumbes? para que me lleve directo a Guayaquil? el mismo bus espera a que en inmigraciones de Ecuador me sellen la entrada?, porque he leido en muchos blogs que para sellar la entrada se demoran mucho

    espero puedas responder mis dudas, y muchas gracias
    Saludos,

    Jessica

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