“SÍ SEÑOR, CLARO SEÑOR”. DE FELPUDINIS, PIQUICHONES Y DEMÁS ADULADORES.

Por: Anddy Landacay

AduladoresEn la TV peruana de los ochentas había un sketch bastante conocido llamado “El Jefecito”.  En ésta parodia de las ocurrencias en una oficina, interactuaba “El Jefecito”, encarnado por el recordado Antonio Salim, la secretaria “Chelita” una cándida y sensual Analí Cabrera y desde luego “Felpudini” personificado por el popular Rodolfo Carrión. Es este último personaje que llama mi atención porque precisamente encarna algo que es una constante en nuestra sociedad: Los aduladores.

El nombre del personaje que interpretaba Carrión era bastante gráfico: “Felpudini”. Este nombre deriva de Felpudo que es ese tejido en forma de felpa que se pone frente a la puerta para que la gente se limpie los pies antes ingresar.  Sabiendo esto, creo que no necesita mayor explicación.

Otro personaje de este grupo selecto de aduladores se podía apreciar en la rutina de Camotillo el Tinterillo con el famoso “Piquichón” interpretado por el actor Víctor Prada y luego por el carismático Ramón García. Sí, aquel pequeño partidario incondicional que con franela o escobilla en mano “sobaba” los hombros y aplaudía a rabiar luego de cada discurso de Camotillo.

Es obvio que podemos reconocer estos personajes en todas partes. Los llaman de varias formas: franeleros, sobones, chupamedias, arrastrados, ayayeros, portátiles, etc.

La adulación es un arte muy antiguo. Ha estado en todas las culturas y tiempos. Ésta se deriva de una situación de conveniencia y es una hija putativa del poder. Todos los que detentan algún poder, político, económico, militar o social tiene necesariamente una corte de aduladores detrás.

El adulador es una persona tremendamente egoísta. No piensa jamás en el prójimo, sino en uno mismo, busca su propio beneficio sin importar las consecuencias.

Pero aquí hay que hacer una aclaración: hay que distinguir entre el hecho normal de cuidar los propios intereses que es algo que hacemos todos pero sin renunciar a tener una identidad, una independencia y una ética y otra muy distinta es despersonalizase para conseguir objetivos subalternos.

Lo fundamental en el adulador es esto último: se despersonaliza. Renuncia a tener un discurso y un pensamiento propio y además es tremendamente inmoral, es incapaz de generar compromisos con los demás, ni siquiera con el jefe o el líder al que adula. Solo repite lo que le han programado a decir.

Esto es interesante. El adulador siempre tiene que decir lo que el jefe quiere escuchar. Jamás cuestionar, jamás oponerse, jamás esbozar la palabra “pero…”. Debe ser un apéndice de los deseos y ocurrencias del que está arriba. Me recuerdan mucho a este personaje de Looney Tunes:

Lógicamente no todos pueden ser aduladores o felpudos. Hay que tener un tipo de personalidad especial para ello. En el fondo los piquichones son personas tremendamente mediocres y temerosas. Desconfían de sus propias capacidades y habilidades, se saben tremendamente limitados, por eso lo “único que les queda” es ligarse al poder, aun a costa de convertirse en el títere de alguien más.

Otro ítem fundamental en los aduladores es la traición. Mientras más personas delates, mientras más información obtengas, más poder obtendrás. Si eres los ojos y oídos del jefe o líder hasta en los pasillos, baños o viajes ten por seguro que te ganarás un ascenso (piensa el felpudo). No importa cuántos mates en el camino, todo vale para aferrarse al cargo o puesto que tenga.

En el fondo los aduladores son un gran problema para el mundo empresarial, político o gubernamental. Pueden parecer graciosos o necesarios, pero en el global son un atraso. Y aquí depende mucho de la capacidad de los líderes de mantenerlos a buen recaudo y de saber manejarlos.

Los aduladores les hacen un gran daño a los líderes porque los vuelven miopes, los aíslan de la realidad, les impide ver con solidez como está el panorama.

Es una lógica sencilla, si te dicen siempre que todo está bien ¿Cómo se supone que voy a mejorar lo que estoy haciendo mal?

Un verdadero líder debe saber que los aduladores solo hay que escucharlos, pero jamás darles poder, ni confiar, ni menos rodearse de ellos porque el resultado será la muerte a mediano plazo de cualquier proyecto serio.

Los verdaderos líderes deben darse cuenta de que lealtad no es subordinación. Que la única forma de crecer es rodeándote de gente ecuánime, con valores y que es capaz de tener los huevos de señalar tus errores y a la par ayudar a corregirlos para crecer.

Lamentablemente en muchos países latinoamericanos no se aplica la meritocracia sino la franelocracia, esa que genera tanto daño y que hace que sigamos siendo el mendigo sentado en un banco de oro.

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One thought on ““SÍ SEÑOR, CLARO SEÑOR”. DE FELPUDINIS, PIQUICHONES Y DEMÁS ADULADORES.

  1. De hecho mi estimado, esos llegan al mazo. Porque harían cualquier cosa para pegarse como sanguijuela al que tiene poder. No tienen escrúpulos y su único objetivo es saciar su apetito de poder que no pueden conseguir por sí mismos. Conozco a varios así.

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