¿Si sigo mi vocación encontraré trabajo?

Por: Anddy Landacay Hernández

“Quiero ser mago”. Sí, Mago. Así, con mucha seguridad, nos decía un amigo del colegio del colegio cuando le preguntábamos qué quería ser cuando terminara quinto año. Lógicamente que no podía decirlo sin que toda la collera se matara de la risa y lo mirara con cierta conmiseración. Y ahora que ya no estoy en el colegio, que estoy en otra etapa de mi vida, con otras preocupaciones me doy cuenta cuan importante es no perder la motivación por hacer lo que nos gusta, es decir no traicionar nuestra vocación.

Y es que, renunciar a nuestra vocación es, sin duda, traicionarnos a nosotros mismos. Cortar nuestros sueños y nuestros deseos es como morirse de a pocos. Y eso pasa cuando no seguimos nuestra vocación.

Cuantas veces hemos escuchado: “Esa profesión es para morirse de hambre” o “¿si estudias eso donde vas a trabajar?”.  Y la voz de nuestros padres es la que resuena siempre en nuestras cabezas en el proceso de escoger una carrera que compatibilice con nuestros intereses.

Y son estas preguntas las que nos causan temor, las que nos angustian y martillan nuestras cabezas cuando pensamos en el futuro. Porque si elijo esto, talvez me equivoque y si escojo aquello talvez no gane mucho dinero, siempre la bendita duda, aquella duda que nos paraliza y nos impide decidir a tiempo.

Entonces vencer el temor es el primer paso, el punto por el cual hay que partir para iniciar el proceso de búsqueda vocacional y construir nuestro camino. No hay otra forma, todo empieza por desearlo nosotros mismos. No podemos quedarnos esperando a que nos traigan las respuestas y extender las manos al cielo. Hay que actuar.

Y lo primero que tenemos que hacer, como ya hemos explicado en otros artículos, es ver nuestras preferencias, nuestras aptitudes y actitudes, el qué nos gusta, para qué hacemos lo que nos gusta, como hacemos lo que nos gusta y dónde queremos estar.

El problema radica en relacionar siempre la vocación, con la profesión y la ocupación. Y es por este motivo que tenemos en nuestro subconsciente el siguiente esquema: vocación A me lleva a tener un trabajo A que me dará el sueldo A.  Y este es el esquema que rompe la cabeza de los chicos y de los padres y que nos hace dudar en nuestro proceso de búsqueda.

Hay que tener claro que no tenemos una, sino varias vocaciones. Alguna de ellas primará más que otra, pero las tenemos allí y renunciar a ellas sería finalmente un gran problema. Es cierto que hay profesiones que tienen una mayor valoración económica dependiendo el país donde se desarrolle; pero este no es sin duda, un motivo para renunciar a lo que nos gusta.

Siempre hay que apelar a la creatividad para desarrollar y a veces “inventarnos” un trabajo acorde con nuestra vocación. Los ejemplos de peruanos emprendedores abundan, mucho de ellos no encontraron un trabajo que “calce” perfectamente con su vocación, así que no encontraron mejor forma que inventárselo.

No hay que dejar de lado lo que nos gusta. Lo importante es hacer las cosas con pasión. Y como dice siempre Facundo Cabral: “Hagan las cosas solo por amor porque aquel que no trabaja en lo que ama, aunque lo haga todo el día es un desocupado”.

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