El síndrome magaly tv

Por: Anddy Landacay Hernàndez

¿Estas a favor o en contra de la condena a Magaly Medina?. Esta era la pregunta recurrente luego que la Jueza María Teresa Cabrera Vega del 27 juzgado penal de Lima ordenara prisión efectiva contra la lenguaraz conductora de Televisión el pasado 16 de octubre. Y esta pregunta inundaba blogs, canales, radios y todos los medios de comunicación posibles. En el trabajo, en la calle y en la casa, la pregunta inquisitorial era la misma. ¿Estás a favor o en contra? Y ante esta presión constante, mi respuesta no podía seguir sino esta lógica: Sí, pero también no o talvez lo contrario.

El problema del tema Magaly Medina es, aparte de su color mediático, el maniqueísmo al que uno es arrojado al responder una pregunta cerrada en un tema con tantas aristas y que esconde un trasfondo tan grande como un iceberg. La detención y encarcelamiento de la Medina no puede ser respondido con un escueto si o no; este tema debe analizarse bajo la lupa de la tranquilidad y reflexión, lejos, muy , lejos de las cámaras y flashes de la prensa.

Desde el punto de vista jurídico hay para todos los gustos: desde la respetable opinión de Luis Lamas Puccio que se muestra a favor de la medida, hasta la documentada posición de Valle Riestra que señala que esta condena es un exceso. Empantanarse en la discusión leguleya me parece una acción estéril, siempre considero que es mejor apelar al sentido común.

Nadie en el Perú, desde las época de la dictadura militar había sido condenado por difamación. Entonces la primera pregunta que deberíamos hacernos es: ¿Qué ha hecho la popular “Urraca” que ha motivado al poder judicial ha otorgarle esta sentencia inédita en nuestros tiempos?

Puntualmente: ser culpable del delito de difamación en perjuicio del futbolista Paolo Guerrero a quien además deberá pagarle 80 mil nuevos soles de reparación civil. No se le ha juzgado por antecedentes, ni por reincidencia, sino por este hecho puntual. Y lo que no puedo dejar de recordar cuando veo este tema, son los titulares de diarios de “gran contenido cultural” como el Chino, la Chuchi, Ajá, el men, etc. que destrozaban honras y difamaban y que tildaban de “maricón” a Gustavo Mohme, de “mostacero” a Jose Luis Risco, de “Chancho” a Andrade, de “Corrupto” a Castañeda, de “pirañita” a Toledo y siguen firmas.

Yo me pregunto: ¿Dónde estaba la valentía de esos jueces que hoy condenan a Magaly Medina?, y ¿Dónde está esa valentía hoy?, que yo sepa los Wolfenson, que hoy están libres, fueron a la cárcel por recibir dinero de montesinos y no por difamación. Y aún ahora, estos diarios hediondos siguen mancillando honras, tirando excremento a diestra y siniestra. Y, no obstante: ¿Cuantos directores de estos medios están procesados?. ¿Cuántos en la cana?. Ninguno. ¿ Por qué solo Magaly? , ¿Por estar en TV?. No pues compadre. O todos, o ninguno.

Ahora, en cuanto al hecho mismo, es curioso el tema de la hora. Se ha comprobado fehacientemente que Paolo si salió de la concentración, es decir cometió la infracción que denunció la revista de Magaly. Entonces otra pregunta que surge es: ¿si yo mato a alguien a las 8:00 pm y un medio de prensa denuncia el hecho y dice que fue a las 2:00 am, puedo denunciar al periodista por difamación?. Este hecho es otro sin sentido que revela cierta esquizofrenia judicial.

Pero saliendo del punto de vista jurídico, en el plano mediático se vio una reacción en cadena equivalente a la bomba de Hiroshima. Nunca he visto tanta rasgadura de vestido y escupidas al cielo en vivo y en directo. Creo que finalmente la Medina solo ha cosechado lo que sembró a punta de ampays y sin confirmares. También es cierto que la doble moral, y el falso discurso moralista de los medios de prensa no dudó en explotar el tema a su antojo.

La imagen de Lucar en el set de Magaly el día de su detención debe haber opacado la de años atrás cargando a Hugo Blanco en una marcha. Beto Ortiz ha hecho del tema un fetiche constante en su programa, Mónica Cabrejos no se cansa de hablar de los miles de dólares que gana mensualmente y sus casas en EEUU (como si tener plata fuera un delito) y todos los “ampayados” han hecho cola con un palo en la mano para darle a Magaly como si fuera piñata.

Y estos últimos fueron los más acosados por la prensa; pues en esta lógica perversa era un hecho que las “victimas” no iban a desaprovechar la oportunidad para devolverle el vuelto a la urraca. Sin embargo, la declaración más curiosa que escuché fue la de Bárbara Cayo que luego de una narración detallada de su “trampay” llegó a la conclusión que el cáncer que la afectó fue por culpa de Magaly.

De la misma forma, muchos de los ampayados han salido a declarar que la condena es justa. Aquí entramos en el tema de la eterna discusión entre el derecho a informar y el derecho a la intimidad, y de los límites del periodismo y la definición misma de qué es y qué no es periodismo.

Sobre el primero, bien ha recordado Bayly que el Tribunal Constitucional ha declarado que en un conflicto de intereses la libertad de expresión siempre prevalece sobre el derecho a la intimidad. Y la intimidad, en el caso de personajes públicos se reduce inevitablemente a la mínima expresión. Entonces es claro que quien opta por el camino de las luces y las fotografías tiene inexorablemente que lidiar con el incesante acoso de los paparazis o de los urracos.

Siguiendo esta lógica, cualquier acción en su vida, por más intima que sea será motivo de interés por parte de la prensa. Porque no es lo mismo que Perico de los palotes le saque la vuelta a su mujer, hecho que a nadie le importa, que haga lo mismo Juanes o Alan García, por poner un ejemplo.

Entonces, aunque pueda sonar a puritano, si la vida intima de estos personajes esta reducida a lo más elemental, solo les queda el camino de la prudencia en cada accionar de su vida. Creo que el problema de muchos de los ampayados es que han querido seguir haciendo su vida como cualquier hijo de vecino sin reparar en esta premisa.

En el caso de Barbara Cayo, descubierta en evidente infidelidad o en el caso de muchos otros personajes, resulta muy cómodo echarle la culpa de las acciones al mensajero. Magaly Medina hace periodismo, un periodismo matonesco que incurre en muchísimos excesos y que parodia, ironiza, satiriza y provoca a los personajes de la farándula. Eso no lo puede negar nadie. Pero también es un hecho, que encuentra en nuestro “choliwood” una inagotable materia prima para su retrato de miserias.

Y por eso los futbolistas deben ser los más felices con la detención de la urraca; porque ahora podrán salir a las calles a tomarse su chelas con total tranquilidad, sin que nadie les joda el vacilón, y ¿y el profesionalismo?. Esas son mariconadas que inventaron los Europeos.

Finalmente un punto muy importante que pocos han explicado es porque Magaly Medina ha tenido éxito en la TV. Magaly ha tenido éxito sencillamente porque ha entronizado una serie de estereotipos que existen en el imaginario peruano.

Magaly representa el cancerbero de la fama. La espada de Damocles de los ricos y famosos. Y es, al mismo tiempo, la tía chismosa del barrio, la fea que hizo plata y fama en base al raje. En un país en que el raje y los rumores son un emblema nacional, era lógico que su personaje chavetero tuviera éxito. Magali institucionalizó algo que ya existía en nuestra sociedad. Solo le dio forma y pantalla en horario familiar.

Por eso, aunque Magaly tenga muchos detractores y aunque la cofradía periodística se rasgue las vestiduras. Es un hecho que al salir de la cárcel y volver a la TV, quienes la aman y quienes la odian, estarán expectantes frente a las pantallas, presos silentes del síndrome Magaly TV.

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