LA CAMA VACÍA

Por: Anddy Landacay H.

apoyocamaMeterse a la cama con alguien es fácil. El problema es que algunos quieren quedarse ahí para toda la vida. Lo admito, esto de estar para siempre con alguien es para valientes y en cuyo caso yo me declaro tremendamente cobarde.

Sobreviví a 6 años de matrimonio, y confieso que al igual que con lo paranormal siempre he sido un escéptico en estos asuntos conyugales. Y así como lo extraterreno está lleno de historias, mitos, temores y fantasmas, el matrimonio está lleno de deliciosas e incontables perlas. Todo a precio de fábrica.

Creo que el problema del matrimonio es que hay personas que sueñan con la estampita nupcial desde niños, y en esto parece que son más afectadas las mujeres que los varones. Señores: Disney y los culebrones de Televisa tienen la culpa.

Sí, estamos jodidos por estos hits que van desde Rosa Salvaje hasta María Mercedes, porque son estos programas y películas los que han alimentado durante años un estereotipo de pareja ideal con final feliz en la Catedral y con un culo de cojudos tirando arroz en la puerta al ritmo de la marcha nupcial.

Estas figuras mediáticas han puesto la vaya muy alta. No jodan pues, el mundo real difícilmente tiene galanes a caballo o vestidos de Mariachi.

Creo que el asunto de fondo es empezar a revisar cuanta posibilidad real tenemos para vivir con otro. Eso quiere decir analizar cuanto valoramos nuestra cama vacía.

Eso quiere decir cuánto valoras llegar a tu casa y encontrar tu cuarto tal como lo dejaste, en mi caso, mis libros por todas partes, medias por un lado, calzoncillos por el otro y tener la seguridad que al llegar por la noche luego de una larga jornada de trabajo, nadie pero NADIE te va a joder.

Soy un desordenado compulsivo. Bueno yo lo llamo ORDEN ALEATORIO. Mi orden sólo dura minutos, mis procesos creativos mueren en cuanto aparece el orden, no puedo, lo siento, lo he intentado pero creo que en el fondo soy un anarquista, las reglas, las normas, las imposiciones, el tener que dar explicaciones me sofoca.

Tener que compartir con alguien la cama es una tarea titánica. Obviamente no me refiero a los momentos cuando estas tirando, sino cuando se acaba el sexo y tienes que hablar con quién tienes al lado o tienes que aguantar sus manías y costumbres.

 Aquí tienes que evaluar si quieres renunciar a leer en la cama, si a tu pareja no le gusta dormir con la luz prendida o si al revés, si tienes el sueño frágil y a tu pareja se le ocurre ver una película a las 12 de la noche, o si ronca, si se tira pedos, si fuma en la cama, si le gusta dormir al lado de la pared o al borde de la cama, si se levanta de noche, si se mueve como poseído buscando acomordarse, etc.

Estos son detalles que pueden parecer pequeños, pero como bien dicen los especialistas: a la larga son motivo de divorcios o separaciones de hecho.

Básicamente es un tema de libertad. De cuánto valoras tu libertad o cuánto estás dispuesto a perder de ella en razón de un vínculo para toda la vida. O si tienes hijos, para mantener una familia.

Hay que evaluar cuanto de nuestro deseo de matrimonio no es más que una obligación social mezclada con el marketing telenovelero y cuánto en realidad es nuestro propio deseo y/o necesidad.

Mejor evaluemos nuestra propia capacidad de tolerar al otro y en razón de eso, definir si queremos hacer infelices a otros para toda la vida u optamos por una soledad activa, una en la que seamos auténticamente felices, libres y rindiendo un constante homenaje a nuestra enorme CAMA VACÍA.

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