LA INSOPORTABLE VACUIDAD DEL SER… (JOVEN) HOY

Por: Anddy Landacay H.

imagesHace unos días recordaba con mi buen amigo Iván aquellas épocas cuando teníamos 16 años y aún éramos unos cojudos indocumentados que estaban por terminar el colegio.  Recordamos como, sin internet de por medio, la fórmula fácil para las tareas era comprar esos resúmenes de las obras literarias que vendían en el paradero 5 o reciclar la tarea de algún primo o hermano mayor. En 1996 las condiciones no eran iguales a las de ahora. Pero éramos adolescentes y  por lo tanto era la época propicia para las cojudeces, huevaditas y alpinchismos.

Nos cagamos de risa recordando las porno en VHS que el “Tío bigote” nos alquilaba de contrabando, previa chequeada del “catálogo del mal”. Nos tirábamos la pera en las actuaciones para ir “al vicio” que en ese entonces era el Súper Nintendo con el “Soccer Excitante”. Nos agarrábamos a predradas en nuestras “clases de educación física” rumbo a la loza deportiva.  En fin, hacíamos una serie de cojudeces propias de la edad.

Hablábamos de fútbol, mucho fútbol, harto fútbol. Que si Baroni es mejor que Waldir, o si Reynoso es un traidor, que Nunez le pegó a Kopriva, o de farándula: ¿viste de 2 a 4 con Raúl Romero haciendo su beso chupón con tirabuzón?  o la infaltable de los lunes: ¿Viste León, Peleador sin Ley con Van Damme en Cine Millonario?

En mis épocas cojudas admito con hidalguía que escuchaba Salserín y hasta me vestía como ellos. Me hice el clásico corte hongo y piteaba si la casera del mercado no me conseguía un pantalón carpintero.

Pero lo curioso, es que aparte de eso. Leíamos mucho. Leíamos a Bécquer, a Machado, a Góngora, a Quevedo, a Unamuno, en fin, toda la colección de libros de la revista Gente que mi viejo me dejo en herencia. Además, cosa increíble hacíamos la tarea a mano, leyendo libros y estudiando de verdad.

Y mientras mi buen amigo Iván gustaba del buen cine, del teatro y Ribeyro. Yo leía y releía los 7 Ensayos y trataba de entender a Viviane Forrester con su Horror Económico.

Una vez acabado el cole, visitábamos Quilca, Amazonas y toda librería ambulante que encontráramos a nuestro paso. Nos preocupaba la realidad del país, y lo curioso es que podíamos conversar con varios amigos al respecto.

Todos sabíamos quién y qué era Sendero Luminoso. Todos sabíamos, al menos, quién era el presidente y qué es lo que pasaba en el país. No sólo lo habíamos leído, lo habíamos vivido in situ.

Creo que el haber vivido buen tiempo a oscuras nos sirvió de mucho. Y ésta es la principal diferencia entre mi generación (adolescente) y la generación actual.

Nosotros (sobre) vivimos mucho tiempo sin internet, sin cable y sin energía eléctrica. Y al no poder hacer prácticamente “nada” después de las 6 pm, solamente nos quedaba conversar o reflexionar sobre la vida. Fuimos pequeños filósofos a la fuerza.

El ocio y el silencio son dos factores claves para el ensimismamiento. Elemento fundamental para pensar. Yo recuerdo que a oscuras repasaba todos los aspectos de mi vida o del día, había mucho tiempo para pensar e imagino que lo mismo le ocurría a muchos de mis amigos.

Por eso, cuando nos juntábamos podíamos ejercer plenamente el arte de la conversa. Con las limitaciones propias de la edad, pero todo nos podía servir como tema de conversa en profundidad. Eran épocas en que queríamos y soñábamos (inevitablemente) con cambiar el mundo.

En la actualidad vivimos en una época de estímulos y sobre-estímulos.  En corto tiempo hemos pasado de la TV y la radio a la interactividad del internet mediante las tablets, laptops, y celulares de última generación.

Esto ha afectado incluso a los niños. Los juguetes de madera, los juegos como el trompo, las bolitas, los yo-yo, o juegos que impliquen actividad psicomotriz como las chapadas, las escondidas, matagente, lingo, etc. son en estos tiempos, poco menos que piezas de museo.

La socialización que antes se lograba en las fiestas, en los parques o en otros lugares públicos ahora se ha trasladado a las redes sociales virtuales como Facebook o Twitter.

Esto ha generado problemas de interacción en el mundo real, lo cual deriva en dificultades para hablar en público o simplemente llevar una conversación sencilla. Los problemas que ocurren en países como Japón, con el serio problema de aislamiento de sus adolescentes o en Italia donde hasta se ha abierto una clínica para tratar a adictos al Facebook son claras muestras de ello.

Los jóvenes de ahora tienen las cosas un poquito más fáciles gracias a la tecnología, pero lejos de utilizarla como herramienta para un fin específico, están dejado que sea ésta herramienta quien los gobierne y los despersonalice hasta la estupidez. Solo escuchen una conversación de chicos de secundaria promedio o universitarios y verán a qué me refiero.

Entiéndase bien: no estoy en contra de la tecnología, sería una tontería pensar que debemos retroceder en éste aspecto, pero lo cierto es que debemos volver al ser humano por encima de la máquina, y no al revés.

El celular no es el problema, ni cualquier otro aparatejo. El problema somos nosotros. Hemos dejado que el entorno nos invada. El silencio, el ocio, se hace cada vez más difícil. Ni siquiera podemos dormir bien porque las alertas en el celular del Face, del Whatsapp o de cualquier otra aplicación nos tienen pendientes de eso.

Debemos darnos tiempo para la Desconexión, para salir de esa “Matrix” por un buen rato y volver al mundo real. A correr, a caminar, a jugar como cuando éramos niños.

En eso los padres tenemos una gran responsabilidad. Pero no punitiva, sino formativa. No le quites el celular o la tablet a tus hijos, pero déjalo que te vea leer, estudiar, investigar. No le prohíbas que vaya a jugar en línea, mejor dile que te acompañe al museo, al teatro, al circo o a una Biblioteca o simplemente a dar vueltas en el pasto. Convérsale de temas importantes, háblale de Esto es Guerra o de Enchufe TV si quieres, pero no te olvides de decirle quien fue Vallejo, quien fue Pedro Paulet, o quiénes son los principales referentes en la historia de su propio país.

Entiende que la TV  o la computadora no son niñeras que suplirán tu rol como padre. Enséñale que no todo en la vida es verse como Nicola Porcella o Natalie Vértiz, tener el súper carro o ganar dinero, déjale claro que los chicos son más interesantes cuando tienen Dentrura, contenido, escencia y con ello, pueden expresar una opinión sobre temas importantes.

La juventud y la belleza son pasajeras, pero las ideas y una conversación agradable quedan para siempre.

Ayúdalo a que vuelva y valore las cosas simples como hacíamos antes. Y quizás, solo así, no sea parte de la insoportable vacuidad del ser (joven) hoy.

 

 

 

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One thought on “LA INSOPORTABLE VACUIDAD DEL SER… (JOVEN) HOY

  1. Me parece que en esas épocas no eramos tan idiotas como pensaba que eramos comparado con los chicos de hoy en dia al final nuestras carencias nos ayudaron a sobresalir y entender aun mas lo que nos rodea

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