Yo no nací un día que dios estuvo enfermo. Yo nací un día que dios estuvo con ganas de joder.  así llegué aquí, para desgracia del arte y el buen gusto, aquella lejana mañana de 1980 del cual queda ya el recuerdo….jejeje….. En aquella fecha histórica para la deshumanidad, mis ojitos vieron la luz por primera vez y mis pulmones recibieron el cálido abrazo del smog y de la contaminación de nuestra querida ciudad capital. En la niñez mis padres procuraron brindarme todo el amor y la protección que se le da a quien todavía tiene el privilegio de usar pañales y de recibir el engreimiento masivo de tíos, abuelos, y demás sapos que se asoman por la cuna. Por esos años nunca tuve ni más ni menos de lo que necesité, no me puedo quejar, e incluso me atrevería a decir que fui feliz.
Fui creciendo y llegó el instante de dejar por primera vez el hogar, alejarme aunque sea un ratito de los seres más preciados del mundo para ir a ese lugar aterrador y oscuro donde sería sometido a la más cruel de las torturas: juntarme con otros seres igual de insoportables que yo. Sí señores, me estoy refiriendo al colegio.

Bernard Shaw ironizó alguna vez acerca de ello: “mi educación fue muy buena hasta que ingresé al colegio”, y créanme, eso lo he comprobado hasta el cansancio.

Lógicamente mi primer día de clases fue horroroso. Mi madre , muy detallosa ella, me había vestido con uno de esos pintorescos mandiles azules y de corolario me plantó en el cuello una encantadora corbatita michi de color roja. (esa día conocí lo que era hacer el ridículo) y además mi cabeza lucía el típico peinado de la rayita al costado. La cara de huevón que lucí ese día no me cabía en el cuerpo.

Mi adorada progenitora refiere que en ese momento empecé a llorar como un niño judío en campo de concentración nazi, y que no me quería soltar de su pierna (después de todo lo contado anteriormente creo que con razón) y hubiera seguido así, de no ser porque la profesora de mi aula salió de pronto y amenazó dulcemente con ponerle pañales a todos aquellos que siguieran jodiendo como yo.

Una ráfaga de la cultura machística asomó de pronto sobre mi cabeza y como por arte de magia, dejé de llorar.
Así transcurriría mi primer año en el jardín de niños, cantando, haciendo rondas, pintando con los dedos, jugando con plastelina y viviendo en un mundo de fantasía propio de Walt Disney.
Cuando llegué a la primaria la situación se puso un poco más seria , empezando por el uniforme que sin gustarme, por lo menos era más decente; allí los profesores te trataban con menos complacencia y los compañeros comenzaban a darse cuenta de las diferencias entre unos y otros. Los de cabello rubio y ojos claros comenzaban a mirar con cierto recelo a los de color oscuro y a los mestizos; es decir ya empezaban a hacer uso de su peruanidad, es decir de esa fuente inagotable de la cojudogenia social.

Y dentro de ese contexto siempre buscaba  la armonía y la cordialidad , claro que a veces esa búsqueda derivaba en un par de jalones de pelo y unas cuantas pataditas… todo sea para llevar la fiesta en paz.
Siempre fui un muchacho tranquilo y hasta tuve el descaro de ocupar el primer puesto durante los seis años que duró la primaria.
Todo lo ocurrido hasta aquí, es decir hasta el año de 1988, tuvo como escenario el distrito clase mediero de Jesús María.
Lo bueno viene a partir de ese año en adelante. Año en que por cuestiones del destino y sobre todo del sueño de la casa propia me llevaron a trasladarme al populoso distrito de San Juan de Lurigancho. Claro que para mí en esas circunstancias, el cambio no significaba absolutamente nada.
Las diferencias abismales entre ambos distritos las notaría años después, cuando me preguntaba porque no teníamos energía eléctrica, ni agua potable como en mi anterior distrito. También me di cuenta de ello cuando el taxista nos mandó al carajo esa vez que le pedimos una carrera a las 9 de la noche hasta mi pequeña casita. El sólo nombre del distrito causaba pavor en esos tiempos… tiempos de pólvora y dinamita.

Lo bueno de todo es que a raíz de mi nueva ubicación geográfica aprendí que el mundo no se acababa en Jesús María, y que no era lo mismo caminar sobre el asfalto que hacerlo sobre piedra y tierra; y aprendí que la vida no era fácil, nada fácil.

En el colegio no me fue difícil hacer amigos rápidamente, tan sólo tuve que fingir que me gustaba la chicha, los casinos, el trompo, las bolitas y escupir al último de la fila… nada más.
Por aquella época mi vida tuvo su período más intrascendente.

En 1990, creo que cursaba el quinto o sexto de primaria ( no lo recuerdo exactamente), apareció en el escenario político un chinito de sonrisa carismática y cachacienta .  Lo recuerdo bien porque durante su campaña tuvo la gentileza de pasar por las calles de mi barrio regalando papas y camotes a todos los que le prometieran votar por él.

A partir de ese día descubrí los beneficios de la política.

El problema empezó cuando los camotes y las papas se nos acabaron, y una vez en el poder, el chinito lindo nos metió la yuca a todos con el megashock, ceremonia que fue anunciada como la venida del armagedón por el ministro de economía de entonces a través de  los canales de televisión. Aun recuerdo sus palabras cargadas de fe y esperanza: “que dios nos ampare”.
Y por culpa de esas palabras, el creador indignado, nos desamparó. (¡grande Hurtadito!)

A partir de esa fecha supe que hambre y miseria son palabras incapaces de encerrar su verdadero y atroz significado.

La vida me enseñó a esperar.

A esperar en las interminables colas que se hacían para recibir unos litros de agua que camión cisterna llevaba a la zona semanalmente.
A esperar en el mercado ansiosamente para conseguir como sea patitas y cabezas de pollo para una vez en casa freírlas con un aceite de dudoso color.

Pero como nada es eterno. Los años y los autogolpes pasaron y la situación económica fue mejorando de a pocos. Por lo menos habíamos dejado de lavarnos los dientes con sal, y en nuestro baño lucíamos orgullosos la cajita amarilla de un refrescante Kolynos….ahhhh.

Los menores como yo , jugábamos fulbito como todo el mundo en la pista, con los célebres arcos de piedra (previa medida con el pie) y con la clásica piconería de barrio. Como yo no jugaba ni bolitas, me mandaban siempre al arco, y bueno, se puede decir que cumplía mi papel con decencia y esmero, tanto así que me empezó a gustar el puesto.

Cuando llegué a la secundaria pensé que solamente sería una prolongación de la primaria, pero admito que me equivoqué:

¡La secundaria era una selva indescifrable!

Cuando estaba en primero seguía siendo un muchacho tranquilo, cuya única actitud rebelde era quedarse cinco minutos después de la salida. Era muy tranquilo, incluso con deseos de convertirme en sacerdote jesuita y de cargar durante todos los octubres de mi vida la imagen del Señor de los Milagros y de prenderle velitas de ser necesario al Señor de Muruhuay.

Vemos pues en que momento la iglesia perdió un gran eclesiástico (¿?).

Cuando cambié de colegio el proceso degenerativo se aceleró. Y las cosas se pusieron interesantes cuando descubrí que en aquel claustro del saber no existían las rivalidades primariosas entre varones y mujeres; y muy por el contrario se respiraba un extraño y malicioso ambiente de afinidad que hasta entonces desconocía.

Pera ser justo, tengo que decir que aquel cambio coincidió con la etapa más caprichosa de la humanidad, etapa donde las hormonas se trastornan y uno se llena de pelos por todas partes. Fui víctima del ataque conjunto de la sociedad y la pubertad. Entonces se me dio por practicar el sano deporte de perseguir a todo aquello que tuviera cabellos largos y faldas muy cortas… ¡juventud divino tesoro te vas para no volver!
En esos años seguía coleccionando diplomas por aprovechamiento y conducta (según consta en el cartoncito) y por uno que otro talento artístico en el dibujo y la pintura.

El colegio era una selva total; todos los días alguien “pagaba pato”, y yo por no dejarme me vi obligado a  pelear dos veces. La primera vez estuve tan iracundo que hasta cometí el error de ganar (hasta ahora me pregunto cómo, pero no puedo negar que fue una de las más grandes satisfacciones de mi vida) y de paso hacer ganar a un par de amigos que  tuvieron la suficiente ingenuidad para apostar por mí.

La segunda vez mi ego estaba tan elevado por la primera gran victoria que en ese momento hubiera sido capaz de pactar un encuentro a 10 rounds con Mike Tyson o con el diablo de South Park. La pelea causó gran expectativa. Y a mi me estaba comenzando a gustar el asunto, pero el triunfalismo no paga, así que me dieron una soberana sacada de mierda que lo único que recuerdo es que a partir del primer golpe decidí colgar para siempre los guantes de box.
Mi colegio era un desastre, no me cansaré de decirlo. Ni disciplina, ni estudio. Sólo vagancia, fiesta y pelea. Con decirles que con lo poco que yo estudiaba sacaba siempre los primeros puestos. “En el mundo de los ciegos el tuerto es rey”,  reza el dicho.

El quinto año de secundaria debe ser sin duda el que más imágenes grabó en mi memoria. Como no.

Era el año de la despedida, el año de la perdición total, del relajo en extremo.

Y sobre todo , el año en que descubrí el amor. (perdón por la nostalgia)

Cuando la vi por primera vez cruzando el portón amarillento del patio, me quedé petrificado frente a ella, con la misma cara de cojudo con la que había llegado años atrás al jardín de niños.
Cómo no recordar aquella sonrisa y aquellas mejillas de niña inocente. Cómo no recordar aquella mirada celestial que era digna de toda fe.

Todavía recuerdo como estaba vestida. Tenía un buzo azulino que le quedaba perfecto y su polo blanco con una hermosa bandera británica… my love…my love…parece que fue ayer. Pero no fue ayer.
Desde entonces nació en mi algo que no había experimentado antes, un mal del que nadie me había prevenido, y al que sin embargo todos los seres humanos estamos expuestos.

Esa sensación extraña me hacía seguirla por donde fuera, aunque haya sido tan sólo para contemplarla de lejos y ver su sonrisa fatal.
Era demasiado tarde, estaba enamorado.
La primera vez que pude hablarle fue un 6 de junio de 1996 .Si mi recuerdo es tan preciso se debe a que de aquella fecha se decía que era el día de la venida del anticristo y del consiguiente fin de la humanidad (bueno a veces el esoterismo y las creencias populares no se equivocan).
Aquella semana era de exámenes. Ella pertenecía a un grado menor que el mío. Y la razón por la que estábamos en el mismo salón se debía que a los profesores se les ocurrió la brillante idea  de entremezclar alumnos de diferentes años para evitar así los famosos plagios científicos.
Cuando entré al salón la vi sentada en la primera carpeta junto a una mocosa que leía con detenimiento su cuaderno. En ese instante fui corriendo hasta su carpeta y me senté a un costado.
Por fin estaba junto a ella. Podía verle el lunar oscuro sobre su cuello blanco, su fina piel de muñeca, su sonrisa. El mundo había desaparecido en ese momento. Sólo éramos ella , yo  y….     y…..  ¡esa mocosa impertinente que estaba en el medio!

Ella se reía con disimulo, miraba hacia otro lado, tomaba con las manos sus hojas y fingía que las leía. De pronto me armé de valor y sin importarme el adefesio que se interponía entre ella y yo, rompí mi silencio con la pregunta más cojuda del mundo: “¿qué es lo que estás leyendo?”

No puedo negar que me ruboricé un poco. Ella me respondió con la delicadeza del caso que era su trabajo de psicología. Yo sólo atiné a decir ¡ah!, sintiéndome el ser más mentecato de la tierra.
El examen había comenzado. Mi prueba la respondí en cinco minutos, pero me quedé allí, para mirarla con deleite.


La mocosa impertinente también terminó su examen, sólo que ella si se fue.

Por fin , ahora si estábamos los dos, los dos y 45 personas más.

Pero cuando menos ella y yo nos encontrábamos en la misma carpeta. Lo demás ya no importaba. Me acerqué más y le ayudé a resolver su examen. Me lo agradeció con una gran sonrisa.
En esos meses caminaba por las nubes y amaba al mundo, mi abstracción sólo era comparable con la de Augusto Pérez de Niebla o la de un hombre que ha fumado algo más que un cigarrillo. Ella era el eje sobre el cual giraba el mundo, es decir, mí mundo .

Hasta tal punto había llegado mi estado de alienación que incluso ya imaginaba mi boda con ella, y hasta había hecho una lista con los nombres que llevarían nuestros cinco hijos (perdón, yo mismo me río de tanta candidez).

Todo para mí marchaba sobre ruedas y mi sentimiento era tan grande que alguien podía chocarse con él estando a metros de distancia.
Y todo iba muy bien en mi mundo platónico. Hasta el día en que mis dos mejores amigos me llevaron casi a rastras hacia la casa de la mujer amada para prácticamente obligarme a que le declarara mi amor.
”¡no seas cojudo hombre! ¡mándate! “, exclamaban  mis compadres mientras cada uno me tomaba de un brazo hasta situarme frente a la puerta de mi musa.

Y allí estaba. Los perros ladraban desde dentro. La noche de aquel viernes 13 de septiembre era fría, muy fría.

Pero ya no había marcha atrás.
Ella abrió la puerta  y me recibió con un “hola” y un beso en la mejilla. La noche se iluminó de pronto.
No me importaba ni el borracho que cantaba “la copa rota” en frente de nosotros, no me importaba ni mis amigos haciéndome extrañas señas a lo lejos, sólo me importaba ella y nada más.

Los perros seguían ladrando.

En ese momento una extraña fuerza recorrió mi cuerpo y al salir por mi boca, se convirtió en dos palabras: “te quiero”.
Hubo luego un silencio enigmático.
La vi sonreír de pronto, los ojos le brillaban, estaban  cargados de piedad.

Me preguntó si quería la respuesta en el momento o si quería esperar hasta el día lunes.

Yo, con la cabeza tambaleándome le dije que podía esperar. Que se tomara su tiempo. Que qué eran unos días más. ¿qué eran unos días más?… fueron tres días en que no pude dormir. Por eso Cioran tenía razón cuando afirmaba que el insomnio era una lucidez vertiginosa que convertiría al paraíso en un lugar de tortura.

Yo lo comprobé en vida.

Y en resumen, para no hacerla más larga, les contaré estimados lectores que ella me dijo que NO, así de simple. Claro que huyó de mi durante tres días para no darme la ingrata respuesta, pero finalmente tuvimos que vernos las caras y me dijo que NOOOOOOOOOOO…

Evidentemente el mundo se me vino encima como un huayco y mis amigos tratando de consolarme me llevaron a jugar super nintendo , y por mi estado evidente perdí todo.. todo.

Pero en medio del dolor y la oscuridad, nació una luz especialmente maravillosa, aunque parezca un oxímoron, nació un momento de lucidez precisa y en el cual descubrí que las lágrimas se podían volcar en una hoja y hacer poesía.

Eran las tres de la madrugada, cuando comencé a soltar sobre la hoja rayada tamaño oficio todo el cúmulo de ideas que tenía en la cabeza.

Al final parí un verso inmenso, horrible y simplista. Un engendro que seguramente don Ricardo Palma llamaría y con toda justicia “una Oda chapucera”. No obstante ese poemita fue la sensación de mis compañeros, poco acostumbrados a leer poética de calidad y poco  acostumbrados a leer algo.
Lo importante de todo ese milagrito poético es que marcó el inicio de mi carrera anónima de escritor. Y desde entonces no se me ha quitado la mala costumbre de escribir.

Como era el último año del colegio no podíamos dejar de lado el tradicional viaje de promoción. Allí donde las cosas son más especiales que de costumbre. El destino: Huaraz. La promo vulnerable a las hormonas y a la altura no sólo buscaba ir por la ruinas de Chavín sino a ese lugar donde la luz roja opacaba años de arquitectura precolombina. Allí no habían cabezas clavas, sino rimel en abundancia, perfume barato y carne por doquier.

A mí me temblaban las piernas. El pavor era evidente, pero la mancha siempre gana y de pronto me vi allí , detrás de una puerta con el aliento a licor y un billete de 10 soles en la mano.

“No te preocupes niño” me dijo repentinamente mientras se quitaba la ropa. En ese instante me dieron ganas de salir corriendo. Pero ya estaba allí, la sociedad me ponía a prueba y no podía dar marcha atrás, solo quedaba ir de frente, de frente y de frente….

Cuando salimos todos sabíamos que algo había cambiado en nosotros, que en minutos, lo platónico, el super nintendo, el fútbol y los Caballeros del Zodiaco quedaron de lado y como dirían Los Prisioneros recibimos nuestro “pasaporte a la adultez”.

Lo que siguió al colegio fue una breve etapa de bohemia y despilfarro, donde lo único que me importaba eran la bebida y las mujeres.

El tiempo me hizo reflexionar (y mi deteriorada salud también) dándome cuenta de que ese estado no me hacía feliz en lo absoluto, y de esta forma decidí enclaustrarme durante varios años en absoluta dedicación a la lectura y a la creación literaria. Los años de hibernación me hicieron subir rápidamente unos 9 o diez kilos, perdiendo para siempre la imagen escuálida que tenía hasta ese entonces.

Pero no sólo perdí esa imagen, sino también la fe en dios (por lo menos en el dios cristiano) y en todo aquello que tuviera que ver con cuestiones teológicas. Lo descubrí cuando se me hacía frecuente dormirme en los asientos de la iglesia y mi mamá me metía codazos para despertarme. “Esto no es lo mío” me dije, y cuando salí, no regresé jamás.

Por aquellos años me volqué de lleno en las ideas socialistas y entonces en mi boca sólo estaban Marx, Engels, Lenin, Trostky, y del Perú lógicamente Mariátegui y Jorge Del Prado.

Entonces me volví un romántico y pensaba que el país se podía cambiar con unos cuantos discursos y un poco de esfuerzo y que obviamente la transformación llegaría por el camino de la revolución marxista.

Era el perfecto idiota latinoamericano que se paraba frente a la Embajada de los EEUU con un cartel que decía ¡Yanquis go Home! y que rechazaba ponerse zapatillas Nike o tomar Coca-Cola., porque eso contribuía a la explotación de la clase obrera.

Cuando ingresé a la Universidad mis conocimientos acerca de los asuntos marxistas y mis largas tertulias acerca del papel de las universidades en la praxis revolucionaria y del problema de izquierda, hicieron que me ganara rápidamente el san benito de rojo, comunista, camarada y un largo etcétera. Incluso una vez sostuve un debate con mi pata el chino que simpatizaba con las ideas neoliberales. Ese fue un verdadero intercambio de mocos y babas y que hubieran causado la indignación tanto de ADAM SMITH como de CARLOS MARX. Que roche.
Sin embargo la realidad hizo estragos en mi idealismo juvenil y poco a poco me fui decepcionando de la esperanza de cambio, de mis propias proclamas y del país. Me sentí como Zavalita preguntándome en que momento me jodí y en que momento caí en un fatalismo casi islámico.
Luego de mi último cambio, deseché mis poemas revolucionarios con dedicatoria a los líderes de izquierda, para adentrarme más a cuestiones existenciales y filosóficas. Comencé a leer a Sartre, a Nietzsche , a Camus, a Shopenhauer, a Ciorán y eso me convirtió en una persona con una visión totalmente angustiante y desgarradora de la vida.
Mi amor oscuro y fatal llegó en esos tiempos.

El ómnibus se detuvo de pronto en la Avenida Wilson. Eso no tenía nada de raro, de no ser porque cuando me asomé por la ventana pude verla , inquieta, desesperada como siempre por abordar su micro, mirando los minutos que pasaban, mientras yo reía mucho porque recordé que en clase yo la molestaba siempre por esa cosa que le sujetaba el cabello, esa red azul con la cual la descubrieron mis ojos aquella lejana tarde de mayo.

Después nos volvimos amigos (amigos, es un decir, amigos). Mi salida del hospital luego de  una operación de apendicitis me dejó una marca en la barriga. Lo recuerdo bien porque ella se obsesionaba con ver mi herida en el abdomen cuando la verdadera ya la tenía en el alma.

A pesar de todo, nos reíamos mucho, nos reíamos juntos de todo lo que pasaba. Talvez sea esa sea la respuesta a la pregunta sobre porque perduró tanto mi martirio.  Es lo que más me gustaba de ella: verla reír, reír conmigo y a veces de mí, aunque después me terminara tratando peor que a un desconocido. Rara costumbre, ¿no? Así era ella.. la segunda mujer de la que me enamoré…

La extraña necesidad de tenerla cerca se empezó a incrementar tanto como su alejamiento de horas, días y meses en que no podía verla. La lejanía fue el signo trágico y dulce en nuestras vidas. Su constante ausencia, su silencio, y sobre todo aquella extraña fijación suya por alegrarme los segundos y entristecerme los años. Y a pesar de que mis versos lo dijeron tantas veces y de mil maneras sobre la hoja, en mi boca se trocaban en silencio. En la garganta se quedaban atrapadas como en una celda y cada vez que querían salir, una mirada suya les colocaba un cerrojo.

Me rompía la cabeza porque con sus actitudes me demostró ser la mujer más nietzscheciana sin haber leído jamás a Nietzsche. Pero no me importó, jamás esperé recompensa alguna, al igual que mi humanismo, todo fue desinteresado. La acción que carece de interés es auténticamente moral como el amor.

Lo cierto es que fui un cojudo (otra vez). Ni todos los libros que había leído, ni toda la perorata que siempre daba en la cafetería sobre lo idiota que volvía a la gente el amor pudo librarme de ella. Claro, era una morena de buenas carnes y caderas cimbreantes. Mis ojos morían en ese movimiento y los ánimos crecían y crecían….

El tiempo hizo su trabajo y la distancia también. Me gradué con honores en la universidad y empezé a ejercer mi labor periodística, esa que Mariátegui señalaba como “la labor infecunda y anónima, que resta energías y que el público ignora”, pero pronto me quedé en la calle y empecé a padecer de ese signo otro signo de la peruanidad que es el desempleo. Y de allí, a patear no latas, sino cilindros. Descubrí las posibilidades de andar por Lima con 2 Soles y cuarenta céntimos que es lo que gastaba en pasaje cada vez que iba a buscar trabajo.

De allí busque de todo un poco: empapelador, cobrador, obrero, embotellador y alguna vez caí en esos atractivos anuncios que dicen más o menos así:

“EMPRESA necesita personal de ambos sexos. 18-50 años. Con / sin experiencia. Gane 200 soles semanales trabajando cuatro horas. Teléfono: 5796537. Preguntar por Humberto.”

Como no tenía mucho que perder, más que mi tiempo, fui, emocionado sólo para encontrarme con la misma de siempre : motivación psicológica para ser millonario en un mes , repitan en coro : “Sí se puede” y al final “vende 10 perfumes para entrar a nuestra empresa”, lógicamente que esto lo dejan al último porque cuando estas palabras llegan, el auditorio por arte de magia , queda vacío….

Allí de vuelta a la calle, sin un sol. Otro anuncio en el periódico. Un “jalador” me sube por las escaleras de un edificio en la avenida Wilson y llego hasta unas oficinas donde unas señoritas me piden mi DNI y me preguntan en que quiero trabajar. Me mira y me pide 6 soles de garantía. “Ya, aunque sea un sol para separar”, me dice como condoliéndose de mi pobre situación económica, le explico que no tengo plata y me dice que hable con una señora que esta ahí cerca. Me da un papel y ésta me indica que regrese mañana con la plata. Salí de nuevo con la moral en el suelo y mi periódico en la mochila.

Otra chamba. Para supervisión y distribución en Supermercados. No piden plata, pero solicitan Antecedentes Penales y certificado domiciliario que hacen algo más de 50 soles. Simple matemática. No me alcanza ni para la foto del trámite.

Camino por la cabeza gacha, veo otro anuncio y levanto la mirada para ver como la gente avanza rumbo a alguna parte. Y sigo pensando en que hago, a donde voy. La gente que tiene dinero va a algún lugar hacia alguna parte, escoge a donde ir. Las personas como yo sólo van a donde lo lleven sus pasos, hasta donde se pueda caminar sin encontrarse con un muro o una reja. Sé que la situación cambiará, que pronto llegará “el día de mi suerte” como cantaba Héctor Lavoe.

Pero hasta entonces tendré que conformarme con llevar a mi enamorada a caminar por el jirón de la Unión para mirar escaparates y zapatos de lujo o esperar que los cómicos ambulantes vuelvan al parque universitario y rogar para que cada día se generalice más el término “ingreso libre” . Tendré que caminar, caminar y caminar siempre hasta el puente Trujillo porque en ese punto siempre habrán combis que me recuerden a pesar, de lo jodido que está el país, y del alza del combustible que “la china” nunca muere y la necesidad de sobrevivir, de sonreír y de escribir….. Tampoco.

(continuará..)

9 thoughts on “AUTOBIOGRAFÍA:UNA HISTORIA SIN IMPORTANCIA

  1. fue hace años ke lei una especie de panfleto ke guiño mi diminuta atención: “inmensa minoría” por avatares del destino nuevamente tropecé con tu blog.

  2. “En el colegio no me fue difícil hacer amigos rápidamente, tan sólo tuve que fingir que me gustaba la chicha, los casinos, el trompo, las bolitas y escupir al último de la fila… nada más.Por aquella época mi vida tuvo su período más intrascendente.”

    jajaja y pensar que comparti contigo esa etapa y viendolo desde mi optica adulta pienso hoy que te equivocaste de vocacion,hubieras sido hoy un renombrado actor en vez de un acido escritor. Pero despues de todo tienes algo de razon mi estimado Anddy, uno tenia que fingir ser “achorado”,gilero o el as de los trompos para que los futuros Bolones,Canebos y Broncanos del colegio (con contadas excepciones) no te busquen bronca a la salida o te agarren de lorna (lo cual doy fe estuvimos a un paso de serlo), despues de el primer año de secundaria perdi el rastro de tu existencia pero hasta hoy guardo un grato recuerdo sobre esos años llenos de tierra, piedras y salones con techos de calamina.

    p.d 1: me pele una de tus tortugas ninja una vez que fui a tu casa a jugar, sorry prometo devolvertela algun dia

    p.d 2: sufri graves lesiones que hasta hoy quedan en mis brazos luego de las planchas que nos mandaron a hacer cuando nos delataste a mi y un par mas el dia que vimos a tu hermano y la profe besandose…recuerdas, no lo creo

    p.d 3: lamento lo de tus enamoramientos y desencantos, al menos no te volviste gay (eso quiero creer)

    p.d 4: una visita al gym no te vendria nada mal, aunquesea ve para chequear a las chicas en licras y tops

    p.d 5: omito tildes por pereza

    coordiales saludos de alguien que te estimo en ese entonces

  3. Hola Fernando Cereceda… ¡Claro que me acuerdo de tí!….jajajajaja..Cuántos años han pasado, pero que bueno saber de ti…

    Rpta 1: Después de años me entero lo de la tortuga, lo que hacíamos cuando no había internet ¿no?
    Rpta 2: No lo recuerdo, pero creo que puede ser un buen canje por lo de la tortuga…jajajaa…
    Rpta 3: No lo lamentes mano, es parte de la vida. No te preocupes, soy heterosexual aunque tengo amigos gays.
    Rpta 4: La verdad es que dejé el gym hace mucho tiempo, pero la propuesta final es atractiva.
    Rpta 5: No hay problema.

    Ojalá podamos conversar un día de estos. Escríbeme al correo para saber donde te ubico.

    Un abrazo

    Anddy

  4. Jaajajaja… si tu estudio sobre Hayimi era más que lo que publicaste en el título “mierda”… tu biografía está pa rematarse del sueño (por eso sólo leí la primera oración y el último párrafo) más xvr es saber que tu hermano estaba con tu profesora…jajaja…
    Ahora entiendo el porqué andas escribiendo tonterías sobre personajes públicos. You need money!!!
    Don’t problem, you can be a (horrible) prostitute!! Well, if people want to get sex with you…jajajaja
    Ahora… a seguir rendome de las tonterías que escribes…

    1. Hola Daniel:
      Gracias por tus comentarios…jajaja… la verdad es que a mí también me da sueño…jajajaja…no me ofenden las críticas en lo absoluto, mucho más cuando son “ardidas” por la falta de argumentos…jajajaa…
      Aunque es claro que para poder hacer una crítica objetiva se debe leer desde el inicio hasta el final. Pero en fin, los hábitos de lectura y la capacidad de análisis no son afines a muchos peruanos. Y tú eres un claro ejemplo.
      Aclaro finalmente mi querido amigo, que la biografía que aquí publicada fue escrita cuando tenía 22 años. ¿Nunca has sufrido de desempleo juvenil? Hoy ya estoy en camino directo a los 40…jajaja. Así que no hago nada de esto por dinero, en lo absoluto, vivo de mi trabajo, conduzco además un programa radial y tengo una hermosa hija y hasta un perrito…jajajaa… digo, no creo que me haga falta la prostitución, aunque hay muchos periodistas que parecen putas ante las pseudociencias y lo paranormal…jajajaja
      ¡Saludos cordiales y feliz año…!!!

      1. Hola Anddy:
        Entonces… ¿felicitaciones?
        Lo que sea.
        Por tu hija… Espero que Dios la bendiga. En serio. A diferencia tuya… yo rogaré al Señor para que ella sea salva. En este 2012… pueden pasarte una infinidad de sucesos y yo espero que puedas lograr encontrar a Dios (y si ya o has hecho, puedes regresar a Él, ten fe).
        De verdad… puedes contradecirme, exponer un batallón de argumentos que muestren que me equivoco al escribir estas líneas; sin embargo, no podrán cambiar la perspectiva que yo tengo, así como yo no podré cambiar la visión que tiene un hombre de 40 años de experiencia, ¿no?
        Igualmente te deseo un feliz año para ti y tu familia…
        En cuanto a tu hija… por favor, el destino que tú tienes reservado, por favor, no lo compartas con ella…
        Nos vemos.

  5. HOLA DANIEL:

    Gracias por los buenos deseos. Sì ruegas o no por mi hija, es absolutamente irrelevante en su futuro. ¿Salvarse de qué? Lo que pase o deje de pasarle no tiene nada que ver con los rezos, porque el futuro de cada uno se construye cada dìa, lo bueno, lo malo, lo alegre o lo triste no tiene nada que ver con algo que dictamine un dèspota del cielo, sino con nuestra realidad humana.

    No voy a encontrar a ningùn dios: 1. Porque no lo estoy buscando. 2. Porque no hay ningùn dios a quien encontrar (menos al dios cristiano) 3. Porque no tengo una pisca de fe en el cuerpo.

    Por otro lado, no pretendo cambiar tu perspectiva ni tu fe, ni la de nadie. Pero si me planteas ideas, yo las rebatirè con toda la libertad con la que dejo que se expresen aquì.

    Un muy feliz año también y no te preocupes que a mi hija la criarè con el mejor regalo: el pensamiento crìtico y la libertad de pensar, cosa que no hacen los padres que inventan mitos y se los transmiten a sus hijos.

    Saludos.

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