¿CÓMO CAERLES BIEN A TODOS? FÁCIL: SÉ HIPÓCRITA.

Por: Anddy Landacay Hernández

HOMBRE LOBOSospecho de las personas que le caen bien a todos. Hay algo en ellos que me motiva ciertas dudas y temores. Seamos sinceros,  en un mundo tan diverso es imposible caerles bien a todos y siento que eso está reñido a algunas cosas elementales llamadas: personalidad, identidad, opinión, ideas propias.

Recuerdo unas palabras de José Carlos Mariátegui en una de sus famosas cartas a Ruth, que decían lo siguiente: “Es ciertamente fastidioso tener enemigos, pero no vale la pena hacer un esfuerzo por evitarlos. También sería desesperante que todo el mundo hablase con cariño y elogio de uno. Si conmigo ocurriese esto, yo tendría mala idea de mí mismo. Una estimación unánime me indignaría. Yo nunca la buscaré”.

Las palabras del Amauta encierran una gran verdad.  Es bueno que le caigas mal a alguien (o a varios). Es el precio de tener principios, ideales, convicciones. Así como hay gente que coincidirá contigo habrán personas que les joderá en el alma escucharte o leerte y que vomitarán bilis al oír si quiera tu nombre.

No tienes que cambiar tus posiciones o ideas para congraciarte con personas que piensan cosas absolutamente reñidas con tus convicciones éticas. Solo las personas camaleónicas, hipócritas o con intereses particulares buscan caerle bien a todos o a determinadas personas.

Este es un arte maquiavélico que no comparto, ni compartiré. Jamás podré defender ideas que me causan repugnancia ni podré sonreír con las cosas que me indignan y enervan. Sin embargo, he podido ver a lo largo de mi vida personas que tienen esa enorme capacidad de sonreírle a todos, de decir sí a todo, sobre todo hacia personas que ostentan un cargo conveniente o estratégico.

Por eso sospecho de las personas que les caen bien a todos. De esas personas que cuidan cada palabra que usan para evitar “ofender” a los otros. Eso es una mierda, hay que hablar con respeto sí, pero muchas veces habrán personas que se ofenderán no con la forma sino con el fondo, entonces la única forma de evitarlo sería o que calles tu opinión o que la cambies.

Esto último me parece asqueroso y propio de los farsantes. Estas acciones crean un mundo pusilánime, aunque lamentablemente mucha de nuestra vida política y empresarial está hecha de esta cultura de la mentira artera, doble moral e hipocresía.

Me recuerdan mucho a éste personaje de un programa cómico argentino:

Yo prefiero y estimo a las personas que tienen la sana costumbre de decir las cosas de frente. Aquellas que pueden “romper el pacto infame de hablar a media voz” como bien diría González Prada.

Es cierto, la verdad jode, y admitir que uno está equivocado jode el doble. Y mucha gente le tiene pavor a la verdad, prefieren vivir aferrado a una mentira, a un dulce engaño que les garantice que la realidad se acomode a sus deseos.

Cuando era un chiquillo me preocupaba mucho y me dolía que algunas personas se molestaran conmigo por expresar una idea contraria, con el tiempo me di cuenta que es una total pérdida de tiempo preocuparse por acomodar tus ideas a los deseos de otros. Si no te gusta lo que digo a llorar al rio.

Jamás tengas miedo de expresarte, de decir lo que piensas, puesto que aquello es lo que hace tu identidad, tu personalidad, es tu esencia. Pero eso sí, argumenta lo que dices y hazlo con respeto pero con fuerza. No tengas miedo del que dirán, el mundo está hecho de gente melindrosa y lo que necesitamos para hacer un mundo mejor es gente sincera, real, transparente.

La hipocresía me genera un rechazo visceral, me enerva, me subleva y por eso estoy seguro que los que nunca se pelean con nadie, que no ofenden a nadie con sus ideas, que le sonríen a todos, con toda seguridad están mintiendo, porque el mundo no es homogéneo ni todos pensamos igual. Además sería una mierda que fuera al revés, sin ideas que se opongan no nacería nada nuevo.

Así que ya sabes, si quieres caerle bien a todos: miente y nunca digas lo que piensas.

PD: Por las razones expuestas es probable que jamás sea diplomático, ni pastor, ni político, ni tenga cargo alto alguno en empresas donde no se aplica la meritocracia sino la lemebotacracia.

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