¿POR QUÉ ESTARÉ EN LA “MARCHA POR LA IGUALDAD”?.

Por: Anddy Landacay H.

11035464_1089791764380293_1622492163721296735_nUna amiga muy preocupada por mi apoyo al tema de la Unión Civil y la lucha contra la homofobia en Facebook me dijo hace poco: Tengo que preguntártelo: ¿Eres gay? Le respondí con una gran sonrisa: No, pero si lo fuera créeme que no tendría ningún problema de decirlo públicamente porque la homosexualidad no es ninguna enfermedad, ni perversión moral, ni determina si uno es buena o mala persona.

¿Entonces por qué lo apoyas tanto? Me volvió a preguntar. Simple. Porque me indigna la discriminación, me asquea que se convierta a alguien en ciudadano de segunda clase, basándose en prejuicios religiosos o sesgos y estereotipos sociales.  Y peor aún, que el Estado valide y promueva la discriminación con esos mismos argumentos, específicamente en el caso del Proyecto de Unión Civil archivada en comisión.

Quienes me conocen saben que tengo muchos años apoyando iniciativas de reivindicación social en temas de discriminación en general. Y así como me indigna que se margine a alguien por su color de piel, por su género, o por su posición social, me molesta e indigna que se excluya a personas por su orientación sexual.  Mi respuesta ante estos casos es visceral. No lo niego. Yo no podría fomentarle valores a mi hija promoviendo el odio hacia otros seres humanos por una característica tan natural como ser zurdo o diestro.

Mi apuesta por esta lucha es de raíz. Además he sido testigo presencial de como los homosexuales sufren en nuestra sociedad, no por su condición natural, sino por lo estúpida y prejuiciosa que es la gente en nuestro país.

Recuerdo muy particularmente el caso de una pareja gay con la cual trabajé hace muchos años. Lo curioso es que ésta  pareja no mostraba públicamente su condición, ellos no sabían que yo conocía su orientación sexual y era algo bastante penoso ver cómo trataban de representar en mi presencia su papel de “sólo amigos”.

Para mí fue muy fácil darme cuenta a través de miradas y gestos lo mucho que se amaban. Nunca tuvieron la confianza para decírmelo abiertamente, ni yo tampoco los iba a obligar a decirlo.

Lo cierto era que sentía mucha pena por ellos, no por su condición, sino por la terrible situación en la que la sociedad los ponía y ellos aceptaban esa situación, es decir,  cómo en la calle, o en lugares donde había terceras personas no podían manifestar sus afectos ni siquiera con un simple agarrón de mano.

En ese momento yo le decía a mi novia: ¿te imaginas que nosotros no pudiésemos manifestar nuestro amor libremente sólo porque a unos cojudos le parece indigno que nos vean de la mano? ¿O tener que fingir que no nos queremos porque en un libro de más de 2000 años dice que los “Heterosexuales no entrarán al reino de los cielos”? Hagan un simple símil, y verán lo injusto que resulta.

También tuve un gran amigo y compañero de trabajo que era gay. Un gran activista de los DDHH, con quien nos prestábamos bromas y quien sufrió mucho también por la presión social que le trajo problemas a nivel personal, tanto así que la depresión terminó llevándolo a la muerte. Nunca dijo abiertamente que era gay, pero nosotros lo sabíamos. Y también guardó su dolor, y cuando guardas mucho dolor, lo terminas llevando a la tumba.

Por eso cuando salgo a la calles, a sumarme a la marcha, no estoy pensando en mí, en lo fácil que es la vida de los heterosexuales que tenemos nuestros derechos completos, y que no estamos estigmatizados socialmente.

Cuando salgo a la MARCHA POR LA IGUALDAD, pienso en tantos otros chicos, niños, adolescentes y jóvenes que están escondidos, que están sufriendo ahora mismo mientras tu lees esto en la comodidad de tu compu o tu celular; pienso en esas personas que tienen que reprimir su sexualidad para congraciarse con la familia, con los amigos, para que no salgan a la calle y les digan maricones, o les haga bullyng en el colegio o la universidad, o en aquellos que viven con el temor de salir a la calle y en la noche un grupo de desadaptados los acuchillen o agarren a patadas, o como en lugares de la selva o de la sierra donde, al igual que en el Estado Islámico, las “rondas” los azoten en las plazas y les corten el cabello. Esto señores pasa en nuestro país, aunque muchos se hagan de la vista gorda.

21086_1089793864380083_965096978768171905_nPor estas razones estaré en la MARCHA POR LA IGUALDAD, y en todas las que sean necesarias, porque no podría enseñarle a mi hija el valor de la solidaridad y el humanismo, si no hago nada por contribuir a una sociedad más justa. Acá no hay colores políticos, ni géneros, ni orientaciones. Levántense de sus sillas señores, hay mucho, muchísimo qué hacer…

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