Ese homo… el homo zapping

En su lejana tumba, Nietzsche se debe estar preguntando si ya llegó aquel superhombre que con tanta vehemencia profetizó en sus libros. Seguramente se estirará el bigote, fruncirá el ceño y masticando palabras en su rudo alemán se imaginará la forma y el vestido que debe estar llevando el depositario soberbio de la nueva moral. Por favor… no le digan a Nietszche quien es el hombre de hoy. Se moriría de nuevo si supiera que se ha apoderado de la tierra…. ¡el Homo Zapping!.

Contrariamente a lo que se esperaba, el homo zapping está demasiado lejos de parecerse al camello, al león o al niño. Está muy lejos de ostentar algún rasgo de superioridad moral o siquiera de independencia. Lamentablemente tengo que decir que cada vez se acerca más a los paisajes remotos del pre-cámbrico.

 

Sin embargo, es un hombre nuevo, un hombre moderno y librado (aparentemente) de mitos y supersticiones. Un hombre con la tecnología y la naturaleza a sus pies que no necesita nada más que su computadora, su TV de 200 pulgadas con sonido stereo, un par de títulos académicos y por supuesto una tarjeta dorada. Este es el hombre de hoy, el hombre de éxito, el modelo a seguir, el paradigma. Aquel que muestra una pseudo solidaridad regalando 10 céntimos en el supermercado luego de tirarse la plata en cosas tan ridículas como los celulares desechables.

 

Y en el colmo de la ironía bota a patadas al mendigo que le pide un pan en la puerta de su casa pero llora desconsolado cuando ve en la TV de cable un documental sobre la miseria en Ruanda. Precisamente a esto último debe su denominación. El homo zapping vive consumiendo hors y horas de TV basura sin ninguna capacidad de reacción. No concibe el mundo sin la “caja boba”, no puede resistirse a la tentación de tomar el control remoto para ser bombardeado por una avalancha de excremento que a veces parece darle un placer casi sexual. Entonces cabe la pregunta: ¿Se equivocó Nietszche en la elaboración de sus postulados? Yo creo que no. Nietszche no se equivocó en lo esencial, se equivocó sí, al escoger la especie que debía llevar adelante tamaña empresa. Si el gran pensador alemán hubiera elegido –por ejemplo- a los delfines, a los caballos o a las ballenas, su propuesta se habría realizado hace muchísimo tiempo.

 

A pesar de que quiero negarlo, tengo que reconocer que no exagera Robles Godoy cuando afirma que “la humanidad no se terminará con un cataclismo, ni con un huracán, sino en un pedo”. Es decir, en medio de la hediondez y la putrefacción de su mediocridad evidente. Y al igual que en un relato borgesiano, la tierra de los hombres tiende a convertirse fatalmente en una cámara interminable de imbecilidad y postración.

Y cuando el último viento se lleve como un suspiro macondiano a esta, nuestra “especie superior”, seguramente gobernarán con más decencia: las cucarachas, las hormigas y los ratones. Mientras tanto… no le digan nada a Nietzsche.

15 de Octubre del 2002

 

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