¿La religión es buena, mala o todo lo contrario?

Por: Anddy Landacay H.

Resultado de imagen para religionPara muchos puede sonar raro, pero desde hace más de 25 años yo armo el nacimiento de mi madre en casa. Puede parecer extraño, sobre todo para los que saben que soy absolutamente ateo. Pero no hay joda,  hay una explicación bastante sencilla: 1. Me encanta hacer maquetas desde niño 2. Lo hago por amor a mi madre 3. Está en un espacio absolutamente privado.

A los ateos nos han chantado muchos estereotipos: que somos intolerantes, fanáticos, resentidos etc., etc., y como ya he dicho antes es muy difícil hablar de manera tan radical sobre una posición cuya una lógica cohesionaste es la no creencia  en dioses. Hay de todo en este mundo del ateísmo: izquierdistas, liberales, radicales,  ecologistas, magufos, escépticos, en fin, la lista es larga.

Pero de la misma forma cuando miramos al “otro lado”, también solemos usar muchos estereotipos y prejuicios. Y usamos el término “La religión” o “los religiosos” para definir a todo un grupo, que también es variopinto y diverso.

Por aproximación cultural y geográfica cuando hablamos de “la religión” solemos referirnos al cristianismo (católico o protestante) en segundo término a las otras religiones semitas como el Islam y el judaísmo y en un tercer plano a otras más lejanas como el hinduismo, sintoísmo, budismo, etc.

Hay demasiadas religiones en el mundo, y creo que no nos alcanzaría la vida para conocerlas todas. Recuerdo que esa precisión se la hizo William Lane Craig a Christopher Hitchens en un famoso debate en el cual tuvo que rectificar una premisa en la que generalizó  sobre las religiones.

El ateo que no haya caído en esas generalizaciones que tire la primera piedra.  Lo hemos hecho todos. De uno y otro lado. Es normal.

Pero definitivamente, es un error pensar que todas las personas creyentes son idiotas o que todos los ateos son brillantes (yo soy una bestia por ejemplo).  Los estereotipos no ayudan definitivamente a construir una sociedad mejor, nos aísla, nos separa.

Otro aspecto interesante que no reparamos es en la diferencia entre RELIGION y RELIGIOSIDAD. Lo primero lo entiendo como el conjunto de dogmas y doctrinas que siguen un código escrito (el catecismo en el caso de los católicos) con un cuerpo eclesial que tiene autoridad y que determina los caminos que siguen o no. Lo segundo, es algo menos rígido, es más bien la “libre interpretación” de las personas o grupos de personas.

Es lo que el sacerdote Manuel Marzal en sus estudios llamaba la “religiosidad popular” que es aquella que se desliga de los “códigos formales” y genera su propia visión y su interpretación religiosa.

Por ejemplo, cuando en las fiestas patronales la gente hace bailar a las imágenes, o les canta y les rezan, están asumiendo o regresando a la visión animista de la religiosidad andina. La doctrina oficial católica sostiene que las imágenes sólo inspiran y que sus fieles no las “adoran”, pero en la práctica resulta una visión completamente opuesta.

Los cultos a Sarita Colonia, el Padre Urraca, y hasta Chacalón resultan ejemplos claros de esa religiosidad apartada de la “oficialidad”.

Incluso en las últimas décadas hay otras variantes de los que están en la onda new age y mezclan visiones de muchas religiones, en especial de las orientales o quemadas de cerebro como la cientología, creando un eclecticismo que suele hacer las cosas más complejas aún.

Entendiendo estas diferencias creo que podemos sentar una posición más clara.

A partir de aquí, podemos empezar a trazar una línea divisoria.

Yo entiendo, tolero y hasta puedo tener empatía con las expresiones de religiosidad que ayudan a construir, a aquellas que pueden por ejemplo, ayudar a alguien a dejar las drogas, o que dan paz a un niño enfermo de cáncer a punto de morir, aquellas expresiones festivas como las danzas de las tijeras, las corridas de toros en las que no torturan ni matan a los animales, las bodas, los cumpleaños, es decir, todo aquello que ayude a generar cohesión o dar alivio y consuelo a quienes los necesitan.
Resultado de imagen para cristianos ayudan construccion casasLa religión tiene ese poder, ayuda definitivamente a cohesionar grupos y sí, hay valores positivos que puedan fomentarse. Por ejemplo, cuando hacen trabajos comunitarios para ayudar a lugares que han sufrido desastres o ayudar a enfermos.  Lógicamente mucha de su ayuda viene de la mano con su predicación y su evangelización, pero en algunos casos de urgencia es mejor eso a nada.

Pero el problema viene también de inmediato, porque precisamente esos códigos integradores, esas ideas predeterminadas (no por un ejercicio racional) sino por un libro sagrado o la interpretación de los mismas (de otros a cierta conveniencia), que se cumplen sin ninguna duda o miramiento pueden llevarnos a peligrosos extremos.

Y aquí podemos poner como ejemplo vigente el recelo y estigmatización hacia las personas homosexuales. Podemos ir desde casos extremos como ISIS que los arroja desde lo alto de un edificio o hasta nuestra realidad dónde algunos parlamentarios siguen pensando que son ciudadanos de segunda categoría sin derecho al matrimonio.

Desde el momento en que se anula la racionalidad, la capacidad crítica y se da por sentado que lo que está escrito es una VERDAD ABSOLUTA, no hay evidencia científica alguna, ni argumento alguno que pueda quitar de la cabeza la idea de que “los homosexuales son personas aberrantes o enfermas”.  El efecto multiplicador de ello lo hemos visto en recientes marchas dónde era claro que la mayoría de personas eran movidas sin tener información alguna. Solo respondían a estas verdades inamovibles.

No hay que ser un genio para darse cuenta que esta situación es peligrosa porque ha permitido y permite que se fomente indiscriminadamente cualquier otra cosa: misoginia, crueldad animal, estupro, violencia física, guerras, mutilaciones, robos, y todo lo que se te ocurra hasta el infinito y más allá.

Ahora, hay algo peor aún. Cuando se le pone el manto de lo “sagrado” a este conjunto de ideas se les convierte en intocables. Es decir, ya no solo es que se ejerce el derecho de cumplir a rajatabla la doctrina del grupo religioso, sino que se le exige a la sociedad (es decir a los otros) que no cuestionen ni discutan dichos dogmas. Y aquí viene el famoso tema del RESPETO (pero eso da para otro ensayo).

El punto central con la religión o la religiosidad es que es azarosa y tiene un piso endeble, lo cual es una vía libre que te puede llevar del bien al mal en un segundo. Y es peligrosa porque así como la “verdad revelada” te puede orientar a que ayudes al prójimo y que fomentes la idea de un paraíso que da consuelo a quien ya no tiene nada, también puede determinar quién es el prójimo y quién no, y quienes se convierten en enemigos solo por el hecho de nacer de una forma que tu libro señala como proscrita.

Ese es el punto central. Desde luego el sentido ritual y colorido no tiene nada de malo, en el sentido que exalta y llena de consuelo y esperanza a personas que no la tienen, les da un respaldo espiritual al que todos tienen derecho; el problema aparece cuando se sale del rito simbólico y se empieza a ver al que está fuera de ese círculo como enemigo o cuando se renuncia a todo lo exterior, se aísla y se asume un comportamiento sectario dónde solo se escucha a las voces dentro del grupo y generalmente al LÍDER del mismo.

En este punto creo que jugamos mucho con el hecho de cuanto de independencia o personalidad independiente mantienen las personas respecto a su religión o religiosidad, cuanto más pegados estén a ella menos reflexivos se volverán y más intolerantes responderán, y en cuanto lo tengan más como una excentricidad producto de la tradición o lo mantengan como una especie de “club de prestigio” o lo vean solo como un espacio para sentirse bien (casi un sauna espiritual)  creo que su relación con el entorno puede darse en condiciones razonables.

Dejar en libertad al pensamiento y las ideas contrarias siempre generará tensiones, pero es necesario hacerlo en una sociedad democrática, nos guste o no, la fe existirá de una forma u otra, y por ello es fundamental la existencia de un ESTADO LAICO, es decir el único que puede garantizar la convivencia armoniosa de todas las religiones y sus derivados, como también de aquellos, como yo,  que han decidido dejar de lado creencias y supersticiones y apostar por una posición secular y humanista.

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