Sobre El “Perreo” Y Otros Demonios

Por: Anddy Landacay Hernández

En los últimos meses el “perreo” parece haberse convertido en un tema de trascendencia nacional, muy por encima del encarcelamiento de Almeida, del ITF o de la siempre alicaída imagen presidencial. Pues bien, para no quedarme al margen de esta vorágine que ha despertado algunas “iras santas”, en las próximas líneas intentaré una aproximación a este asunto tan deliciosamente controversial.

Partamos de lo más simple. ¿Qué es el perreo?. Respuesta : el perreo es un de los bailes de un género musical llamado reggaetón. Este género nace de diversas influencias como el reggae, el hip hop y el sandungueo y al igual que en nuestro país comenzó difundiéndose en las calles gracias a los grupos “underground” a los que la marginación y la pobreza les inyectó una vitalidad inesperada.

Es decir, nace en los suburbios y se convierte en un fenómeno social que causa polémica. En nuestro país ha de seguir la misma lógica. Si bien las canciones tratan temas diversos el 80% de las letras tienen un contenido netamente sexual, matizado con el “spanglish” y con giros lingüísticos de lo más curiosos:

“seguroski, cabronski

te dije que en la disco

soy el más perroski
hasta bajo que muevan ese culoski
que esta noche nos fuimos algaretoski

Pero es precisamente el juego libidinoso de las letras y el baile lo que ha causado espanto en nuestra sociedad. Esto tiene una explicación muy sencilla, el sexo mostrado tan abiertamente causa horror en las mentes pacatas y moralistas de nuestro mundo “cristiano y occidental” en cuya concepción el sexo viene a ser casi contracultural y debe ser ocultado por indecente a nuestros niños, mucho más si se canta así:

“‘tas calentándote
yo calentándome
tu dices que tu eres brava
eso lo quiero ver
sigue bailando, girl
sigue cucandome
que te vo’a pegar bien duro contra la pared
‘tas calentadote
yo alentándome
tu dices que tu eres brava
eso lo quiero ver
sigue bailando, girl
sigue cucandome
que te vo’a pegar bien duro contra la pared…”

Se habla mucho de proteger a los menores de esta “plaga”, sin embargo, es curiosa la división que se hace sobre lo que es “bueno” y “malo” para ellos. El esquema es más o menos así: se le permite ver al niño dibujos animados violentos, escenas de masacres, bombardeos, asaltos, drogadicción, pero si por ahí llegan imágenes o elementos que hagan alusión al sexo, en ese momento se les envía al cuarto a dormir.

La realidad nos dice que exaltamos el sexo, vivimos por él, todo el psicoanálisis está sustentado en la teoría de la represión sexual, pero siempre hemos de hablar de sexo a escondidas, a media voz. El sentimiento de culpa judeocristiano asoma siempre a nuestro inconsciente y revela que tenemos una moral esquizofrénica que se rige por intereses y estereotipos decimonónicos.

Tampoco podemos decir que estas canciones son ejemplo de corrección y pulcritud. Sin embargo hay que opinar al margen de nuestras emociones y miedos. Las letras son profundamente reveladoras de una curiosa realidad psicosocial. En ellas el varón es prácticamente una máquina sexual y la mujer es una “loba” o “gata sedienta de placer”:

“Donde están las gatas solteras
Donde están las gatas solteras
To’a mis gatitas que son fieras
(Contigo hasta abajo!)
Donde están las gatas solteras
Donde están las gatas solteras
To’a mis gatitas que son fieras
(Contigo hasta abajo!)
Es que esta noche tu estas bien dura
Mami, chula, tu cuenta y jura
Sentiras to’ mi calentura
Soy un perro en la noche oscura
Te vo’a dar la melaza pura
Pa’ que sepas que es de abertura
Vente, vamonos de aventura
Conmigo vas a la segura.”

Es decir se sigue la línea de los estereotipos, de los roles machistas y de los mitos que han originado tantas patologías sexuales. Entonces encontramos al igual que en la cotidianeidad a al hombre que compite con otros “machos” por ver “quien la tiene más grande”, “quien dura más” o “quien se levanta mas hembritas” y esto coincide con el discurso ignorante de gran parte de nuestra sociedad. Lógicamente quienes lo bailan y quienes hacen esta música no tienen la culpa porque no son conscientes de que siguen patrones establecidos.

Aquí son afectados tanto varones cuanto mujeres. Los varones por seguir el rol de “poderoso” y “autosuficiente” y la mujer por quedar reducida ” a fuente de placer”, “ente pasivo” y “gata celosa”. El resultado: una profunda miseria en términos sexuales y psicológicos. La creencia le ha ganado una vez más la partida a las ideas.

El baile para una música y letra de este tipo, obviamente tenía que tener también una gran connotación sexual, tenia que ser fuerte y provocador. El “perreo” encarnó a cabalidad estos requerimientos musicales. El origen del nombre es interesante:

El antecedente está en lo que se llamaba el “culeo”, que fue de donde nació el controvertible “perreo”. El “culeo” es un baile que se pegó por realizarse sin pareja, ya que la persona movía su trasero de frente hacia atrás de manera rápida. El “perreo”, sin embargo, se hace pegando el cuerpo con otro, ejerciendo diferentes movimientos y rozando de frente a la otra persona, de lado o nalgas con nalgas.
Durante el “perreo” se puede hacer el famoso paso de “hasta abajo” que consiste en mover la pelvis suavemente hasta llegar al suelo.

El cantante Nicky Jam explica que el baile del “culeo” era en un principio “algo underground hasta que salió al público. Hasta los bebés culeaban. Así pasó con el perreo que es algo que nació en Puerto Rico, en la calle”.

Además con cierta nostalgia hace una diferencia “sustancial”: “Antes las muchachas a través del culeo movían el trasero para atrás bien rapidito. Y ahora el tiempo del “perreo” bajó a 94, porque el ritmo del culeo era de 116 que va más rápido. Pa’ el tiempo de ahora es un poco más lento y por eso el cambio del baile”.

Como vemos, el nombre no es gratuito, si bien nace de la jerga centroamericana (“perreo” quiere decir seducir con el trasero) la imagen que se nos viene a la mente casi de inmediato es la de ese can que procrea en cuatro patas, pero también alude a esa pose erótica en la cual la mujer asume un rol pasivo y el hombre controla la situación amatoria.

El ser humano ha separado la sexualidad productiva de las experiencias netamente placenteras. El sexo humano se llama “erotismo” y en el entra a tallar la imaginación, los juegos sexuales, las fantasías, el “kamasutra” y sus interminables poses. A ellos apela el “perreo” para hacerse 100% provocador.

Las contorsiones en las pistas de baile, los rostros exaltados, el sudor, las pasiones desbocadas, son un mensaje a los “centinelas de la moral”. Ellos están diciendo: “yo hago lo quiero y no puedes hacer nada por evitarlo”. Esta es una actitud típicamente adolescente y que parece extenderse a quienes ya no lo son.

Lo que es evidente es que para buscar soluciones no hay que ser maniqueos. Este es un país libre, por ahí dicen que hasta “democrático”, donde cada uno tiene derecho a escuchar y a bailar la música que le de la regalada gana. Intentar prohibirlo me parece una estupidez monumental (no me extraña que esas propuestas salgan del congreso ) porque lo que provocaría es una mayor rebeldía. Lo que es más evidente aún es que el ejercicio de la libertad implica también una responsabilidad sobre nuestros actos que impida que nos convirtamos en esclavos de nuestras pasiones, esto tiene que ver con una palabra muy simple: MADUREZ.

Lamentablemente a la mayoría de nuestra gente no se le puede pedir madurez. Y cuando antes hablaba de ADOLESCENCIA me refería también a su raíz lingüística que quiere decir “adolecer” es decir “carecer” y nuestra sociedad carece de madurez, porque sus miembros han demostrado hasta el cansancio una miseria tremenda, una estupidez galopante y una falta de horizontes espantosa. El mundo contemporáneo se ha reducido a lo lúdico y excrementicio, a la discoteca, a la cantina, al dialogo trivial y a la TV. En este contexto pensar que prohibiendo un genero musical se van a solucionar los tremendos traumas sociales, resulta una reverenda cojudez. En todo caso nuestros cuadrúpedos amigos ya se están ofendiendo de que los humanos “perreen” tanto.

06 de Abril del 2004

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