EL RETORNO DEL FUJIMORISMO AL PODER. CRÓNICA DE UNA VICTORIA ANUNCIADA.

Por: Anddy Landacay.

575105Soy antifujimorista y todos lo saben. No de ahora, sino desde las épocas lejanas de los 4 suyos y las vinchas de Toledo. Ahora estamos en el 2016 y la realidad de los últimos resultados de la ONPE nos dicen que el Fujimorismo ha ganado por goleada la elección. Los departamentos en su mayoría se han pintado de naranja y debemos ser hidalgos en reconocerlo. Creo que hacemos mal, llamando idiotas o ignorantes a los que han votado por Fujimori. Un debate que empieza con el insulto no va a llevar a nada. Sólo a que las personas se cierren más sobre su elección. Si queremos cambiar la perspectiva de la ciudadanía tenemos que empezar a variar las formas y los discursos.

En este momento complicado, creo que debemos empezar a analizar por qué aún la gente respalda un proyecto fujimorista y sobre todo ver qué hemos hecho mal nosotros para tener un escenario en el que en el primer poder del Estado, Fuerza Popular, tenga casi 70 escaños y a Kenyi como el más votado y probablemente futuro Presidente del Congreso.

El triunfo del fujimorismo en el parlamento y probablemente el triunfo en segunda vuelta ante PPK (Aún no veo como como pueda derrotar al fujimorismo, siendo él también parte del esquema económico) nos pone en una situación para reflexionar seriamente.

El triunfo de la K, no empieza en esta elección. Sin duda está totalmente ligada al proyecto de Alberto Fujimori. La “marca” familiar, el apellido es el soporte sobre el que está ligado el éxito de su campaña.

No voy a entrar en detalles si el gobierno de AF fue exitoso o no en términos económicos o en la lucha contra el terrorismo, (porque eso da para otro artículo), pero lo cierto es que para un gran sector de la población Fujimori fue y es una especie de “mesías” todopoderoso que acabó con dureza los grandes flagelos del país.

Lógicamente este mensaje tan sencillo fue producto de un trabajo de “posicionamiento mediático” de varios años: por un lado: Día y noche, los noticieros de los medios comprados alabando y ensalzando a Fujimori, y ocultando las informaciones negativas del régimen, la propaganda exacerbada hasta por los poros, por otro lado, el aparato político al servicio de la clientelización de los programas sociales que permitieron que el fujimorismo llegara a los lugares más alejados con insumos y hasta entregando dinero. Desde luego, siempre con un calendario con la imagen de Alberto Fujimori para colgarlo en la pared de la casa.

Había muchísimo dinero de por medio, no hay que ser un genio para darse cuenta de donde sacaba el dinero Montesinos para ponerlo sobre la mesa en la salita del SIN y comprar a medio país, y así, mientras Fujimori era la imagen exitosa en el poder, Montesinos era el Rasputín en la sombra con el cual co-gobernaba.

A la par se trabajó mucho en infraestructura, haciendo hincapié en colegios y carreteras (no importa que después terminaran cayéndose o rompiéndose) para la gente, “el chinito hizo obra”.

Es decir todo este conjunto de mensajes, exaltado por la propaganda constante nos creó la figura de una especie de semi-dios que nos resolvió todos los problemas.

En la mente de mucha gente está marcado el discurso de AGRADECIMIENTO SIN EXCUSAS. Es decir, no importa todo lo negativo, importa más el ROBA, PERO HACE OBRA, si roban o matan, no hay problema. Lo importante es ver alguito.

Creo que esto va ligado también con nuestro poco interés en la democracia. Somos un país con una democracia incipiente, no hemos llegado ni a la pubertad en estos temas. Estamos acostumbrados a los gobiernos militares, a los Golpes de Estado a los caballazos y a la “mano dura”.

Lo que muchos no ven es que parte de la crisis del segundo gobierno de Belaúnde y, en parte el de Alan García, es que salíamos de una dictadura militar. Si bien Sendero arranca en 1980 en Ayacucho con sus acciones armadas, su génesis se remonta a las épocas del gobierno militar.

Belaunde la tuvo muy difícil en su primer gobierno, no solo le tocó la tarea titánica de restituir todos los poderes del Estado y re-acostumbrarnos a vivir en democracia, sino apalancar la jodida economía que le dejaban los militares. Lo que vino después con el Apra y la inflación a niveles de locura es harto conocido.

El asunto es que en el 90 aún nuestra democracia seguía en pañales y más la crisis galopante, la gente empezaba a preguntarse, con razón: ¿para qué chucha sirve la democracia?  ¿Para tener inflación, Sendero, MRTA y la Leche Enci? ¡Necesitamos un Pinochet! ¡Otro Velasco!

En este contexto aparece la figura de Alberto Fujimori y lógicamente cuanto da el Auto-Golpe y cierra el Congreso es aplaudido por el 90% de peruanos. En ese momento gobernando por Decreto y con Montesinos al lado inicia la historia que ya todos conocemos… (al menos eso creo)

La huida de Fujimori luego de conocerse el verdadero rol de Montesinos, su postulación al parlamento Japonés, su llegada a Chile, su extradición, su juicio, su condena por delitos de Lesa Humanidad, por corrupción. En realidad son temas que en el fondo no hicieron mella de su imagen ganada en una década. Hay un sesgo cognitivo muy fuerte en el votante fujimorista. Lo bueno es MARAVILLOSO y lo demás son solo “errores” impulsados por “caviares” y “comunistas” resentidos.

Keiko Fujimori hereda esta “mochila” y emprende años después el proyecto de refundar el fujimorismo sin Fujimori. En la campaña del 2011 su plan de gobierno se redujo a: VOY A INDULTAR A MI PADRE. Pero igual retomó (eficientemente) el camino clientelista, demagógico y populachero de su padre. No era extraño para ella, siendo primera Dama lo acompañó por muchos lugares del país. Así que su postulación estaba más que cantada.

La participación activa de Alberto Fujimori en su primera postulación (la DIROES se convirtió en su local de campaña) le jugó en contra al final. El voto anti-fujimorista pesó más y le dio el triunfo a Ollanta Humala y su hoja de ruta.

Keiko ha trabajado desde entonces en su campaña. Incidiendo en los sectores rurales donde había que hacer la “recordación” de los “éxitos” de su padre. Pero además, con más experiencia de por medio (electoralmente hablando) se dio cuenta que había que “desfujimorizarse” y en esta campaña sacó a vacas sagradas como Martha Chávez, Luisa María Cuculiza y Alejandro Aguinaga claramente vinculado a temas sumamente espinosos como la defensa cerrada de los casos La Cantuta y Barrios Altos y las esterilizaciones forzadas.

Además dejó de hablar del indulto a su padre y empezó a “izquierdizarse” discursivamente  incluso hablando bien de la CVR y de otros temas espinosos en su conferencia en Harvard.  Esto ha incidido claramente en la reducción de su anti-voto. Tanto así que en esta segunda vuelta tenemos a PPK hablando de arresto domiciliario para Alberto Fujimori y Keiko guardando silencio estratégico.

Y si a todo esto le sumamos el hecho de que la ingente cantidad de recursos de sus “cócteles millonarios” le permiten hacer publicidad televisiva en horarios prime time: Mañana, tarde y noche (Tal cual El Ritmo del Chino) poner carteles y pintar cerros en todas partes del país, pues no nos debe extrañar que el fujimorismo haya podido recaudar tal arsenal de votos en esta elección.

Desde luego que hablamos de un elector promedio poco informado o en el mejor de los casos desinteresado de la política (o muy interesado en ciertos beneficios) y que solo vota por una idea o imagen carismática que le recuerda una “dinastía política”. Me ha tocado en la campaña conversar con fujimoristas de a pie que no me han podido responder una simple pregunta: ¿usted vota por ella o por su padre? La respuesta a esta pregunta lo explica todo.

El tema de fondo es simple en respuesta, pero complejo en solución: no hemos tenido periodos largos de democracia y en democracia no se ha hecho lo suficiente para hacer que la gente “se enamore” de un sistema, que no es perfecto, pero que garantiza el espacio para las libertades individuales.

En ese camino también los partidos de centro e izquierda tienen muchísima responsabilidad al no haber podido canalizar con tiempo un discurso integrador, un discurso que no nos lleve a recordar o la violencia subversiva por un lado o las dictaduras por el otro. Estas polarizaciones y pérdida en pugnas personales y políticas, finalmente han jugado en favor del fujimorismo, que nos guste o no ahora tiene una mayoría titánica en el Congreso y que en su accionar podría llevarnos a tiempos muy muy complicados.

Creo que nos queda tiempo desde ahora, para analizar con calma y buscar una propuesta que genere el interés de la gente no hacia una campaña, sino con una propuesta de país que evite regresar a épocas complicadas, y nos permita la consolidación de la democracia, esa que nos ha costado tanto mantener y sobre la cual se ciernen sombras. Estamos advertidos. Hay que estar más que atentos.

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